La Santa Sede en la ONU espera en Haití puedan crearse las condiciones sociales e institucionales necesarias que permitan al país emprender el camino de la paz y la seguridad
NUEVA YORK (30 Septiembre 2025).- En el 80 aniversario de la Asamblea General de la ONU, el Secretario de Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales recuerda la necesidad de trabajar por la paz mediante el desarme, el respeto del derecho humanitario y la superación de la crisis del multilateralismo. Reitera la dignidad de la persona, el cuidado de la creación y los riesgos de la IA, esperando que la diplomacia y el diálogo conduzcan a un alto el fuego en las zonas de conflicto.
Como el Papa León XIV al inicio de su pontificado, el
Arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los
Estados y las Organizaciones Internacionales, en la Asamblea General de la ONU,
con ocasión del 80 aniversario de su creación, se abrió con un llamamiento a la
paz, objetivo hacia el que deben converger los esfuerzos de la comunidad
internacional, llamada a adaptarse a un mundo "transformado" y
marcado por las "amenazas emergentes".
De Ucrania a Oriente Próximo, de Sudán a la República
Democrática del Congo y otros escenarios de conflicto, la vía indicada sigue
siendo la del diálogo, el multilateralismo y el desarme. En este contexto
"agitado", la Santa Sede reafirma la necesidad de poner en el centro
la "dignidad de la persona humana", protegiendo el derecho a la vida,
afrontando la crisis climática -causa de desigualdades que afectan
particularmente a migrantes y refugiados- y estando atentos a los riesgos de la
inteligencia artificial, definida como un objetivo "extraordinario"
pero potencialmente peligroso si sacrifica la dignidad a la eficacia.
Promover
la cooperación multilateral
El discurso, pronunciado la noche del 29 de septiembre
en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, comienza con la observación de
que la "cooperación multilateral" es esencial para abordar los
problemas mundiales. Para ello, es necesario reafirmar los valores primordiales
de la organización: promover la paz internacional, el desarrollo y los derechos
humanos universales, valores que son "aún más importantes en un mundo cada
vez más fragmentado". Está marcado por un "aislacionismo" que es
la causa de una "inestabilidad previsible", que se traduce en las
lacras que afligen hoy en día: "la escalada de las tensiones geopolíticas,
la crisis climática en curso, el aumento de las desigualdades y la pobreza
creciente". Cuestiones que dan testimonio de un contexto internacional
cambiado, con nuevas "amenazas" que "ningún país puede afrontar
solo". En este contexto, la Santa Sede actúa como "voz de los sin
voz", promoviendo "un mundo en el que la paz prevalezca sobre los
conflictos, la justicia triunfe sobre las desigualdades, el Estado de derecho
sustituya al poder y la verdad ilumine el camino hacia el auténtico bienestar
humano".
Construir
la paz
El arzobispo se detiene en la paz: no simple
"ausencia de conflicto" o equilibrio entre adversarios, sino un valor
arraigado en el "respeto mutuo", "activo y envolvente",
como ya afirmaba el Papa León XIV. Para construirla, es necesario rechazar el
"odio" y la "venganza", favoreciendo en su lugar "el
diálogo y la reconciliación". Valores que pertenecen al corazón de la diplomacia
y que la comunidad internacional está llamada a promover con gestos concretos.
En este sentido, la Santa Sede ha renovado su propuesta de un fondo mundial,
alimentado en parte por gastos militares, para erradicar la pobreza y el
hambre, promover el desarrollo sostenible y afrontar el cambio climático.
Frenar
la proliferación nuclear
El silencio sobre las armas, subrayó Gallagher, pasa
por la "creación de confianza". En este contexto, resulta chocante la
carrera armamentística, que genera "nuevas amenazas" y "exacerba
los temores". La asombrosa cifra del gasto militar mundial -2,72 billones
de dólares en 2024- perpetúa "ciclos de violencia y división",
restando recursos a los pobres y vulnerables. El desarme no es un cálculo
político, sino un "imperativo moral". Por eso es preocupante que
varios Estados estén retirando sus compromisos de los tratados internacionales.
Una alarma que afecta sobre todo a las cabezas nucleares: hay que reducir los
arsenales, frenar la modernización de los arsenales. Los datos disponibles
hablan de más de 12.000 ojivas nucleares en el mundo, "con una potencia
explosiva total de 1,5 gigatoneladas, equivalente a más de 100.000 bombas del
tipo de las lanzadas sobre Hiroshima". Y es en el 80 aniversario del bombardeo
de la ciudad japonesa, junto con Nagasaki, en 1945, cuando Gallagher afirma que
no cabe duda de que "un mundo libre de armas nucleares es necesario y
posible".
Respeto
del derecho internacional humanitario
Otro "pilar" de la paz es el respeto del
derecho internacional humanitario. Su violación -con ataques a civiles,
hospitales, escuelas y lugares de culto- constituye un "grave crimen de
guerra". A ello se añade la utilización del hambre como arma. El personal
militar, recordó Gallagher, es "plenamente responsable" de sus actos,
que no pueden justificarse obedeciendo órdenes. Muchos trabajadores
humanitarios operan también en contextos de guerra, cuya misión está marcada
por inmensos desafíos: amenazas a la seguridad, escasez de recursos, acceso
limitado al socorro.
Promover
la libertad
La Santa Sede también hizo un llamamiento en favor de
la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Más de 360 millones de
cristianos viven hoy en zonas de "grave persecución o
discriminación", lo que convierte al cristianismo en "el grupo
religioso más perseguido del mundo". Ningún Estado o sociedad, advirtió,
debe obligar a las personas a actuar en contra de su conciencia. En este
contexto, es fundamental el diálogo interreligioso: no un mero intercambio de ideas,
sino "un camino compartido hacia el respeto mutuo, la justicia y la
paz". Un compromiso urgente en un mundo marcado por extremismos,
polarizaciones y conflictos a menudo alimentados por malentendidos. La Santa
Sede, recordó Gallagher, está también en primera línea al celebrar el 60
aniversario de la Declaración del Consejo sobre las relaciones con las religiones
no cristianas, Nostra Aetate
Preservar
la dignidad humana
Todo esfuerzo de la comunidad internacional debe
situar en el centro "la dignidad de la persona". Garantizar los
bienes esenciales significa también defender el derecho a la vida, "desde
la concepción hasta su fin natural". La Santa Sede ha reiterado la
ilegitimidad del aborto y la eutanasia, prácticas que promueven una "cultura
de la muerte". En su lugar, deben dedicarse recursos a la protección de la
vida, con una atención sanitaria adecuada y cuidados paliativos. Gallagher
advirtió: "sólo hay un derecho a la vida"; no puede haber contrario,
aunque se presente falsamente como libertad. Cuando se aleja de la "verdad
objetiva y universal", añadió, incluso el derecho a la vida corre el
riesgo de ser negociado. Entre las prácticas que atentan contra la dignidad
humana, el arzobispo denunció la maternidad subrogada, que reduce a la mujer y al
niño a "meros productos".
La
soberanía de la ley
Hace diez años, hablando desde el mismo estrado desde
el que se dirigió el secretario vaticano, el Papa Francisco había afirmado que
la labor de las Naciones Unidas puede considerarse "como el desarrollo y
la promoción de la soberanía del derecho, sabiendo que la justicia es un
requisito indispensable para realizar el ideal de la fraternidad
universal". Hoy, la Santa Sede reitera que "ningún individuo o grupo,
independientemente de su condición, debe arrogarse la autoridad de violar la
dignidad y los derechos de los demás o de sus comunidades".
Erradicar
el hambre y la pobreza
Para la Santa Sede, erradicar el hambre y la pobreza
es una "obligación moral" porque privan a las personas del potencial
que Dios les ha dado. Una tragedia que el Papa ya ha calificado de "aún
más triste y vergonzosa cuando nos damos cuenta de que, aunque la tierra es
capaz de producir alimentos suficientes para todos los seres humanos". La
clave para resolver la crisis está "en compartir, más que en acaparar
codiciosamente". La producción de alimentos no es suficiente: va de la
mano de garantizar la sostenibilidad de unos sistemas alimentarios que
proporcionen "dietas sanas y accesibles para todos". Se trata, pues,
de "repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios, en una perspectiva
de solidaridad".
Desigualdades
globales y alivio de la deuda
La superación de las desigualdades globales -ya sean
económicas, sociales o medioambientales- es otro desafío urgente para la Santa
Sede. Hoy en día persisten profundas desigualdades en la distribución de la
riqueza, el acceso a la educación, la salud, la seguridad alimentaria y unas
condiciones de vida adecuadas, a menudo exacerbadas por "injusticias
sistémicas, conflictos y degradación medioambiental". Por tanto, es
imperativo abordar sus causas estructurales: "sistemas comerciales
injustos, prácticas laborales explotadoras, acceso desigual a los
recursos". Las pesadas cargas de la deuda atrapan a naciones enteras en la
pobreza: por ello, su cancelación no es sólo un acto de generosidad, sino una
"cuestión de justicia". Un valor aún más urgente por el
reconocimiento en de una nueva forma de deuda: la deuda "ecológica",
que se manifiesta principalmente entre el Norte y el Sur del mundo, vinculada a
los desequilibrios comerciales, los efectos medioambientales y el uso
desproporcionado de los recursos naturales por parte de algunos países durante
largos periodos de tiempo.
El
cuidado de la creación y la crisis climática
Tomarse en serio la cuestión de la "deuda
ecológica" es también una cuestión de "justicia medioambiental",
que ha dejado de ser un concepto abstracto o un objetivo lejano. Gallagher
señaló cómo el contexto geopolítico actual está marcado por "una crisis del
multilateralismo", pero también por una cuestión climática con
implicaciones cada vez más evidentes: afecta sobre todo a los más vulnerables
-los pobres, las generaciones futuras- "que son también los menos
responsables". Por ello, es necesario reforzar la cooperación
internacional, promover el intercambio de tecnologías y la acción por el clima,
invirtiendo en una "cultura del cuidado que enseñe nuevas formas de
vida".
Migrantes
y refugiados
De las profundas desigualdades mundiales, los
migrantes y los refugiados son, según la Santa Sede, las "primeras
víctimas". La respuesta a estos problemas no puede ser sólo política: debe
basarse en un enfoque ético, humanitario y solidario, que debe garantizarse
independientemente del estatus de quienes han abandonado su país, respetando el
"principio de no devolución" y evitando la violencia y la
explotación. Debe prestarse especial atención a la reagrupación familiar,
reconociendo el papel fundamental de este núcleo "en el desarrollo humano,
la salud psicológica y la estabilidad social". Para reducir los riesgos
asociados a la migración irregular, la Santa Sede pidió que se amplíen los
canales seguros de migración, contrarrestando así las acciones de los
traficantes y reduciendo los viajes peligrosos, a menudo letales.
El
reto de la inteligencia artificial
Junto a los grandes desafíos globales, como ya señaló
el Papa León XIV, la comunidad internacional se enfrenta a "otra
revolución industrial": la que plantea la Inteligencia Artificial (IA).
Ésta representa "un logro tecnológico extraordinario" que está
moldeado por la creatividad humana, pero que produce resultados que pueden
exceder sus capacidades, "generando preocupaciones sobre su impacto en
nuestra sociedad". Se basan en el riesgo de que la IA alimente un "paradigma
tecnocrático", según el cual todos los problemas del mundo sólo pueden
resolverse mediante la tecnología. Un enfoque que corre el riesgo de subordinar
la dignidad humana y la fraternidad a la eficiencia. Por ello, la Santa Sede ha
pedido que se elaboren y adopten directrices éticas y marcos normativos claros
para la IA.
Preservar
los derechos de los trabajadores
El uso cada vez más extendido de la IA, prosiguió el
secretario vaticano, pone en peligro muchos puestos de trabajo. Por lo tanto,
es necesario implementar sistemas económicos que se centren en la creación de
nuevos puestos de trabajo y fomenten el espíritu empresarial. Unos salarios
justos y unas condiciones de trabajo sostenibles, especialmente para las
mujeres, son también cruciales para fortalecer las unidades familiares. La
Santa Sede también pidió un compromiso renovado para apoyar a los jóvenes que
desean construir una familia, definida como un "pacto matrimonial entre un
hombre y una mujer".
La
crisis en Ucrania
Subrayando la importancia de un diálogo "claro y
sin ambigüedades" en la búsqueda de su resolución, el arzobispo repasó a
continuación los diversos conflictos y situaciones de especial malestar
presentes en el contexto geopolítico actual. En primer lugar, la crisis de
Ucrania: "una de las más profundas y dolorosas". Ciudades antaño
"vibrantes" reducidas a escombros, niños obligados a crecer entre
"sirenas y refugios" en lugar de juegos y sonrisas. "Esta guerra
debe terminar ahora, no en un futuro indefinido", es el llamamiento de la
Santa Sede, que ha renovado la petición hecha por el Pontífice de un "alto
el fuego inmediato", premisa indispensable "para iniciar un diálogo
sincero y valiente". Todos los países reunidos en las Naciones Unidas
están llamados a rechazar la "pasividad" y a apoyar concretamente
cualquier iniciativa que pueda abrir el camino a una paz justa y duradera.
Oriente
Medio
La Santa Sede mira también con atención la situación
en Oriente Medio, reafirmando la necesidad de una paz "justa y
estable" entre israelíes y palestinos, basada en la solución de los dos
Estados, en el respeto del derecho internacional y de las resoluciones de la
ONU. León XIV exigió con firmeza el fin de la violencia, pidiendo la liberación
de todos los rehenes, un alto el fuego permanente, el acceso seguro de la ayuda
humanitaria y el pleno respeto del derecho internacional, en particular en lo
que se refiere a la protección de los civiles, la prohibición de los
"castigos colectivos" y el uso indiscriminado de la fuerza. La cuestión
de Jerusalén también es central: una solución "justa", basada en
resoluciones internacionales, es indispensable para la paz. Cualquier decisión
unilateral que altere el estatus especial de la ciudad es "moral y
legalmente inaceptable".
Siria
y África
En cuanto a la situación en Siria, la Santa Sede reiteró la necesidad de una transición de gobierno "pacífica y justa". Acogió con satisfacción los signos de progreso democrático que están surgiendo en varios países africanos, donde hay un creciente compromiso con las "elecciones multipartidistas", la participación cívica y las reformas institucionales. Sin embargo, persisten graves obstáculos: "autoritarismo, reformas constitucionales arbitrarias y corrupción endémica", que minan la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Zonas como el Sahel, Cabo Delgado y algunas áreas del Cuerno de África son ahora epicentros de inestabilidad, donde la "amenaza yihadista", la pobreza, el tráfico de personas, la crisis climática y los conflictos internos se entrelazan en una "espiral que amenaza la vida de millones de personas". Frente a estos retos, la resiliencia de las comunidades africanas - "en particular de los jóvenes"- sigue siendo un recurso precioso, que debe apoyarse con inversiones específicas.
República
Democrática del Congo
El empeoramiento de la situación en el este de la
República Democrática del Congo preocupa mucho a la Santa Sede. Por un lado, se
considera positiva la firma del Acuerdo General de Paz entre el gobierno local
y el grupo armado M23, así como el acuerdo alcanzado entre los ministros de
Asuntos Exteriores del Congo y Ruanda para poner fin a décadas de conflicto en
el este del país africano. Sin embargo, sigue preocupando la aparición de
nuevas oleadas de violencia: el pasado mes de julio, recordó Gallagher, las
Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) perpetraron un brutal ataque contra una
iglesia en Komanda, en la región de Ituri, en el que murieron más de 40 fieles.
La retirada de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (MONUSCO) también
plantea dudas sobre su capacidad para proporcionar seguridad y hacer frente a
los continuos desafíos de la región.
Sudán
y Sudán del Sur
Gallagher también mencionó el conflicto en Sudán, renovando de nuevo su llamamiento a un alto el fuego inmediato y al inicio de negociaciones genuinas. "El grito de dolor del pueblo sudanés debe ser escuchado, no hay más espacio para la indiferencia". También se prestó especial atención a la evolución de los acontecimientos en Sudán del Sur, donde la Santa Sede pidió a las fuerzas políticas que sigan con sinceridad y responsabilidad el camino del diálogo y la cooperación, aplicando plenamente el Acuerdo de Paz firmado en 2018.
Narcóticos
y el Caribe
También alimenta las olas de "violencia
extrema" el flagelo del narcotráfico, particularmente en América Latina.
Junto a los esfuerzos conjuntos de los Estados para combatir el narcotráfico,
la Santa Sede pidió que se invierta urgentemente en "desarrollo humano".
A continuación, la mirada del secretario vaticano se desplazó hacia las
crecientes tensiones en el Caribe, en particular en Haití, donde el Vaticano
espera que puedan crearse las condiciones sociales e institucionales necesarias
que permitan al país emprender el camino de la paz y la seguridad. Pero también
se mencionó la situación en Nicaragua, con la esperanza de que se garanticen
plenamente la libertad religiosa y otros derechos fundamentales de las personas
y de la sociedad.
Sudeste
asiático
La Santa Sede también observa con creciente
preocupación las tensiones en el sudeste asiático. Concretamente en Myanmar,
donde tras cuatro años y medio de guerra interna "la población está
devastada". En este contexto de conflicto, están en auge fenómenos criminales
como los llamados centros de estafa: instalaciones en las que se obliga a
personas víctimas de la trata de seres humanos a engañar a usuarios de
Internet, transfiriendo dinero a redes criminales. Según recientes estudios
citados por el arzobispo, hay decenas de miles -si no cientos de miles- de
personas recluidas en estos centros, situados principalmente en las zonas
fronterizas de Myanmar, Tailandia, China, Camboya y Laos. Una industria
"multimillonaria" que produce "millones de víctimas" en
todo el mundo. En este sentido, el Vaticano ha alentado los procesos de diálogo
y cooperación promovidos por la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático
(ASEAN).
Balcanes
y Cáucaso
La panorámica del contexto internacional concluyó
destacando la atención de la Santa Sede al contexto balcánico, en el que países
"ligados a Europa por razones históricas, culturales y geográficas"
aspiran a una integración cada vez más estrecha con la Unión Europea. Es
fundamental", subrayó el Vaticano, "que las diferencias étnicas,
culturales y religiosas no se conviertan en motivo de división, sino al
contrario en un elemento de 'enriquecimiento' para el continente". En
cuanto al Cáucaso, la Santa Sede se congratuló de los acuerdos de paz firmados
el pasado mes de agosto entre Armenia y Azerbaiyán, invitando a ambas partes a
proseguir en el camino de la reconciliación.
Reforzar
un multilateralismo eficaz
Al concluir su discurso, Gallagher reiteró el valor
duradero de las Naciones Unidas y el bien que ha realizado en ochenta años de
historia, sin ocultar sus "limitaciones y dificultades" que hoy ponen
en entredicho su "credibilidad". Estas fragilidades, sin embargo, no
deben oscurecer los éxitos logrados, sino estimular un renovado compromiso con
su reforma y revitalización, adaptándola a las necesidades del presente.
"Lo importante -dijo el arzobispo- es resistir a la tentación de sustituir
estos programas fundamentales por nuevas ideas" que corren el riesgo de
desvirtuar la misión de la ONU y sus cuatro pilares: la promoción de los
derechos humanos, la protección de la paz y la seguridad internacional, el
desarrollo sostenible y el Estado de derecho. Es precisamente este último el
que constituye la condición indispensable de todo orden internacional justo. El
aniversario de las Naciones Unidas", concluyó Gallagher, "es una
oportunidad para reforzar su papel como faro de esperanza y fuerza positiva al
servicio de las necesidades más urgentes de la humanidad".
Por EDOARDO GIRIBALDI/Vatican
News


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