Señora Tormento

No le faltaba nada; le sobraba belleza.

¡Qué cosa más linda!

Tan bien hecha,

una obra maestra.

Tal parece que se tomaron su tiempo; para nada tuvieron prisa.

Calcularon detenidamente cada detalle: algo hermoso,

en un grado sublime.

Imposible de replicar,

incluso mirando su diseño.

Lo excelso de lo excelso,

una beldad sin igual.

Un tormento hecho mujer,

la belleza llevada al extremo.

Y frente a ella, estaba yo: perplejo y atónito,

enmudecido, sin palabras...

pero deseando decir tantas cosas.

Pero no pude articular nada.

Su imagen se volvió mi tatuaje interno,

un trazo de luz que no conoce el olvido.

Su figura sinigual quedó grabada en el pecho,

como un paisaje único que mis ojos jamás olvidarán.

Ni siquiera sé su nombre,

pero le llamaré…

Señora Tormento. “Mi venusita”


Con Dios siempre, a sus pies.

 

 

Por LEONARDO CABRERA DÍAZ  


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