KINGSTON, Jamaica (1 Febrero 2015).- Siempre que
habla de los años en blanco, y en atletismo eso significa uno de cada cuatro,
los del ecuador olímpico, Usain Bolt habla de la felicidad, que para él, como
para muchos, consiste en no hacer nada. Y a nadie le extraña, claro, pese a que
lo que hace de Bolt un personaje interesante no sea precisamente la inacción.
2014 fue uno de esos, un año soso, sin Mundiales ni
Juegos, los dos únicos escenarios a los que el hombre más rápido de la historia
considera de cierta importancia (aparte, claro, de los platos de DJ que gira en
sus noches locas, o las pistas de baile de las discotecas, o las playas), por
lo que Bolt, como hizo en 2010, lo dedicó a descansar, bailar y ser feliz
(corrió un 100m en un campo de fútbol en Polonia, un 150m en la playa de
Copacabana, ¿dónde mejor?, y los relevos de los Juegos de la Commonwealth:
trabajó en total tres días en agosto) y a visitar a su médico en Múnich para
que le reforzara la espalda, pero 2015 es impar, preolímpico y con Mundial (en
Pekín, nada menos, en agosto, cuando Bolt ya habrá cumplido 29 años de edad y
siete como recordman mundial de los 100 y los 200 metros), lo que significa
para el gigante jamaicano que si quiere brillar en verano tiene que sudar en
invierno.
Lo que significa para el resto de especialidades,
para los maratonianos que avanzan a grandes pasos hacia la barrera imposible de
las dos horas, para los saltarines como Lavillenie, Barshim o Bondarenko, sobre
todo, que tras un año de protagonismo (el récord del mundo del pertiguista
francés, el cerco a los 2,45m de Sotomayor por parte del qatarí y el
ucraniano), que en 2015 regresarán a la sombra tan alargada del ídolo de la
velocidad. Y también Justin Gatlin, el sprinter renacido a los 32 años en el 14
después de su sanción de cuatro años por dopaje, que aprovechó para brillar las
ausencias del Bolt sabático y de los sancionados Gay y Powell. Será, la que se
viva en el atletismo de 2015 bajo el brillo del sol Bolt, una realidad que para
muchos aficionados tendrá mucho de injusto, una realidad trucada por los
intereses mediáticos, por el tirón popular de Bolt, que vive de su leyenda de
invencibilidad: en una gran competición, Mundial o Juegos, solo ha sido derrotado
una vez, por él mismo, una salida nula en los 100m de Daegu 2011 que impide el
pleno de oros desde su gran entrada en la grandeza en los Juegos de Pekín 2008.
Desde entonces, seis oros olímpicos y ocho mundiales cuelgan de su sólido
cuello, y cuatro récords mundiales (dos de 100m y dos de 200m) batidos en
sendas grandes finales. Desde el último, los 19,19s de los 200m de la final del
Mundial de Berlín, no ha habido más récords, y aquello ocurrió en agosto de
2009, hace casi seis años.
Eso puede significar dos cosas: o que Bolt,
envejeciente, está en declive y nunca volverá a ser más rápido de lo que fue o
que se puso a sí mismo la barra tan alto, tan magníficas fueron sus
marcas-récord, tan adelantadas a su tiempo (con sus 9,58s de 2009 en los 100m dejó
al segundo en discordia a casi dos décimas, un salto gigante), que están aquí
para durar 20 años por lo menos. O ambas cosas a la vez.Bolt apenas habla de
récords ya, solo de títulos, aunque siempre deja caer que no se retirará, y lo
hará después de los Mundiales de Londres 17, sin bajar de los 19s en los 200m,
su gran amor. ¿Lo logrará este verano en Pekín?


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