Más de medio millón de habaneros participaron en la Marcha del Pueblo Combatiente en honor póstumo a los 32 caídos en Caracas
LA HABANA, Cuba (16 Enero 2026).- Desde horas tempranas del viernes miles de habaneros, en representación de toda Cuba, se concentraron para un acto y marcha anti-imperialistas, como un nuevo homenaje a los héroes caídos y a la vez, como muestra de que este pueblo no se rendirá jamás, y que la renuncia a nuestras conquistas es imposible.
Presidieron el acto solemne el Primer Secretario del
Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República,
Miguel Díaz-Canel Bermúdez; el Comandante del Ejército Rebelde José Ramón
Machado Ventura; junto a ellos, otros miembros del Comité Central,
organizaciones de masas, el Estado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el
Ministerio del Interior y, sobre todo, el pueblo cubano que se congregó para
rendir homenaje.
Es un encuentro de sentimientos, donde las palabras
oficiales se mezclaron con los silencios de la multitud y con los aplausos que
emergían como ráfagas de gratitud. En medio de la multitud, la voz del
Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez se alzó para recordar que la historia no
se escribe con ingenuidad.
Evocó las palabras del Che, cuando advirtió que al
imperialismo no se le puede confiar “ni tantico así”. Y en ese mismo espíritu,
trajo a la memoria la firmeza del Coronel Humberto Roca Sánchez, uno de los 32
combatientes caídos en cumplimiento del deber, quien había sentenciado: “Solo
sobre mi cadáver podrán llevarse a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores”.
Díaz-Canel subrayó que aquellos hombres no fueron
simples víctimas de un accidente: fueron héroes, «nuestros héroes cubanos». En
su discurso, la memoria se enlazó con la grandeza de Fidel y Chávez, líderes
que llevaron hasta los rincones más estrechos la libertad, la igualdad y la
soberanía.
El Presidente recordó que por más de 25 años Cuba y
Venezuela han compartido lazos de amistad y solidaridad, y que más allá de las
fronteras, cubanos y venezolanos son hermanos. Con firmeza, evocó también las
palabras de Fidel: “No nos gusta que nos amenacen”, reafirmando que la dignidad
no se negocia.
En un tono más íntimo, Díaz-Canel citó el poema del
Apóstol, «Abdala», cuando dijo: «El amor, madre, a la patria No es el amor
ridículo a la tierra Ni a la yerba que pisan nuestras plantas, Es el odio
invencible a quien lo oprime, Es el rencor eterno a quien lo ataca».
Desde la Tribuna Antimperialista, donde tantas veces
se ha levantado la voz, hoy se levanta algo más hondo: la certeza de que la
memoria también marcha. Que el dolor, cuando se comparte, se vuelve columna.
Que la pérdida, cuando se nombra, se vuelve luz.
Hay un aire espeso, cargado de nombres y de ausencias.
Un país entero parece detener la respiración para recordar a los 32 que no
regresaron. No hay estridencia: hay un silencio que duele y, al mismo tiempo,
convoca. Un silencio que se convierte en camino.





No hay comentarios.: