SEATTLE (25 Agosto 2016).- El burkini es una combinación de burka, esa pieza
femenina que cubre a las mujeres musulmanas de pie a cabeza, permitiendo una
pequeña apertura en los ojos, y bikini. Bueno... pues bikini. Todo el mundo lo
conoce.
Ya la alcaldía de Niza, en Francia, anunció su
prohibición, lo cual puede diseminarse hacia otras áreas francesas, luego de
varios atentados llevados a cabo por seguidores de los yihadistas del Ejército
Islámico.
Como antecedente, el gobierno francés también había
prohibido el velo integral en el año 2010, sobretodo en “los espacios públicos,
aunque la ley permite salvo excepciones la vestimenta o el uso de signos
religiosos en el espacio público”.
La pieza fue creada en Australia hace más de 10
años, para “permitir a algunas musulmanas ir a la playa sin quebrantar sus
creencias religiosas”, luego de los disturbios en Cronulla, en Sydney, donde
jóvenes anglosajones se enfrentaron con la policía y atacaron a toda persona
con apariencia árabe, en especial miembros de una amplia comunidad de libaneses
en Australia.
Para unos, en verdad, cubre el pudor de aquellas que
no pueden, bajo ninguna circunstancia, disfrutar de la libertad de un bikini en
lugares públicos.
Para otros, es un símbolo de opresión para las
mujeres que lo usan, porque, de acuerdo con sus conceptos, éste “era la
traducción de un proyecto político, de contrasociedad, fundado en la esclavitud
de la mujer”, en palabras del Manuel Valls, primer ministro francés.
Ahora, cruzando la frontera, Alemania está en camino
de prohibir, al menos parcialmente la burka.
impulsada, también, por mortales atentados. El
ministro de Interior alemán, Thomas de Maiziere, expresó que “queremos
introducir legalmente la obligación de mostrar el rostro allí donde sea
necesario para nuestra sociedad: al volante, en los procesos administrativos
(...) en las escuelas y las universidades, en los servicios públicos, ante los
tribunales”...
La disyuntiva está entre la libertad religiosa, en la
que se pueda utilizar objetos que la distingan sin ningún tipo de impedimento,
viviendo la religión en paz, y la presión social y gubernamental en la que
afecta “varias libertades fundamentales como la libertad de opinión, de
religión, a la elección de vestimenta y de circular libremente”. En todo caso,
a mayor presión, más atentados. Penosamente.
Por
DOUG MILLER/MLB.com


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