Raúl Castro despide a 165 médicos y enfermeros van a Sierra Leona a combatir el ébola
LA HABANA (2 Octubre 2014).- Esa noche cumplían
años. No sé cuantos, a esa hora parecía una nimiedad caer en la trampa de los
años que se acumulan uno a uno, sin parar. En pocos minutos estarían partiendo
quizás al último lugar al que muchos quisieran ir. En la pista del aeropuerto
internacional José Martí se alistaba el IL-96, la nave que los llevaría sin
escalas hasta Sierra Leona.
Eran los doctores Eldys Rodríguez y Roberto Ponce,
quienes justo antes de salir a la pista recién mojada por un aguacero,
recibieron el “cumpleaños feliz” de más de un centenar de profesionales de la
Salud cubana. Esos que dijeron sí de un tirón, cuando les preguntaron su
disposición para sanar en África. Cómo iban a dar otra respuesta, si desde que
se sentaron por primera vez en un aula de la facultad médica les enseñaron a
amar el don de salvar vidas.
El doctor Rodríguez había acabado de abrazar a su
familia. Los dejo tranquilos —dice—, “convencidos de la necesidad de mi
partida. Este es el momento histórico que me tocó vivir. Ahora mismo, con el
avión a punto de salir, me embargan sentimientos de alegría, de nostalgia,
sentimientos por mi Revolución, por salir adelante, por evitar que esta
enfermedad se siga propagando, por evitar que llegue hasta mi país. Esta es
otra prueba que me pone la vida, justo el día en que cumplo años, ese debe ser
un buen augurio”.
Perdone que le pregunte, ¿siente miedo?
“No, solo precaución”, me contesta y luce feliz.
A su lado está Roberto Ponce, un hombre alto,
seguro, que ha dedicado también su vida a la Medicina. Es especialista en
Medicina General Integral, además enfermero intensivista, con un diplomado en
Cuidados Intensivos, también una maestría en Ciencias Médicas. Definitivamente
Sierra Leona contará con los mejores especialistas para salvarse del ébola.
Sospecho que Ponce tiene sobre sus hombros más de
una heroicidad. Y así es: “Estuve en Sri Lanka, cuando el tsunami del 2004; y
desde el 2005 al 2007 trabajé en Lesoto, al sur de África. Así que esta es mi
tercera vez”. Ahora regresa al continente africano, como él mismo reconoce,
“esta misión será difícil”. Pero se le ve tranquilo. La preparación recibida en
las semanas anteriores le ha dado todas las armas para la precaución.
Increíblemente, tiene otra confesión que hacerme:
“No le temo a las enfermedades, más le temo al avión
que está allá afuera”. Entonces intento calcular la talla de esos hombres,
héroes de carne y hueso, con glorias vividas, con otras por vivir, con
nostalgias, alegrías, temores; hombres que han decidido dedicar su vida a
otros, aun poniendo en riesgo las suyas.
A cada uno de ellos el Presidente cubano Raúl Castro
Ruz les dio un apretón de manos; les deseó buen viaje, un pronto regreso; les
dijo que se cuidaran; les dio todo el ánimo antes de subir al avión. En
reciprocidad, ellos le pidieron que confiara en la Brigada; que le diera un
abrazo al Comandante en Jefe; algunos se pararon en firme frente al General de
Ejército; otros se pusieron la mano en el corazón…
Así se despidió de Cuba el equipo de 165
colaboradores internacionalistas, integrado por 63 médicos y los 102
enfermeros, provenientes de todas las provincias del país, con más 15 años de
experiencia práctica. De ellos, el 81,2 % ha cumplido misión en otras
oportunidades.
Así dijeron adiós por un tiempo a la Patria, para
hacer valer allí, donde más se les necesita, el hecho incuestionable de que
Cuba no da lo que le sobra, si no lo mejor que tiene, el bien más preciado: sus
hijos, sus héroes de batas blancas.
Por
LETICIA MARTÍNEZ HERNÁNDEZ/Granma


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