LONDRES (10 Julio 2016).- El cielo se rompió sobre Silverstone un cuarto de hora antes de la hora del arranque de la carrera. Bernie Ecclestone apenas había tenido tiempo de ponerse a cubierto, cuando el diluvio transformó el asfalto británico en una piscina. Una especie de castigo divino, ya que lejos de animar el asunto lo adormeció casi definitivamente. La salida quedó anulada y durante cinco vueltas, el coche de seguridad mandó en la campiña británica, ante la desesperación de Lewis Hamilton, que no paraba de dejar recados por radio suplicando que alguien apartara de su camino el 'safety'. Amenazando incluso con alguna dentellada al entregado coche que lo precedía. Una controvertida decisión que acabó con la primera (y la mejor) porción del pastel.
Sin esa incógnita que siempre genera la salida, Hamilton no encontró un sólo obstáculo en el impecable viaje rumbo a su póquer en casa. No lo hizo en los boxes, donde Mercedes estuvo correcto. Y no lo hizo tampoco en la pista, sobre todo porque un adolescente holandés a los mandos del Red Bull se convirtió en el mejor aliado para su cuarta conquista del año, sin duda, ante la mirada de sus compatriotas, la más especial para él. Y es que Max Verstappen fue para Nico Rosberg una alambrada electrificada durante un tercio de la carrera.La pesadilla del líder del Mundial se empezó a dibujar cuando vio clavado en su retrovisor el primer plano del rostro de Verstappen.
Lo siguiente para el alemán fue ver al Red Bull apartándole del camino, ante el estruendo de la grada de Silverstone, que lo celebró como si Inglaterra hubiera ganado la Eurocopa. En la curva de Beckett's, el niño sacó su genio y volvió a soltar un zarpazo que dejó algo tocado a Rosberg. Con el asfalto aún secándose, pero calzados todos con las gomas medias lisas. La brecha entre ambos llegó a ser de un par de segundos, hasta que el alemán volvió en sí y se lanzó sobre el bólido energético.
Fueron más de 20 vueltas de frustración para Nico, sobre todo las últimas 10, que no descubrió la menor fisura en la imberbe roca holandesa.
El Red Bull le pareció un trailer que no dejaba asomar el menor resquicio de asfalto. Su Mercedes lanzó mil y un ataques sobre el chaval, sobre el titán, sobre el genio que se viene encima de la Fórmula 1, autor en suelo inglés de su segundo podio consecutivo, pero no hubo manera hasta la 39. Para entonces, Hamilton, sin oposición, había dejado bien empaquetado el triunfo en casa.
La caja de cambios del bólido de Rosberg sufrió algunos achaques en el último tramo, que obligó a su ingeniero a darle unas polémicas directrices con las que recuperar el pulso y evitar el nuevo e inminente ataque de Verstappen. Una acción prohibida por el reglamento que puso en duda su segundo puesto ante la investigación en los despachos.
La realidad es que a los dos gallos de Mercedes sólo les separan cuatro puntos. Que en la próxima cita, en Hungaroring, puede haber nuevo monarca de la F1. Por eso Lewis salió corriendo a festejarlo con los suyos, lo de Hungría ya vendrá.
Una mañana de tormenta en Inglaterra que se convirtió también en tormenta para Fernando Alonso. Un error en su paso por boxes encendió una mecha que terminó bien prendida cuando perdió el control de su McLaren en la curva 1 de la vuelta 26, llegando a acariciar incluso el muro, desenterrando el bólido de una zona que pareció por unos instantes ser arenas movedizas casi letales.
Toda una exhibición de reflejos y destreza del asturiano que sirvió para salvar el pellejo pero no para conseguir el premio que había perseguido durante todo el fin de semana, el de los puntos, terminando 13º, incluso por detrás de Jenson Button."No teníamos ritmo para acabar en los puntos.
Cuando la pista estaba más húmeda éramos más rápidos y con la pista seca no íbamos mal, pero teníamos delante gente competitiva como los Force India o los Toro Rosso. Estamos cerca y peleando con ellos, pero falta ese pelín en carrera", expuso el piloto asturiano.Unos puntos que sí logró poner a salvo Carlos Sainz, que también sobrevivió a algún trompo.
El Toro Rosso cruzó la meta sin magulladuras y con el sabor de cuatro puntos más en una cuenta particular que ya asciende a 26. "Consistencia y velocidad es lo que estamos mostrando en estas últimas carreras que es mi objetivo este año, así que podemos estar contentos".
Por CARLOS GUISASOLA/El Mundo


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