¿Se puede iniciar un tratamiento de reproducción asistida si la mujer no ha sido vacunada contra la COVID-19? ¿Podría vacunarse después? Son preguntas que para algunos quizá estén de más, pero que aún generan incertidumbre y dudas, en especial entre los miembros de una pareja que desea someterse a este proceso de concepción de un hijo.
El nuevo coronavirus, desconocido hasta diciembre de
2019, ha debido ser investigado, a la par de su propagación mundial, para poder
arribar a conclusiones que permitan establecer protocolos de actuación en todos
los niveles.
Las gestantes, vulnerables en todos los sentidos,
deben ser un grupo preferente de vacunación contra la COVID-19, asevera el
doctor Roberto Álvarez Fumero, quien está a cargo del Programa de Atención a la
Pareja Infértil en el Ministerio de Salud Pública.
Inquietudes
pasadas y aclaradas
El pediatra recordó que, según las evidencias de las
primeras investigaciones sobre el tema, las embarazadas no parecían tener un
mayor riesgo de infección con este virus o presentar síntomas más graves que la
población general, no se habían reportado muertes en este grupo y no existía
evidencia de transmisión vertical al feto durante el embarazo.
Tampoco había estado claro durante el primer año de la
pandemia si los hombres y las mujeres que intentan concebir mediante
reproducción asistida debían o no recibir la vacuna antes de iniciar el
tratamiento de fertilización in vitro, añadió.
«Por tal motivo, en una declaración realizada el 30 de
marzo de 2020 por la Federación Internacional de Sociedades de Ginecología y
Obstetricia (FIGO) se recomendaba suspender todos los tratamientos de
fertilidad, posponer todas las intervenciones de fertilidad no urgentes y que
las parejas buscaran la criopreservación de ovocitos y embriones para aplazar
el embarazo y la cirugía electiva.
«Sin embargo, durante 2021 han cambiado las
recomendaciones. Se propone ahora que los hombres y mujeres en edad
reproductiva que están planeando un embarazo deben incluirse en estos programas
de vacunación en función de su riesgo individual de enfermedad grave COVID-19 o
exposición profesional», explicó.
El Máster en Atención Integral al Niño comentó que,
históricamente, en otras epidemias por virus respiratorios las embarazadas se
han visto desproporcionadamente afectadas por enfermedades respiratorias
severas, con mayor tasa de mortalidad, ingreso en unidades de Cuidados
Intensivos (UCI) y otras enfermedades infecciosas asociadas, en comparación con
la población no embarazada.
«La FIGO ahora ha cambiado su postura e insta a los
obstetras-ginecólogos y otros profesionales de la Salud de América Latina a
prestar mucha atención al bienestar de las mujeres embarazadas y darle
relevancia a cualquier síntoma de fiebre, tos seca o dificultad respiratoria.
También recomienda garantizar diagnósticos y terapias oportunas y adecuadas,
siguiendo las recomendaciones de la Organización Panamericana y Mundial de la
Salud (OPS/OMS) sobre bioseguridad, para evitar el contagio frente a casos sospechosos
o portadores de infección por la COVID-19».
El impacto de la pandemia ha sido muy perjudicial para
la salud sexual y reproductiva, dijo Álvarez Fumero, y su expresión más
evidente es la mortalidad materna, pues este indicador se ha incrementado en varios
países de la región, sobre todo con la llegada de la altamente contagiosa cepa
Delta.
«En el primer semestre de este año las pautas de
vacunación frente a la COVID-19 han cambiado. Miles de gestantes han sido
vacunadas sin saber que estaban embarazadas, y a partir del seguimiento y
análisis de estos casos y de nuevos ensayos clínicos, se han publicado estudios
que no indican ningún efecto adverso de la vacuna sobre el embarazo. Además se
ha visto que mujeres vacunadas en el tercer trimestre de embarazo han
transmitido anticuerpos a su bebé, quien ha nacido ya con defensas contra la
COVID-19».
—¿Y
en el caso de las parejas que están en un tratamiento de su infertilidad?
—No existe motivo para justificar que se retrase el
deseo gestacional ni el inicio de un estudio o tratamiento de fertilidad,
incluidas las donaciones de gametos.
«Se aconseja que la administración de las vacunas se
lleve a cabo antes de iniciar la Terapia de Reproducción Asistida. Después solo
hay que tener en cuenta que deberán pasar dos semanas tras la última dosis para
poder iniciar el tratamiento de inseminación o transferencia de embriones; y si
a una mujer le coincide la vacunación inmersa en el tratamiento de fertilidad,
se recomienda que se vacune y continúe el desarrollo del ciclo.
«Recordemos que durante la gestación aumenta el riesgo
trombótico inherente a ese estado y el riesgo trombótico de la COVID-19, por lo
que es muy importante protegerse. También el virus es de tipo respiratorio y,
sobre todo en el tercer trimestre, disminuye la capacidad respiratoria debido
al aumento del tamaño del útero y la presión ejercida sobre el diafragma».
—¿Influye
la vacuna en el éxito de un tratamiento de reproducción asistida?
—Ninguna vacuna afecta el proceso de embriogénesis. En
nuestro país cada año, en el primer trimestre, se les administra la vacuna
contra la gripe a todas las gestantes y no han podido ser asociadas a la
ocurrencia de abortos, pérdidas fetales ni defectos congénitos.
«Insisto. Está recomendada la vacunación en todas las
mujeres embarazadas, por vía fisiológica o a través de técnicas de reproducción
asistida, con énfasis en aquellas que padecen enfermedades crónicas y en
mujeres con un alto riesgo de exposición a la infección por el virus».
Por ANA MARÍA DOMÍNGUEZ CRUZ/Juventud Rebelde
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