En un slasher Mickey Mouse, de icono adorable a psicópata vengativo
MADRID, España (3 Enero 2024).- Mickey Mouse va a pasar de divertir a los espectadores más pequeños a aterrorizar a los mayores. Lo hará con un slasher -el género narrativo del psicópata vengativo que persigue y mata a los protagonistas, el mismo esquema al que pertenecen Scream o Sé lo que hicisteis el último verano- en el que el famoso ratón se convertirá en el asesino de los pasajeros de un barco.
No es una disparatada idea de The Walt Disney Company para darle una vuelta de tuerca a su personaje más querido, sino la consecuencia de que Mickey y su primer cortometraje, Willie y el barco de vapor, estrenado en 1928, hayan cumplido 96 años, la edad máxima a la que las obras de arte pasan al dominio público en Estados Unidos.
La nueva condición significa que la compañía Disney ha
perdido los derechos de autor sobre la obra original, así como sobre las
primeras versiones de Mickey y Minnie, quien también debutó en el corto, y que
los personajes, por tanto, pueden ser utilizados por cualquier artista en
nuevas obras audiovisuales o literarias sin solicitar permiso ni pagar por
ello. Y quien no corre vuela. El director Steven LaMorte, un cineasta conocido
por algunos cortos y por una película de zombies llamada Bury me twice, ha
anunciado con el año nuevo que tiene en marcha un proyecto de terror con Mickey
como protagonista y reclamo. El guion existe aunque aún no tiene título
definitivo y hay planes de empezar a rodar en primavera. LaMorte ya hizo algo
parecido con The Mean One, una parodia de terror de ¡Cómo el Grinch robó la
Navidad!, un libro de Dr. Seuss que está en el canon de los relatos navideños
clásicos. Ahora, asegura que su deseo no es arruinar a los personajes ni hacer
dinero fácil, sino honrarlos y ampliarlos con un nuevo enfoque.
Hay más nuevas vidas para Mickey. Con el año nuevo han
aparecido también noticias de otro proyecto llamado Mickey's Mouse Trap,
dirigido por Jamie Bailey, un oscuro productor que, al parecer, ha convertido
al ratón de Disney en la víctima de una comedia de terror. En un comunicado de
prensa, Bailey ha afirmado que su película está rodada y que espera estrenarla
en marzo. Las referencias son más imprecisas, pero Bailey ha incluido las primeras
imágenes del Mickey malo.
Disney hará lo que pueda para impedir que esas
réplicas lleguen al mercado. En la empresa llevan décadas protegiendo con celo
a su mayor activo (en 1988 impulsaron la llamada Ley de Protección de Mickey
Mouse y lograron una prórroga en su propiedad intelectual) y aún retienen
algunos derechos sobre el personaje. En realidad, lo que pasa a dominio público
es el cortometraje y esa primera imagen de Mickey y Minnie, no las posteriores.
Tampoco LaMorte podrá usar el nombre oficial del personaje, que en su película
se llamará Steamboat Willie, como el título del corto de 1924. «Seguiremos
protegiendo nuestros derechos sobre las versiones modernas de Mickey Mouse y
otras obras que siguen sujetas a derechos de autor y trabajaremos para
protegernos contra la confusión de los consumidores causada por usos no
autorizados de nuestros personajes», explicó Disney el mes pasado.
La jugada de pasar un personaje adorable al terror,
aunque llamativa, no es ni mucho menos original. Además del ejemplo del Grinch,
tenemos el precedente de Winnie the Pooh: Miel y sangre. Cuando el osito
naranja pasó a dominio público, una productora independiente realizó su propio
slasher dirigido por de Rhys Frake-Waterfield y pronto llamó la atención de
internet. Tanto, que su estreno previsto para streaming saltó a las salas de
cine en algunos países -en España pasó por el Festival de Sitges y después se
estrenó en el canal DARK- y recaudó más de cinco millones de dólares a partir
de un presupuesto de 100.000.
La expiración de los derechos de autor varía en
función del país, pero se mueve en una orquilla similar. En Europa llega a los
70 años desde la muerte del autor (80 en el caso de España), la misma cifra que
rige en Estados Unidos, aunque allí los herederos pueden prorrogar sus derechos
15 años más. O 26, en el caso de Disney y su ejército de abogados.
Por ÁLVARO ONIEVA/El Mundo.es
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