UNA EXPROSTITUTA ESPERA REVOLUCIONAR EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
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| Jacqueline Montero se graduó de Teología en el 2014. |
HAINA, República Dominicana (8 Julio 2016).- Fue violada de niña, maltratada por su marido y
ejerció la prostitución. Pero cuando Jacqueline Montero asuma como diputada en
agosto, las trabajadoras sexuales tendrán una voz única en la legislatura. Es
una mujer que conoce de primera mano sus penurias y que está dispuesta a
impulsar leyes llamadas a causar revuelo en esta nación mayormente
conservadora.
Montero, de 46 años, se crió en la casa de una
cuñada de su madre y fue violada numerosas veces de niña por un familiar. Se
casó a los 16 años con un hombre que la golpeaba y terminó haciéndose
prostituta.
“Sé lo duro que es tener que salir (a buscarse la
vida) porque tu familia no tiene comida; cuando una no tiene ni qué comer, una
sale con el primero (hombre) que aparezca”, dijo Montero en la oficina de una
organización de asistencia a prostitutas que encabeza, amoblada con lo básico y
en cuyas paredes exhibe los diplomas que obtuvo tras dejar la prostitución y
certificados de diferentes conferencias internacionales sobre trabajadoras
sexuales a las que ha asistido.
“Si no me hubiesen violado cuando yo era niña y los
adultos me hubiesen creído, no hubiese sido trabajadora sexual”, dice la mujer
que habita en la empobrecida zona de Haina, quien se prostituyó durante casi
una década luego de que su marido la abandonó tras varios años de maltratos.
Montero tocó fondo y decidió cambiar su vida cuando
recibió una paliza de un cliente que se negaba a usar condón y de un accidente
vial que la dejó postrada en cama ocho meses. En 1998 se puso a estudiar
enfermería mientras seguía ejerciendo la prostitución y comenzó a involucrarse
en el activismo social al trabajar como pasante a una clínica que atendía
principalmente a trabajadores sexuales y a población con VIH.
Profundamente religiosa, más adelante estudió la
licenciatura en teología en la Universidad Cristiana, en donde se graduó en
2014.
Hoy es madre de 15 hijos, incluidos tres biológicos,
dos de ellos de un cliente, y 12 adoptados cuyas madres biológicas son
trabajadoras sexuales que pretendían abortarlos.
Ahora, después de una década de activismo y haber
sido regidora (concejal) en Haina desde 2010, espera aprovechar sus
experiencias para mejorar la situación de las trabajadoras sexuales desde el
Congreso.
Confía que con su propia historia, narrada en un
libro que recopila biografías de trabajadoras sexuales, va a concienciar a los
diputados y al país sobre la crudeza del trabajo sexual y hacerles entender que
las prostitutas “no llevan una vida alegre, que una no elige para gozar; sino
que es una vida terrible”.
Montero, quien alcanzó la diputación por la
provincia San Cristóbal como candidata del Partido Revolucionario Moderno,
convertido tras los comicios de mayo pasado en la segunda fuerza política del país,
trabaja en la actualidad en dos proyectos de ley para promover los derechos de
las prostitutas y para crear oportunidades laborales a las mujeres jóvenes a
fin de evitar que se involucren en el trabajo sexual.
O para que quienes ya lo ejercen, puedan dejarlo con
la garantía de tener una posibilidad de empleo.
“Quiero que las compañeras (trabajadoras sexuales)
tengan seguridad social, seguro médico” y sean beneficiarias de los programas
gubernamentales de subsidios, narró al describir uno de los proyectos que
prepara.
En otro proyecto, Montero propondrá crear centros de
capacitación laboral y de asistencia legal y psicológica para que las
trabajadoras sexuales puedan buscar nuevas opciones y dejar la prostitución.
El proyecto se basa en los programas que Montero
comenzó a desarrollar como regidora y a través del Movimiento de Mujeres Unidas
(Modemu), una organización no gubernamental que ella preside, con
financiamiento de donaciones de organizaciones religiosas e internacionales y
el apoyo de instituciones del Gobierno. Para Darío García, director ejecutivo
de la Coalición ONG-Sida, la elección de Montero es “un éxito de la sociedad
civil” porque representará en el Congreso a los grupos vulnerables que están
“más expuestos a la violencia, a la humillación y al sida”.
La nueva diputada será la encargada de presentar un
proyecto de ley coordinado por la institución del Gobierno encargada del VIH
para prohibir y penalizar la discriminación contra grupos vulnerables, como la
comunidad LGBT (lesbianas, gay, bisexueales y transexuales), los trabajadores
sexuales, los envejecientes y personas con sida.
Montero dice proyectos crearán polémica
Montero está consciente de que aún enfrenta el
estigma de una sociedad mayoritariamente religiosa y conservadora y que los
proyectos de ley que presentará en el Congreso crearán polémica. El pastor
Fidel Lorenzo, presidente de la asociación de iglesias evangélicas, advirtió
que su agrupación se opondrá a un proyecto de ley que conceda derechos
laborales a las prostitutas porque sería reconocer legalmente el trabajo
sexual. “Siempre que estén optando por legalizar esa práctica, que es nociva a
la propia salud emocional de la persona, no creo que vamos por buen camino y
obviamente no vamos a estar de acuerdo”, insistió el líder religioso. El
trabajo sexual en República Dominicana no está regulado y un vacío legal
permite que una persona se prostituya sin que se considere un delito. La
explotación sexual, el proxenetismo y la trata de personas sí están
penalizados. Montero “representa una idea, la idea de la no discriminación, la
idea de la igualdad de género, la idea de la participación social igualitaria
de la mujer y el hombre”, consideró Santo Rosario, coordinador de la
organización no gubernamental Centro de Orientación e Investigación Integral,
que desarrolla programas para mejorar la calidad de vida de grupos marginados,
especialmente LGBT, prostitutas y personas con VIH.


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