IGLESIA CATÓLICA CUBANA INFORMA DEL FALLECIMIENTO DEL CARDENAL JAIME ORTEGA
LA
HABANA (26 Julio 2019).- La Iglesia católica de Cuba informó el viernes que el cardenal Jaime
Lucas Ortega y Alamino, quien llevó su labor pastoral en medio de las
dificultades que el proceso revolucionario cubano impuso a las prácticas
religiosas y fue parte de un histórico acercamiento con Estados Unidos,
falleció este viernes a los 82 años.
El
exarzobispo Ortega fue el intermediario que posibilitó los diálogos entre La
Habana y Washington y el reinicio de las relaciones entre ambos países en 2014,
luego de que los mandatarios Raúl Castro y Barack Obama pidieran en secreto al
papa Francisco ayuda para un acercamiento.
Aunque
siempre se habló de la participación de Ortega y la Iglesia Católica en las
conversaciones que acabaron con cinco décadas de ruptura diplomática, no fue
sino hasta 2017 que se supieron detalles del papel del prelado: llevar cartas
secretas de Francisco a las partes, intercambiar sus respuestas y posibilitar
el acercamiento, según se reveló en un libro suyo publicado con respaldo del
Vaticano.
En sus
últimos años, ya retirado y como arzobispo emérito de La Habana, no se le vio
mucho en público, pero continuó siendo recordado por su largo ministerio y la
intensidad de los momentos históricos en los que se vio envuelto.
En abril de
2016, el papa aceptó su renuncia al frente de la estratégica Arquidiócesis de
La Habana. Su figura se había ido
acrecentando con los años y alcanzó notoriedad cuando en 2010 y 2011 emprendió
gestiones y logró un acuerdo entre la Iglesia y el presidente Raúl Castro para
la liberación de un grupo de disidentes presos desde 2003.
A lo largo
de su vida pública, muchos opositores lo acusaron de ser útil al gobierno, pero
tanto él como sus colaboradores insistieron en que el lugar de la Iglesia no era
la política sino la labor humanitaria.
“Algunos,
pensando en la naturaleza de la Iglesia como una entidad política, de fuerza
política, que no tenía de ninguna manera, hubieran querido que fuéramos… `el
partido de la oposición que falta en Cuba’, y nosotros no podemos, nuestro rol
no puede ser ése, porque habría una desnaturalización de la Iglesia”, dijo en
2012 a estudiantes del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos
en Massachusetts.
Le tocó
además ser el anfitrión de tres visitas papales a Cuba, la de Juan Pablo II en
1998, la de Benedicto XVI en 2012 y la de Francisco en 2015.
“Es una
persona muy humanitaria con unos sentimientos extraordinarios”, dijo a la AP
Sergio Lázaro Ortega, primo hermano del cardenal durante una entrevista hace
algunos años. Ortega era hijo de un
obrero azucarero y un ama de casa que padeció muchas enfermedades.
Nacido en la
localidad de Jagüey Grande en Matanzas el 18 de octubre de 1936, el futuro
sacerdote y su familia se mudaron a la capital de la provincia cuando éste
tenía cinco años. El niño hizo sus estudios primarios para luego graduarse de
bachiller en Ciencias y Letras en 1955.
Un año
después ingresó en el seminario diocesano San Alberto Magno de los padres de
las Misiones Extranjeras de Quebec, Canadá, a donde se trasladó posteriormente.
Fue ordenado sacerdote el 2 de agosto de 1964 –la revolución ya había triunfado
y los religiosos eran mal vistos– y nombrado vicario cooperador de la ciudad de
Cárdenas.
En 1966 su
ministerio se interrumpió bruscamente cuando las autoridades cubanas lo
enviaron a las UMAP, un campo de trabajo militar en el cual se confinaron a
religiosos, homosexuales y cientos de personas disconformes con el proceso
revolucionario. Estos centros desaparecieron un año después, pero la marca de
este tiempo siempre quedó en el joven sacerdote.
En 1967,
Ortega fue nombrado sacerdote de Jagüey Grande y un par de años después fue
promovido a la Catedral de Matanzas. Desde entonces mostró un particular
interés por las actividades juveniles en la Iglesia y la evangelización en ese
sector de la sociedad.
Durante
estos años se desempeñó también como presidente de la comisión diocesana de
catequesis y profesor del Seminario Interdiocesano de San Carlos y San Ambrosio
en La Habana. Para 1978 su vida dio un nuevo giro, cuando se lo eligió obispo
de Pinar del Río. Después le llegó una nueva promoción: fue trasladado a la
sede metropolitana de San Cristóbal de La Habana el 21 de noviembre de 1981 a
la cual renunció en 2011 al cumplir los 75 años y como lo establecen las normas
vaticanas para los arzobispos.
En noviembre
de 1994, recibió de Juan Pablo II el título de cardenal, el único en Cuba, cuyo
gobierno comunista comenzaba a abrir el espacio a las religiones.
Ortega se
encontró entonces con otro problema: un crecimiento impresionante de la
santería, una tradición sincrética entre el catolicismo y la cultura africana
de los esclavos.
Sonriente,
recibió a Juan Pablo II en enero de 1998 durante una histórica visita que
conjuntó al Pontífice y al entonces presidente Fidel Castro.
En varias
ocasiones se le mencionó como un posible sucesor del papa polaco. Su retiro de la Arquidiócesis de La Habana
fue aprobado en 2016 –dos años después de su participación en las
conversaciones de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos– y lo remplazó el
obispo Juan de la Caridad García.
Ortega se
quedó viviendo en antiguo seminario de San Carlos y San Ambrosio en el corazón
de La Habana Vieja. En años de
tensiones y distensiones con las autoridades, demandó una y otra vez mayor
espacio para la evangelización: acceso a los medios de comunicación, permisos
para la educación religiosa y la caridad pública.
Sin embargo,
se esforzó para que su labor fuera interpretada en el marco de lo pastoral y
espiritual, y rechazó intervenir directamente en la política interior.


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