DILMA ROUSSEFF DICE QUE SU DESTITUCIÓN DESESTABILIZARÍA BRASIL POR SER GOLPE
BRASILIA (19 Abril 2016).- La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, afirmó hoy
que el juicio en el Congreso con que la oposición intenta despojarla de su
mandato generará aún mayor inestabilidad política en Brasil e impedirá la
recuperación económica por tratarse de una ruptura constitucional.
"Necesitamos entender que ese proceso no va a
traer estabilidad política al país porque rompe la base de la democracia. Se
trata de un golpe", afirmó la jefe de Estado en una rueda de prensa con
corresponsales extranjeros.
Rousseff dijo que el juicio político con fines
destituyentes aprobado por la Cámara de Diputados el domingo y cuya apertura
está ahora en manos del Senado agravará aun más la recesión económica
enfrentada por el país.
"Sin democracia Brasil no se transforma y no
recuperamos la capacidad de impulsar el crecimiento económico. Para crecer y
combatir la pobreza se necesita de estabilidad política", aseguró.
Según la mandataria, la crisis económica ya ha sido
agravada por un período de quince meses de una inestabilidad política generada
por la oposición con sus diferentes intentos de sacarla del poder.
Agregó que la economía sólo se recuperará en caso de
que el Congreso rechace la apertura del juicio político y los partidos acepten
la "repactuación democrática" propuesta por el Gobierno para
restablecer la normalidad en las instituciones y darle condiciones al país de
volver a crecer.
Rousseff reiteró que se siente víctima de una gran
injusticia debido a que el juicio político en su contra no tiene base legal.
"No hay la menor base legal para ese proceso.
No tengo ningún problema en lo que se refiere a irregularidades. Soy una
persona contra la que no hay ningún proceso de corrupción o pruebas de
cualquier tipo de irregularidad con dolo y mala fe", dijo.
Afirmó que las supuestas maniobras en los balances
fiscales de su Gobierno que la oposición usa para justificar el proceso no
pasan de prácticas contables que fueron usadas por anteriores Gobierno y que
puede cambiar si provocan divergencias.
Agregó que también se siente víctima de una gran
injusticia por tratarse de un proceso de "medias verdades" ya que los
opositores alegan que el "impeachment" (juicio político destituyente)
está previsto en la Constitución pero no dicen que el proceso exige una base
legal que en su caso no existe.
"Decir que está previsto en la Constitución es
una media verdad porque no dicen que es necesario un crimen de responsabilidad
para poder usarlo. No estamos en un régimen parlamentario. No basta un voto de
desconfianza para el gobernante salga", afirmó.
Rousseff aseguró que el proceso en su contra no pasa
de una ruptura constitucional por estar revestido de un "pecado
original" que es la falta de base jurídica, y que no necesita ser un
movimiento armado para ser tildado como un golpe.
Dijo que otro agravante es que todo el proceso fue
impulsado por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, como
venganza por la decisión del Gobierno de no ayudarlo a frenar los procesos por
corrupción que el legislador enfrenta tanto en el Legislativo como en la
Justicia.
"El presidente de la Cámara está siendo
investigado por corrupción y en ese momento él quería tres votos del partido
del Gobierno para hundir el proceso en su contra en la Comisión de Ética de la
Cámara. Nos negamos a aceptar eso y ahí, por venganza, comenzó el
proceso", dijo.
"Soy víctima de un proceso en que mis
juzgadores tienen un historial que no los abona para ser jueces de nada sino
para ser reos", agregó en referencia a Cunha.
Según Rousseff, todas esas circunstancias le
permiten decir que es víctima de un proceso basado simultáneamente en una
injusticia, en un fraude jurídico y político y en un intento de golpe.
Aseguró que en Brasil hay un "filón golpista
adormecido" y que todos los presidentes desde que el país recuperó su
democracia, en 1985, han sufrido intentos de "impeachment".
En su opinión, la recesión en Brasil tampoco puede
ser usada como motivo para el proceso en su contra debido a que no la pueden
culpar por la crisis económica internacional ni por el fin de los precios
elevados de las materias primas en los mercados mundiales.
"Si la crisis económica fuese un argumento para
sacar presidentes, no habría ningún presidente en pié en los países
desarrollados que enfrentaron crisis más graves y pérdidas de empleos mayores
que las de Brasil", dijo.


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