LONDRES (8 Julio 2016).- Theresa May, una de las dos mujeres con
grandes posibilidades de gobernar el Reino Unido, ha estado en la mira del
público durante años. Así que cuando perdió mucho peso en 2013, hubo muchas
especulaciones sobre una intervención para mejorar su imagen.
Luego se supo que May había sido diagnosticada con
diabetes tipo I, una enfermedad que requiere inyecciones diarias de insulina.
Cuando le preguntaron cómo se sentía, le dijo a la BBC que su acercamiento al
asunto era el mismo que ante cualquier otra cosa en la vida: “Seguir adelante y
enfrentarlo sin rodeos”.
Su alma de acero la ha catapultado al centro del
escenario político después del voto del Reino Unido para separarse de la Unión
Europea y ahora es una de las protagonistas de la lucha al interior del Partido
Conservador para escoger al sucesor de David Cameron, el actual primer
ministro, quien dijo que renunciará a su cargo en otoño.
En la primera votación para escoger a los candidatos
conservadores, May quedó logró 165 votos, mientras que Andrea Leadsom ocupó el
segundo lugar con 66. En la segunda votación celebrada el jueves, May aumentó
su ventaja con 199 votos, mientras que Leadsom obtuvo 84 y Michael Gove apenas
46. Estos resultados muestran que es muy probable que una mujer vuelva a 10
Downing Street.
May es la secretaria del Interior del Reino Unido
que ha ocupado ese cargo durante más tiempo en medio siglo. Tiene una
reputación de ser seria y trabajadora, y trata de mantenerse al margen de las
intrigas del Partido Conservador.
“Sé que no soy una luminaria de la política”, dijo
May el jueves. “No hago giras por los estudios de televisión. No chismeo sobre
la gente en los almuerzos. No bebo en los bares del Parlamento”.
Tim Yeo, un antiguo colega, recordó que May asistía
a sus fiestas pero no solía “atraer un círculo de personas a su alrededor ni
provocar risas”. Puede ser apropiado en estos momentos, observó, porque “su
prudencia le será útil cuando solo haya caos a su alrededor”.
Por su tenacidad se le ha comparado con Margaret
Thatcher y con la canciller de Alemania, Angela Merkel, hija de un clérigo al
igual que May.
Nacida en 1956, creció en Oxfordshire, es hija única
y tuvo su primer contacto con el Partido Conservador a los 12 años. Fue una
estudiante dedicada, nunca se rebeló contra la educación religiosa que recibió
y sigue asistiendo a la iglesia.
Al igual que Cameron y Boris Johnson, el antiguo
alcalde de Londres que hace poco se retiró de la carrera por el liderazgo del
Partido Conservador, estudió en Oxford (aunque algunos años antes que ellos).
Sin embargo, mientras que ellos llegaron a través de Eton College y se hicieron
miembros del Bullingdon Club, la sociedad hedonista de Oxford, ella asistió a
una escuela secundaria estatal y tuvo una vida universitaria más calmada.
Le importaba la política, por lo que participó en la
famosa sociedad de debate de Oxford Union y se hizo miembro de la Asociación
Conservadora de la universidad. En una de las reuniones de la asociación, una
amiga llamada Benazir Bhutto (que luego se convirtió en primera ministra de
Pakistán), le presentó a su esposo, Philip May, a quien ella describe como su
roca.
La pareja no tiene hijos. “Sencillamente no
ocurrió”, le dijo al periódico The Daily Telegraph. “Vemos familias todo el
tiempo y sabemos que tienen algo que nosotros no tenemos”.
May trabajó en la industria financiera, incluso en
el Banco de Inglaterra, mientras perseguía sus aspiraciones políticas. Obtuvo
un escaño en el Parlamento en 1997 para representar a Maidenhead, un próspero
pueblo ubicado al oeste de Londres, exactamente en la época en que su partido
comenzaba un largo periodo como oposición.
Avanzó con rapidez en las filas conservadoras y ganó
notoriedad a nivel nacional gracias a un impactante discurso que dio en una
convención anual del partido, una ocasión que por lo regular se aprovecha para
elogiar a los activistas del partido. “Nuestra base es demasiado estrecha y,
algunas veces, también lo son nuestros seguidores”, advirtió a sus colegas. “Ya
saben cómo nos dicen algunos: ‘The nasty party’, (el partido despreciable)”.
Cuando los conservadores regresaron al poder después
de las elecciones de 2010 en una coalición con los liberales, recibió un
ascenso al ser designada secretaria del Interior, uno de los cargos más
prestigiosos en el gobierno, y un nombramiento que quizá no habría recibido si
Nick Clegg, el líder del Partido Liberal Demócrata, hubiera exigido ese puesto.
En su lugar, se convirtió en primer ministro adjunto sin responsabilidades
departamentales, y así le abrió el camino a May.
Por su tenacidad, se le ha comparado con Margaret
Thatcher y Angela Merkel, la canciller de Alemania. Credit Leon Neal/Agence
France-Presse — Getty Images
Su talón de Aquiles es la inmigración, que es parte
de sus responsabilidades como secretaria del Interior. Cameron prometió reducir
la inmigración neta a menos de 100.000 personas por año, pero en repetidas
ocasiones no se ha alcanzado el objetivo.
May no podía hacer nada contra las personas que
vienen de la Unión Europea, porque legalmente tienen el derecho de establecerse
en el Reino Unido. Sin embargo, las cifras de los que pertenecen a otras
regiones fuera del bloque, a quienes sí puede controlar el gobierno, aún son
elevadas. En general, la cifra neta para 2015 superó los 330.000.
Se considera a May un poco más de derecha que
Cameron, aunque apoyó su proyecto de legalización del matrimonio entre personas
del mismo sexo. Cuando se convocó el referendo de la Unión Europea, se dudaba
que fuera a hacer campaña a favor o en contra de la pertenencia.
Al final apoyó los esfuerzos de Cameron para
permanecer en el bloque, pero no habló mucho. Por eso puede presentarse como
una candidata de unidad para su partido, que sufrió divisiones profundas con
ese tema.
Sin embargo, también significa que sus críticos
revisarán con lupa cualquier acuerdo que logre negociar con la Unión Europea
sobre los futuros vínculos del Reino Unido con el bloque, en especial lo
relacionado con el acceso del Reino Unido al mercado único de bienes y
servicios de la Unión Europea.
May intentó tranquilizar a los partidarios de las
políticas más estrictas con la promesa de que no intentará permanecer dentro de
la Unión Europea, ni tampoco regresar por la puerta trasera.
“Brexit es brexit”, dijo con firmeza, lo que
confirmó que si le corresponde negociar la salida del Reino Unido del bloque se
enfrentará al proceso de frente y sin rodeos.


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