Según El País: El fin de la indiferencia ante la explotación sexual infantil en Boca Chica

BOCA CHICA (7 Febrero 2015).- Cuando sale a la calle a encontrar clientes, Gabriela Flores lo tiene más difícil que unos años atrás. “Buscan carne fresca”, lamenta. No es que quieran jovencitas; ella tiene 23 años. Muchos andan tras adolescentes. Otros van directamente a por niñas. Sucede en Boca Chica, una zona turística venida a menos de la República Dominicana, uno de los destinos emergentes para el turismo sexual infantil.
A menos de 40 kilómetros de la capital del país caribeño, Boca Chica es probablemente uno de los municipios donde la explotación de menores es más conocida. Aunque no es evidente, se puede encontrar en la calle, donde las chicas rivalizan con Flores en busca de clientes. O de forma más sutil. Existe todo un entramado de mediadores en la playa que ofrecen al turista “lo que quiera”. 
El turismo de esta zona del país suele ser de menos poder adquisitivo que otros, como Punta Cana. Italia es uno de los países de origen extranjero más frecuente.

Son conseguidores que pueden ir desde las masajistas acreditadas, que durante las friegas en la espalda recomiendan “algo más”, hasta quienes hacen trenzas, que se sirven de su catálogo de peinados para ofrecer a las chicas que salen en la fotografía. Si el turista acepta, llaman a un motoconcho (una especie de recadero-taxista en moto) para que vaya a por la menor o la lleve a uno de los moteles donde se consuma el intercambio. Una cadena en la que cada uno se queda con una pequeña comisión de quienes no tienen reparos en pagar por acostarse con una menor, según explica Jessica Rosario, de laasociación Caminante, que desde hace 20 años, y de la mano de Unicef, lucha contra esta lacra y trata de ofrecer ayuda a los niños y adolescentes explotados.


Mapa del turismo sexual en el mundo. Haga click en la imagen para acceder al gráfico interactivo.
Su historia es un patrón que se cumple en muchos casos de menores prostituidos. Familias desestructuradas, dinero que parece fácil y falta de alternativas. Según cuenta Baró, una de las mayores dificultades que se encuentran cuando liberan a los menores de la explotación es que no vuelvan a ella. "Es frecuente que pasen por casas de acogida temporal, no se les ubique de forma definitiva y al poco vuelvan a caer en las redes de este negocio", reconoce.


Gabriela Flores, en las calles de Boca Chica donde se solía prostituir cuando era menor. En ocasiones, aún lo hace. / P. L.
La falta de medios del Estado para combatir esta situación es clave para que no mejore. Algunas empresas asentadas en la isla centran buena parte de su responsabilidad social corporativa en intentar acabar con esta lacra. La compañía española Meliá Hotels International, que cuenta con varios complejos turísticos en la República Dominicana, fomenta todo tipo de actividades para recoger y donar fondos que tienen como destino final la lucha contra la prostitución: desde galas en los resorts en las que han actuado artistas como David Bisbal, lo que denominan "ckeck- in solidario", a través del cual se carga un dólar adicional de la primera estancia en el hotel y donaciones directas de empleados. “Además, aquí les hablamos mucho de la labor que hacemos y suelen poner más plata”, explica un empleado del hotel.
Más allá de la sensibilización y la recaudación de fondos, la compañía está trabajando en un proyecto para dar empleo a los menores que salgan de la prostitución. Rafael Torres, gerente de los resorts Paradisus de Punta Cana, explica que van a comenzar formando a unos pocos para incorporarlos a su plantilla para que esto se convierta con el tiempo en un trabajo sistemático. "Además de ayudar a estos chavales en concreto, queremos servir como ejemplo para que las empresas vean que es posible contribuir a la lucha contra la explotación sexual de forma muy activa", explica.
Los hoteles de su compañía comenzaron hace años con lo más básico que estaba en su mano para atajar estos comportamientos, formando sus empleados en protocolos de seguridad e identificación de comportamientos sospechosos para ponerlos en conocimientos de la Fiscalía. En sus instalaciones está completamente prohibido que un adulto acceda acompañado de un menor si no son parientes y para evitarlo solicitan escrupulosamente la identificación a todos los que entran. Cada vez es menos frecuente, pero todavía ocurre.
Lejos de lo que se puede pensar, el cliente de esta actividad no suele ser un pedófilo. “Simplemente se encuentran con disponibilidad de estos niños y se aprovechan de ello”, asegura Selma Fernández, responsable del Programa de Prevención de la Explotación sexual Comercial Infantil de la red Ecpat International.La zona en la que está este hotel, en una de las más lujosas de Punta Cana, poco tiene que ver con Boca Chica. Ni el tipo de turista ni el ambiente de las calles y playas hacen pensar que allí el turismo sexual infantil sea frecuente, muy al contrario que en el otro escenario. La prostitución en los alrededores sí es muy habitual, tanto en locales habilitados para ello como en lugares tan variopintos como un lavadero de coches que funciona como un bar al aire libre en el que el camarero ofrece a los clientes chicas con las que acostarse. También es muy normal que en un local de copas corriente se acerquen a los turistas mujeres ofreciendo sexo a cambio de "un regalo". Tanto estas como las de los prostíbulos o los lavados de coches son jóvenes, pero de ninguna podría asegurarse con certeza que tiene menos de 18 años. Y todas lo niegan. Así que, por precaución o por falta de demanda, no parece que el sexo infantil sea un atractivo turístico en la zona. "Pero también se dan casos. En ciertas calles se pueden ver chicas o chicos menores, que son más frecuentes de lo que la gente piensa, prostituyéndose", matiza Torres.
La concienciación entre los turistas también es, por lo tanto, crucial. Más de 1.000 actores del sector en el todo mundo (aerolíneas, agentes de viaje, hoteles…) han suscrito un Código de Conducta para tratar de erradicar estas prácticas. Pero es más sencillo concienciar a la comunidad local que a todos los foráneos que acuden a estos destinos. Raúl Valette, presidente de la asociación de comerciantes de Boca Chica, trabaja desde hace un par de años en ello. Según cuentan en Unicef, al principio era muy reacio y ni siquiera quería mencionar el tema por la mala imagen que puede dar a la zona. Hoy le quita importancia —"no es tan generalizado como la gente piensa, son excepciones"—, pero también reconoce la necesidad de poner medios para suprimirlo. "Es una labor de toda la sociedad: los restauradores, los sindicatos, los motoconchos". Coincide con la fiscal de menores: "Es el empoderamiento de la comunidad lo que realmente puede terminar con la explotación sexual infantil".
Es muy extraño que sean las víctimas quienes denuncien. Tampoco las familias suelen acudir a la policía, bien porque no existen o bien porque se lucran de este negocio. Los turistas que pagan por sexo con menores, obviamente también lo silencian. Y quien va a disfrutar de una semana de relax a la sombra de una palmera, raramente se implica si ve alguna conducta sospechosa. Así que está en manos de los propios dominicanos y de sus autoridades acabar con esta práctica. Tras mucho tiempo de indiferencia, al menos parece que ya se han puesto a trabajar.

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