WASHINGTON (13 Agosto 2016).- De todas las tribulaciones a las que se enfrenta
Donald Trump, ninguna genera tanta ansiedad en su campaña como el precipitado
declive de su popularidad entre las mujeres republicanas.
En una serie de deserciones sorprendentes, mujeres
republicanas de alto perfil han dejado atrás décadas de lealtad partidista y
han anunciado su oposición a Trump. Lo acusan de no estar emocionalmente
preparado para la presidencia y de ser una amenaza a la seguridad nacional.
El apoyo que tiene entre las mujeres del Partido
Republicano también se desplomó después de comentarios provocadores sobre el
silencio de la madre de un soldado musulmán muerto en combate o el modo en que
las mujeres deberían responder al acoso sexual en el trabajo.
“Para gente como yo, que somos republicanas pero
razonables y mantenemos la cabeza bien puesta, es difícil ver a Trump como un
republicano cuerdo y razonable”, dijo Dina Vela, una gerente de San Antonio que
dijo que siempre ha votado por el Partido Republicano. Y aunque todavía expresa
cautela ante Hillary Clinton, para su propia sorpresa ha comenzado a visitar la
página web de la candidata y planea votar por ella.
Desde que ambos partidos celebraron sus
convenciones, la ventaja de Trump frente a Clinton entre las mujeres
republicanas ha descendido 13 puntos, según una encuesta realizada por The New
York Times y CBS News.
A finales de julio, el 72 por ciento de las mujeres
republicanas encuestadas dijeron que votarían por Trump, y eran una mayoría
importante y suficiente. Sin embargo, ese número estaba muy por debajo del
nivel de apoyo conseguido por los tres candidatos presidenciales anteriores del
partido. En 2012, Mitt Romney consiguió el apoyo del 93 por ciento de las
mujeres de su partido. En 2008, John McCain logró el 89 por ciento y cuatro
años antes, George W. Bush logró el 93 por ciento.
En estados moderados y cruciales como Pensilvania,
que los expertos consideran cruciales para la victoria de Trump, su aceptación
entre las mujeres es muy baja entre votantes registrados: Sólo lo apoyan el 27
por ciento de las mujeres, en comparación con el 58 por ciento que apoya a
Clinton según una encuesta del Franklin & Marshall College.
La alarma ante el carácter de Trump atraviesa las
líneas de fractura demográficas. Pero décadas de investigación sobre género y
política sugieren que las mujeres tienen una perspectiva diferente sobre el
gobierno y el liderazgo. Esta se basa, según Debbie Walsh, directora del Center
for American Women and Politics de la Universidad Rutgers, en una expectativa
de vida mayor que la de los hombres, en un salario menor y en la expectativa de
que el gobierno juegue un papel más importante en sus vidas.
Esta dinámica, dijo, se refleja en el número de
mujeres que vota. Hace cuatro años, votaron 10 millones de mujeres más que
hombres según el Centro Rutgers.
Para Clinton, la alienación de las mujeres
republicanas de su candidato ofrece la oportunidad de capturar un segmento de
población muy importante. Pero también supone un dilema: ¿Cómo acercarse a
estas mujeres sin llamamientos ideológicos?
Durante días recientes, Clinton ha hecho énfasis en
cuestiones más prosaicas como la creación de empleo y ha planteado dudas sobre
el carácter de Trump.
La campaña de Clinton lanzó un anuncio televisivo en
ocho estados clave que va dirigido a las madres.
El anuncio, en el que aparecen
niños frente a la televisión que escuchan algunas de las declaraciones más
controvertidas de Trump, se pregunta: “¿Que ejemplo les estamos dando?”.
Pero no todos los que abandonan a Trump están
dispuestos a apoyar a Clinton. En entrevistas, varias mujeres republicanas y
otras en sintonía con ese partido expresaron cierta angustia ante la necesidad
de elegir: Trump las asusta pero no se sienten cómodas con Clinton.
“No confío en él”, dijo Laura Schrock, residente de
Delaware que ha votado por los republicanos en las dos últimas elecciones
presidenciales. Escéptica frente a Clinton, está lista para votar por Gary
Johnson, el candidato libertario.
Según los estudios de intención de voto, Trump tiene
su apoyo más claro entre los hombres blancos, especialmente aquellos que no han
ido a la universidad. Pero ha perdido el de muchas mujeres, especialmente
aquellas que han ido a la universidad. Entre ese grupo de personas, Clinton es
favorita.
“Esto no había sucedido antes: Trump esta perdiendo
a las mujeres blancas con estudios”, dijo Stuart Stevens, jefe de estrategia de
Romney en 2012 y muy crítico de la campaña de Trump.
El peligro para Trump es que esa erosión de votantes
pueda aumentar a medida que mujeres influyentes entre los republicanos se
distancien con él en público y cale el mensaje de que el interés nacional está
por encima de la lealtad de partido.
En lo que se ha convertido un goteo constante,
mujeres relevantes del partido que pertenecen al mundo de los negocios o a la
política se han apartado abiertamente de Trump. Entre ellas, la senadora Susan
Collins de Maine; Sally Bradshaw, que fue asesora y estratega de Jeb Bush
cuando fue gobernador de Florida y Maria Comella, que fue asesora del
gobernador Chris Christie de Nueva Jersey.
“Nosotras somos republicanas, ella es demócrata,
pero nuestras discrepancias políticas han sido superadas por el peligro que
Donald Trump supone para Estados Unidos”, dijo Jennifer Pierotti Lim,
republicana de toda la vida y ejecutiva en la Cámara de Comercio de Estados
Unidos que habló en la Convención Demócrata.
Después de que Meg Whitman, directora ejecutiva de
Hewlett Packard e importante recaudadora de fondos para los republicanos,
declaró su apoyo a Hillary Clinton y mostró su disgusto ante Trump su bandeja
de entrada se llenó de mensajes de apoyo de otros republicanos.
“Esta republicana también está con ella, gracias,
como siempre, por tu liderazgo, Meg” escribió una mujer llamada Wendy Jones en
el perfil de Facebook de Whitman.
Sin embargo, en los mítines de Trump aún participan
mujeres y muchas mujeres del partido republicano aún apoyan su candidatura,
convencidas de que su presidencia mejoraría sus vidas y desconcertadas por las
deserciones de líderes del partido.
Elizabeth Gonzalez, que apoya a Trump y vive en
Carolina del Norte, cuestionó los motivos de las mujeres republicanas que ahora
hablan contra él.
“Es probable que se sientan amenazadas porque no
pertenece a la clase política”.


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