NDRANGHETTA (21 Junio 20014).- Banderas de colores,
aplausos y gritos de miles de personas acompañaron este sábado al papa
Francisco a lo largo de su primer viaje al municipio sureño italiano de Cassano
allo Jonio, el pueblo calabrés en el que la mafia local, la Ndranghetta,
asesinó a comienzos de año a un niño de tres años.
"La Ndranghetta es la adoración del mal, de la
destrucción del bien común. Los mafiosos no están en comunión con Dios",
afirmó el pontífice durante su visita de nueve horas a la zona.
"No más víctimas de la Ndranghetta. Esto no
puede volver a suceder, que ningún niño vuelva a sufrir de esta manera",
condenó.
Jorge Bergoglio partió en helicóptero desde su
basílica en la Ciudad del Vaticano con dirección a Calabria para condenar los
crímenes, en una región que se ha visto duramente castigada por los enfrentamientos
entre familias de la mafia en varias ocasiones durante los últimos meses.
A su llegada, el máximo representante de la Iglesia
católica se dirigió primero a la cárcel de Castrovillari, en la provincia de
Cosenza, donde saludó y conversó con los policías que custodian la prisión y
sus familiares, así como con los 200 presos, tanto hombres como mujeres, que
cumplen condena en este centro.
Entre los delincuentes encerrados se encuentra el
padre de Nicola Campolongo, "Coco" como le conocían en el pueblo, el
niño asesinado y quemado el pasado 20 de enero por la Ndranghetta por un ajuste
de cuentas, según determinaron entonces los investigadores.
A él y a los otros doscientos criminales Francisco
les pidió que se arrepintieran de sus pecados. Un arrepentimiento, dijo, que
tiene que ir acompañado de una labor por parte de las instituciones
penitenciarias que logre "la verdadera reinserción social" de estas
personas para que, así, sus penas no sean "un simple instrumento de
castigo y represión".
Durante su visita a la cárcel, el papa Francisco
intercambió unas palabras con los familiares del niño asesinado, un acto que
inicialmente no estaba previsto en su agenda, y les tranquilizó asegurándoles
que reza todos los días por él.
Esta visita histórica, simbólica contra los crímenes
de la mafia italiana, prosiguió con la llegada del pontífice argentino al
pueblo de Cassano allo Jonio.
El máximo representante de la Iglesia católica llegó
al municipio italiano y fue recibido con banderas con los colores del Vaticano,
con carteles de su rostro colgados de los balcones y también con aplausos y
gritos de gente que coreaba su nombre.
Montado en su papamóvil, el vehículo adaptado para
las apariciones públicas del papa, Francisco recorrió las calles del pueblo
calabrés, saludando a los miles de habitantes que se agolpaban en las aceras y
se asomaban en sus balcones para verle.
Durante su estancia, visitó el hospicio "San
Giuseppe Moscati" que presta cuidados paliativos a enfermos terminales y,
posteriormente, se reunió con los sacerdotes del pueblo en la catedral de
Cassano. A ellos les pidió que trabajen por el bien de las familias en estos
momentos de crisis y les instó a desarrollar su labor al servicio de la
Iglesia, huyendo de "la cultura subjetiva actual que ensalza el 'yo' hasta
idolatrarlo", dijo.
Después de almorzar con los pobres del pueblo que
son atendidos por la diócesis de Cassano, Francisco se dirigió a Síbari, en la
vecina provincia calabresa de Cosenza, donde el pasado marzo murió asesinado el
sacerdote Lazzaro Longobardi tras negarse a aceptar una extorsión. Allí le
esperaban, desde primeras horas de la mañana, miles de fieles católicos de
Calabria y de otras regiones italianas.
Ni el calor ni el sol minaron la alegría de estos
cristianos que aguardaban a Bergoglio con emoción, ondeando banderas con
franjas amarillas y blancas, los colores del Vaticano. Entre los presentes se
encontraban muchos jóvenes a los que el obispo de Roma dedicó un mensaje de
aliento y les pidió que renunciaran a la violencia.
"Ustedes los jóvenes, no se dejen robar nunca
la esperanza. Adorando a Jesús en vuestros corazones y permaneciendo junto a él
sabréis oponeros al mal, a la injusticia y a la violencia", afirmó.
El pasado 20 de enero fue hallado el cuerpo
carbonizado del pequeño Nicola junto con los cadáveres de su abuelo y de la
nueva compañera sentimental de éste, dentro de un coche en medio de un campo en
las afueras de Cassano. El suceso conmocionó a Italia y también al pontífice
argentino, quien pidió entonces que los responsables se arrepintieran del
delito.


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