Perdóname Mujer

Perdóname la mala fe

y la mirada lujuriosa con que te observo.

¿Pero de qué otra forma podría hacerlo?

Si tú lo provocas por ser como eres:

tan exquisita, tan sensual...

que invitas y exacerbas mis deseos

y le dices "ven" a mis ganas de amar.

​Perdóname, te ruego, por imaginar lo que imagino,

por quitarte la ropa con el pensamiento

y recorrer cada rincón de tu geografía

mientras guardo silencio y te contemplo.

Es que tu paso es un poema en movimiento

y tu presencia, una dulce condena de la cual no quiero escapar.

​Discúlpame si mis ojos se pierden en tu boca

o si el pulso se me acelera cuando estás cerca.

No es falta de respeto, es un tributo a tu esencia;

porque hay bellezas que no admiten la indiferencia

y cuerpos que parecen diseñados por el mismo cielo

para despertar el hambre de quien sabe apreciar el arte.

​Perdóname por este fuego que no se apaga,

por quererte poseer sin haberte siquiera tocado.

Es que eres el pecado más hermoso que he cometido,

la tentación que me dicta versos al oído

y la única razón por la que mi alma se atreve,

entre suspiros, a pedirte perdón una vez más...

​¡Por estas ganas inmensas de degustarte,

de despertar el libídine néctar de tu cuerpo!

En buen dominicano:

¡De comerte con yuca... y hasta sin ella!

​Con Dios siempre, a sus pies. DIAZ 

​Perdóname la mala fe

y la mirada lujuriosa con que te observo.

¿Pero de qué otra forma podría hacerlo?

Si tú lo provocas por ser como eres:

tan exquisita, tan sensual...

que invitas y exacerbas mis deseos

y le dices "ven" a mis ganas de amar.

​Perdóname, te ruego, por imaginar lo que imagino,

por quitarte la ropa con el pensamiento

y recorrer cada rincón de tu geografía

mientras guardo silencio y te contemplo.

Es que tu paso es un poema en movimiento

y tu presencia, una dulce condena de la cual no quiero escapar.

​Discúlpame si mis ojos se pierden en tu boca

o si el pulso se me acelera cuando estás cerca.

No es falta de respeto, es un tributo a tu esencia;

porque hay bellezas que no admiten la indiferencia

y cuerpos que parecen diseñados por el mismo cielo

para despertar el hambre de quien sabe apreciar el arte.

​Perdóname por este fuego que no se apaga,

por quererte poseer sin haberte siquiera tocado.

Es que eres el pecado más hermoso que he cometido,

la tentación que me dicta versos al oído

y la única razón por la que mi alma se atreve,

entre suspiros, a pedirte perdón una vez más...

​¡Por estas ganas inmensas de degustarte,

de despertar el libídine néctar de tu cuerpo!

En buen dominicano:

¡De comerte con yuca... y hasta sin ella!

​Con Dios siempre, a sus pies.


​Por LEONARDO CABRERA DIAZ 


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