USAIN BOLT LLAMA POR TERCERA Y ÚLTIMA VEZ A LAS PUERTAS DE LA GLORIA EN RÍO 2016
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RÍO DE JANEIRO (10 Agosto 2016).- Una leyenda viva
del atletismo y un reto obsesivo, el triple-triple, convierten a Usain Bolt,
por tercera vez consecutiva -y última-, en la pieza central de los Juegos
Olímpicos, capaz por sí sola de arrumbar la crisis deportiva y moral que padece
el rey de los deportes.
Cuando el astro jamaicano se coloque en los tacos de
salida para dirimir la final de 100 metros, el próximo domingo a las 22.25
horas, un silencio sobrecogedor precederá al disparo en el estadio Olímpico.
Ningún aficionado se acordará entonces de los casos de corrupción y dopaje que
arruinan la imagen del atletismo.
Nadie se acordará de que el atletismo ruso ha sido
borrado de los Juegos de Río como castigo por el "dopaje de Estado"
denunciado en el informe McLaren, ni de que el expresidente de la IAAF Lamine
Diack, predecesor de Sebastian Coe, está encausado por corrupción.
Las anchas espaldas de Bolt lo taparán todo, al
menos durante los diez días de acción en el estadio Olímpico. Sucederá en Río,
como ocurrió antes en Londres 2012 y en Pekín 2008, los otros dos escenarios de
los tripletes boltianos. Y nunca más, porque ya ha dicho que estos son sus
últimos Juegos.
Bolt rompió en Pekín 2008 todos los esquemas del
esprint al colgarse tres medallas de oro (100, 200 y 4x100) aderezadas con
otros tantos récords mundiales. En Londres se convirtió en leyenda al repetir
la triple hazaña, algo que nadie había logrado jamás. En Río reitera su triple
aldabonazo a las puertas de la gloria para convertirse definitivamente en mito.
Superados, como en vísperas de Londres 2012, sus
habituales problemas de espalda, y restablecido de la lesión muscular que en
julio le impidió disputar los campeonatos de Jamaica, Bolt se ha plantado en
Río en una forma física que intimida a sus rivales, como lo prueba su registro
de 9.88 en Kingston (junio) y el más reciente de 19.89 en 200 (22 de julio en
Londres).
En ninguna de las dos distancias del esprint domina
el ránking mundial del año. Los líderes de la temporada son estadounidenses:
Justin Gatlin (9.80 en 100) y LaShawn Merritt (19.74 en 200), y sin embargo
nadie le discute el rango de favorito. Cualquier aficionado sabe que en la hora
suprema Bolt se agiganta y achica a sus adversarios, como ocurrió en Londres
con su doble victoria sobre un Gatlin que llegaba en plan gallito.
Dos de las 47 medallas de oro que pone en juego el
atletismo tienen un destinatario casi seguro: Usain Bolt, una bendición para el
deporte que ofrece espectáculo dentro y fuera de la pista. Este lunes, mientras
alguno de sus rivales estaría devanándose los sesos buscando la forma de
vencerlo, Bolt apareció bailando samba junto a bailarinas de apariencia no
menos espectacular que el esprinter.
Gloria bendita para los medios de comunicación,
después de varios meses resignados a relatar un rosario de escándalos de
corrupción y dopaje.
El reto es todavía mayor para la estadounidense
Allyson Felix, que tiene intención de competir en 200, 400 y en los dos
relevos. Si lo ganara todo, igualaría la hazaña de Fanny Blankers-Koen, la
holandesa voladora, la única con cuatro oros en unos mismos Juegos.
El británico Mo Farah, cinco veces campeón mundial y
europeo en pruebas de fondo (5.000 y 10.000), se apresta a repetir su doblete
olímpico de Londres. Látigo inmisericorde de los africanos, Farah, nacido en la
capital de Somalia, ha logrado escapar a las sospechas de dopaje que se
cernieron sobre su entrenador, el estadounidense Alberto Salazar, y sobre su
amigo Jama Aden, detenido en Sabadell (España) en junio pasado en una operación
policial contra el dopaje.
La polémica volverá a rodear la figura de Caster
Semenya, la ochocentista sudafricana de apariencia andrógina que en los
Mundiales de Berlín 2009 asombró por su rotunda superioridad.
La IAAF le impidió competir mientras abría pesquisas
que detectaron en la atleta un tipo de hiperandrogenismo, lo que condujo a
establecer en 2011 una norma sobre criterios para separar las categorías por
sexos, obligando a quienes presentaban esta anomalía a reducir sus niveles de
testosterona por debajo de un cierto límite.
El rendimiento de Semenya cayó bruscamente, pero en
julio del 2015 el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) estimó el recurso de la
atleta india Dutee Chand y anuló la norma, por lo que Semenya puede competir en
Río sin restricciones. Sus marcas han vuelto a ser inalcanzables para sus
rivales y amenaza incluso el récord mundial, que lleva 33 años en poder de
Jarmila Kratochvilova (1:53.28).
La suspensión de Rusia privó a los Juegos de algunos
atletas que aspiraban a ganar títulos en Río y negó a Yelena Isinbáyeva la
posibilidad de una despedida olímpica de oro. La mejor pertiguista de la
historia tendrá que contemplar los Juegos desde el sofá.
La etíope Tirunesh Dibaba, la neozelandesa Valerie
Adams, la checa Barbora Spotakova y la jamaicana Shelly-Ann Fraser-Pryce el
comparten un reto: convertirse en la primera atleta que gana tres oros
consecutivos en una disciplina individual.
Entre los dos millares de atletas que saldrán a
escena en Río, un español, el marchador de 50 km Jesús Ángel García Bragado,
establecerá el récord masculino de participaciones, con siete, igualando la
plusmarca absoluta de Merlene Ottey, jamaicana de nacimiento y eslovena al
final de su carrera.
Durante diez días, a partir del viernes, el
atletismo irá desgranando campeones hasta rematar el día de la clausura, el
domingo 12 de agosto, con el maratón masculino, que, como las pruebas de
marcha, se disputará fuera del estadio, en pleno centro de la ciudad.


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