SINGAPUR (20 Septiembre 2015).- Llevaba tiempo Sebastian Vettel esperando una noche
así. Le habría dado igual cualquier mediodía en Europa, pero su papel más
estelar llegó en Singapur. Bajo los focos que ya lo iluminaron tres veces en su
imperial era con Red Bull (2011, 2012 y 2013). Por eso levantó los brazos del
volante tras cruzar la línea de meta y gritó por radio como la ocasión se
merecía. 'Pole', victoria y todas las vueltas al mando.
Ni siquiera el coche de
seguridad logró inquietar una victoria, la número 42 de su cuenta, con un sabor
especial para él y, sobre todo, para Ferrari. Con Lewis Hamilton fuera de la
batalla y, en la vuelta 34, fuera de la carrera, tras su primer abandono de la
temporada. Daniel Ricciardo, su ex compañero, reivindicó el papel de Red Bull
en este Mundial, con su segundo podio de la temporada, el tercero de la
escudería. La noche más grande de Ferrari tras el tercer puesto de Kimi
Raikkonen. Por todo esto se desgañitó Vettel desde su monoplaza, pensando que
la puerta del Mundial puede volver a abrirse.
Nada
asustó a Sebastian Vettel en la deslumbrante noche de Singapur. No lo hizo el
vértigo de comandar una carrera durante 61 vueltas, porque eso es anecdótico
para un tetracampeón del mundo. Tampoco la presión, mínima, de su viejo socio
en Red Bull, Daniel Ricciardo, con el que sólo se encontró en pista las dos
veces que el coche de seguridad se vio obligado a tomar el mando. Una de ellas
tras el templado paseo de un espectador por la pista, ante la sorpresa general.
Nada de eso desvió al alemán de su firme propósito. Del fin de semana más
grande desde su llegada a Ferrari. "¿El mejor gran premio de mi carrera?
Bueno, ha habido muchos", admitió tras la conquista. Porque las formas de
Seb recordaron a las que mostró en su temible era en Red Bull, coronada con
cuatro títulos mundiales.
Sin embargo, para Ferrari fue otra cosa. Kimi
Raikkonen también asaltó, sin fisuras, el podio. Y, 60 grandes premios después,
tras aquel memorable fin de semana en Hockenheim de 2012, volvió a teñir de
rojo un gran premio, con doblete 'pole' y victoria. En sus tres temporadas en
Mercedes, a Lewis Hamilton la mecánica sólo le había jugado dos malas pasadas.
Una en Australia, donde el motor lo dejó tirado en la segunda vuelta, y en
Canadá, donde los frenos lo apartaron de una victoria que tenía en el bolsillo.
Ambas el pasado año, camino de su primer cetro con la escudería alemana. Los
otros dos resbalones (Bélgica 2014 y Japón 2013) vinieron por situaciones de
carrera.Quizás por eso la cara de sorpresa del aún líder destacado del Mundial
cuando su pétreo monoplaza comenzó a mostrar severos síntomas de fatiga.
Fueron
34 vueltas de agonía en las que su bólido padeció como nunca en la noche de
Singapur, uno de sus circuitos favoritos, donde acumula tres conquistas. Sin
embargo, este no era su fin de semana. Comenzó a darse cuenta el sábado, cuando
dejó escapar su segunda pole de la temporada y quedó quebrada una secuencia
genial de ocho consecutivas. El todopoderoso coche plateado comenzó a perder
potencia en las primeras vueltas, adelantado como si fuera un cualquiera, hasta
que todo acabó. Una noche tortuosa para el desconocido jefe del campeonato,
para la escudería líder que exhibió el perfil más bajo que se les recuerda,
salvado a medias por el cuarto puesto de Nico Rosberg. De nuevo fuera del
podio, como ya ocurrió en Hungaroring esta temporada.
Por
CARLOS GUISASOLA/El Mundo
No hay comentarios.: