BRASILIA (09 Junio 2014).- Comenzó como uno de los tantos conflictos gremiales
que tiene Brasil en vísperas del Mundial de fútbol. Pero la huelga en el metro
de Sao Paulo se ha vuelto un reto clave para el país antes de que la ciudad
reciba el partido inaugural de la Copa el jueves.
Una asamblea de trabajadores del metro paulista
resolvió este domingo mantener la huelga por mejoras salariales que lleva
cuatro días y causó embotellamientos sin precedentes en la ciudad, pese a que
la justicia la declaró ilegal.
Esto significa que a partir del lunes pueden
reiterarse las escenas de caos en el tránsito de la mayor ciudad brasileña, a
la que llegarán miles de turistas y autoridades extranjeras para el partido
inaugural de la Copa, entre Brasil y Croacia.
La huelga en el metro de Sao Paulo se ha vuelto
"un problema del país, sin duda", sostuvo Marco Antonio Teixeira, un
experto en políticas públicas de la Fundación Getulio Vargas, basado en esa
ciudad brasileña.
Teixeira notó que, a diferencia de otros conflictos
recientes que el gobierno de Dilma Rousseff parece haber desactivado, como las
protestas de trabajadores sin techo, en el caso del metro la responsabilidad
recae sobre el gobierno estatal de Sao Paulo.
"La gran cuestión es que en este asunto el
gobierno federal no tiene cómo actuar", explicó el analista en diálogo con
BBC Mundo.
"Tiene que negociar"
Los trabajadores de la red de metro de Sao Paulo
reivindicaban inicialmente un ajuste salarial de 35.5%, aunque el reclamo fue
descendiendo gradualmente hasta el 12.2% actual.
Pero el gobierno estatal, que opera cuatro de las
cinco líneas del metro de la ciudad, les propuso una mejora de 8.7%, casi un
punto encima de su oferta anterior. La propuesta fue rechazada por el
sindicato.
Un Tribunal Regional de Trabajo respaldó este
domingo la oferta gubernamental, declaró "abusiva" la huelga y
anunció multas diarias equivalentes a US$223.000 en caso de que continúe.
Pero en una asamblea dividida, el sindicato decidió
por mayoría continuar con la huelga pocas horas después, en medio de
consideraciones que incluyeron el Mundial.
"Hay una Copa del Mundo, el mayor evento
deportivo del mundo. El gobierno del estado tiene elecciones a fin de año,
tiene que negociar", sostuvo el presidente del sindicato, Altino Melo dos
Prazeres, citado por el portal G1 de Globo.
Sin embargo, la edición digital del diario Folha de
S.Paulo informó que Prazeres negó querer que la huelga llegue hasta el Mundial
y pidió "disculpas a la población".
Está previsto que el sindicato realice una nueva
asamblea a primera hora de la tarde del lunes para volver a discutir si
mantiene la huelga.
El gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, pidió a
los trabajadores volver al trabajo en la noche de este mismo domingo y advirtió
que quienes continúen la huelga pueden ser cesados.
Alckmin pertenece al Partido de la Social Democracia
Brasileña (PSDB), opositor al gobierno de Rousseff, y según encuestas es
favorito para ser reelecto en los comicios estatales de este año.
Las paralizaciones afectaron desde el jueves
diferentes líneas del metro y dejaron a millones de personas sin el principal
medio de transporte que utilizan para trasladarse en la gigantesca ciudad.
El viernes hubo 252 kilómetros de embotellamientos
de autos, el peor registro matutino de la historia de Sao Paulo. El mismo día
la policía lanzó gases a un grupo de huelguistas en una estación de metro.
"Jugar duro"
Teixeira señaló que las diferencias entre el
sindicato y el gobierno se han reducido a menos de cuatro puntos porcentuales
de aumento, "pero ambos lados parece que resolvieron jugar duro".
Según el analista, esto también es un desafío para
el sindicato.
"Es un momento de sabiduría: por más que la
Copa esté ahí y sea una oportunidad, en el momento en que se incumple una
decisión judicial empiezas a tener el peso de la opinión pública en
contra", advirtió.
Rousseff dijo confiar en que los brasileños darán
muestras de "alegría" y "civilidad" durante el Mundial.
"Tengo la seguridad de que la Copa también va a
ser una fiesta, y es fundamental que la mayoría de la población brasileña tenga
derecho de disfrutar de esta gran fiesta"
Dilma Rousseff, presidenta de Brasil
"Tengo la seguridad de que la Copa también va a
ser una fiesta y es fundamental que la mayoría de la población brasileña tenga
derecho de disfrutar de esta gran fiesta", sostuvo la mandataria este
domingo.
Las encuestas señalan que el descontento de los
brasileños con el Mundial ha crecido, con una mayoría que cree que el evento
quita dinero a los servicios públicos, y el país ha tenido en las últimas
semanas una serie de huelgas.
Pero por ahora siguen sin resurgir las protestas
callejeras masivas que hubo en la Copa de Confederaciones del año pasado por
mejores servicios públicos y contra los gastos del Mundial.
La FIFA ha indicado que espera que la atmósfera en
Brasil mejore con el inicio de la Copa.
No obstante, algunos de sus dirigentes, como el
vicepresidente Jim Boyce, conocieron de primera mano los efectos de la huelga
del metro de Sao Paulo el jueves, cuando requirieron de casi tres horas para ir
del aeropuerto de la ciudad al hotel.


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