"Las divisiones entre cristianos opacan el rostro de Cristo": Papa León XIV

CIUDAD DEL VATICANO (26 Enero 2026).- Al celebrar en la Basílica de San Pablo Extramuros las segundas vísperas de la solemnidad de la conversión de San Pablo, León XIV recuerda que la misión de los cristianos de hoy es anunciar a Cristo y confiar en él.

«¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!». Las palabras del papa León resuenan en la basílica de San Pablo Extramuros durante las segundas vísperas de hoy, 25 de enero, que concluyen la 59.ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la solemnidad de la conversión del apóstol de las gentes. Son palabras que llegan como un estímulo, una invitación fecunda a los hermanos de las diferentes Iglesias y comuniones cristianas presentes en la Basílica para seguir caminando juntos, para llegar a «comunicar» con «una sola voz la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo».

El encuentro que transforma


«Encendido por sus llamas, se prodigó por el nombre de Cristo. Ardió por él sin reservas, predicando el amor de Cristo». Es el himno Excelsam Pauli gloria, cantado por el Coro de la Basílica de San Pablo y de la Capilla Sixtina, en el que se exalta «el glorioso triunfo de Pablo», el que narra la transformación del «más pequeño de los apóstoles», que se definía así porque se consideraba indigno debido a su pasado como perseguidor de la Iglesia. Sin embargo, ese pasado no lo convierte en prisionero, subraya el Papa, sino que él mismo se define como «prisionero por causa del Señor»: una perspectiva completamente diferente. El cambio del hombre pasa por un nombre diferente, la nueva vida que Dios da en el encuentro con Él. «Así se nos recuerda —afirma o León XIV— que su misión es también la misión de todos los cristianos de hoy: anunciar a Cristo e invitar a todos a confiar en Él».


Cada verdadero encuentro con el Señor es, de hecho, un momento transformador, que da una nueva visión y una nueva dirección para cumplir la tarea de edificar el Cuerpo de Cristo.”

Las divisiones


El Evangelio no puede callarse, debe anunciarse porque, como se lee en Lumen Gentium, constitución dogmática fruto del Concilio Vaticano II, ilumina a los hombres con la luz de Cristo «que resplandece en el rostro de la Iglesia». Una luz que consuela, pero que también puede verse oscurecida.


“La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos llama cada año a renovar nuestro compromiso común en esta gran misión, conscientes de que las divisiones entre nosotros, si bien no impiden que brille la luz de Cristo, hacen sin embargo más opaco ese rostro que debe reflejarla en el mundo.”


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