BOGOTÁ, Colombia (12 Septiembre 2014).- John Jairo
Velásquez Vásquez, alias Popeye, era la mano derecha del narcotraficante
colombiano Pablo Escobar. Bajo sus órdenes asesinó a más de 200 personas y
participó en otras tres mil muertes.
Tras pasar 24 años en cárceles de máxima seguridad,
Popeye salió en libertad el martes.
Su vida fuera de la cárcel constituye un reto casi
tan grande como trabajar para los mayores delincuentes de Colombia y mantener
una guerra abierta contra el Estado.
Estuvo los últimos 12 años en la prisión de máxima
seguridad de Cómbita, en Boyacá. Salió del penal escoltado por cerca de 15
miembros de la Policía que lo trasladaron en carros blindados hacia Bogotá,
donde debe comenzar a cumplir cuatro años de libertad condicional.
Antes, quien quisiera acercársele debía pasar una
kilométrica cerca de alambres de púas y cinco puestos de seguridad con
escáneres y detectores de metales. Las paredes de su pabellón eran de cemento
crudo, el techo del patio estaba cubierto de rejas y el espacio aéreo de toda
la zona se mantenía vedado.
“Aquí es muy seguro. Ni siquiera hay ladrones”, dijo
Popeye sobre su prisión a la revista colombiana Semana poco tiempo antes de ser
liberado.
Las medidas de seguridad no eran para menos. Su
cabeza llegó a valer un millón de dólares. Al lado de Escobar y luego junto a
los jefes del cartel de Cali con quienes compartió celda, Jairo Velásquez
conoció secretos y nombres que podían y pueden hacer estremecer a Colombia o
borrar del mapa más de una fortuna.
El hombre que ahora regresa a la calles es también
un recuerdo viviente de una de las etapas más oscuras de la historia del país
sudamericano.
Popeye ejecutó y coordinó miles de homicidios y
secuestros de alto nivel como parte de la guerra del cartel de Medellín contra
el Estado y las mafias rivales, en particular el cartel de Cali.
Entre las víctimas reconocidas por Velásquez está
el entonces procurador general de la nación, Carlos Mauro Hoyos, secuestrado y
asesinado por él mismo en enero de 1988.
En su lista negra estuvieron también magistrados,
jueces, periodistas y policías que se opusieron al imperio criminal de Escobar.
Su grupo de sicarios detonó una bomba en un avión de
la aerolínea Avianca con más de 100 personas a bordo en 1989. El plan era
asesinar al entonces candidato presidencial César Gaviria, quien finalmente no
tomó ese vuelo.
En otra ocasión, Escobar le ordenó matar a su propia
novia. “Es uno de los episodios más
dolorosos de mi vida. Ella se llamaba Wendy Chavarriaga. Era una mujer muy
hermosa, podía ser una reina de belleza. Ella había sido novia del patrón, pero
quedó embarazada. Como yo la había conocido, nos encontramos una vez en una
discoteca, comenzamos a salir y nos enamoramos”, contó a la revista Semana.
“Resulta que ella en su obsesión de vengarse del
patrón por haberle hecho perder el niño se volvió informante del bloque de
búsqueda. El patrón me llamó, me puso el casete y me dio la orden. Usted no
sabe lo que es matar a una persona a la cual uno adora”, dijo.
“En el mundo de los bandidos las órdenes no se
discuten. Uno se aprieta el corazón, hace lo que le dicen y sigue pa’
delante.”, añadió respecto a otro episodio en el que Escobar le ordenó matar a
dos miembros del cartel de Medellín que eran amigos suyos.
“Hoy eso me parece una barbaridad. Pero cuando uno
está en medio de una guerra, esas cosas le parecen justificadas”, dijo.
A su antiguo jefe lo calificó como un genio del mal.
“Inspiraba una lealtad infinita en todos los que creíamos en él. Yo llegué a
creer que era inmortal. El día más triste de mi vida fue el día que lo
mataron”.
Popeye, según han dicho las autoridades colombianas,
se incorporará a un grupo de reintegración y socialización donde podrá cumplir
la pena que tiene pendiente.
El exsicario confesó a Semana que quiere canalizar
su experiencia en algo constructivo. “Quiero enseñarles a los jóvenes de
Colombia que no tienen por qué vender sus vidas por un Mercedes-Benz o por los
cucos (ropa interior) de una reina de belleza, como hice yo. Ojalá que me den
esa oportunidad”.


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