CUBA APUESTA A VENENO DE ALACRÁN COMO TRATAMIENTO PARA PACIENTES CANCEROSOS
CIENFUEGOS (28 Marzo 2017).- No se trata de la cura del cáncer ni mucho menos, más bien, el uso
homeopático del veneno de alacrán azul se ha convertido en un granito de arena
adicional que Cuba quiere poner a disposición de los pacientes de esa letal y
dolorosa enfermedad en todo el mundo.
Son
muchas las voces que califican al “Vidatox”, como a otros productos
homeopáticos, como una estafa, pero lo cierto es que el consumo de este
producto cubano, presente ya en más de 15 países, crece a paso agigantado.
El
incremento en su demanda es tal, que Labiofam, la empresa farmacéutica cubana a
cargo de su producción, espera duplicar su elaboración mediante la creación de
una nueva planta que permita procesar por mucho los 2,000 frascos por hora que
se envasan hoy día en su fábrica de Cienfuegos.
“Vidatox
es un producto que cada día nos sorprende más. Fue desarrollado para ayudar a
los pacientes de cáncer por los efectos y dolores asociados a esa condición,
pero ahora se ha comprobado que ayuda a pacientes con otros dolores severos,
como los osteoartríticos, donde el mercado es enorme”, explicó a El Nuevo Día
el doctor Fabio de Jesús Linares, científico a cargo del proyecto.
El
Vidatox es un medicamento homeopático, lo que significa que no conlleva los rigores
de los fármacos tradicionales. Un debate recio a nivel internacional presenta a
estos tratamientos como de efecto “placebo”, pero los especialistas cubanos
creen que la toxina del Rhopalurus junceus, el nombre científico del alacrán
azul, es sumamente confiable.
En
Cuba se defiende su uso fervientemente, pues más de 65,000 pacientes lo han
usado para mitigar los efectos del cáncer o sus dolores crónicos. Su consumo se
ha extendido a lugares tan lejanos como Mongolia y los pedidos siguen
aumentando.
“Este
medicamento tiene características analgésicas y antinflamatorias notables, que
se puede consumir por personas con procesos dolorosos, como el cáncer”, expresó
De Jesús Linares a El Nuevo Día en las instalaciones de su laboratorio en
Cienfuegos.
El
alacrán azul es un insecto que sólo se encuentra en Cuba. A pesar de que su
aspecto es rojizo, se le llama azul porque su toxina toma un tono azuloso al
contactar con el agua. De Jesús Linares asegura que fuera de Cuba el veneno del
animal pierde algunas de sus características curativas y que es muy probable
que ocurra lo mismo si se cría en cautiverio.
Por
tal razón, los cerca de 7,000 ejemplares usados en el laboratorio para extraer
su veneno son traídos de su medioambiente, drenados en una base casi mensual y
retornados a su lugar de origen al concluir su ciclo de utilidad, con una marca
que impide que vuelvan a ser capturados en la vida salvaje.
“Está
probado que el medioambiente influye mucho en la calidad de la toxina que
utilizamos”, explicó De Jesús Linares, quien sostiene que los efectos del
medicamento incluyen, en algunos casos, retardación de la metástasis, reducción
de la inflamación y alivio del dolor, sobre todo cuando los pacientes no pueden
consumir alguna sustancia química.
“No
es una medicina para curar el cáncer, no puedo decir eso, sí es un medicamento
que ayuda a que los pacientes de cáncer puedan llevar una vida digna”,
manifestó.
La
industria farmacéutica cubana se ha convertido con el paso de los años en una
de las más respetadas del mundo. Su vacuna contra el cáncer del pulmón, un
medicamento para curar el pie diabético y otro para tratar el vitíligo son sólo
ejemplos de sus avances, a tal punto que estos medicamentos son evaluados para
entrar al mercado estadounidense y puertorriqueño.
“Estados
Unidos está al frente. Este producto entra ya porque familiares y amigos lo
llevan, pero lo correcto es que entre por la puerta del frente. Estamos en
posición de enfrentar un proceso en la FDA (Administración de Drogas y Alimentos),
porque confiamos en la calidad del producto y vamos a someternos al proceso en
un mercado tan exigente como el europeo”, sostuvo De Jesús Linares.
Esa
expansión del Vidatox al mercado europeo será determinante para el futuro y la
credibilidad del proyecto. En Labiofam apuestan a que lo conseguirán, mientras,
estos pequeños animalitos, de no más de tres pulgadas, seguirán dando de su
veneno para aliviar el dolor y, si al final se consigue, marcar la ruta hacia
un eventual tratamiento efectivo contra el cáncer.


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