El Dios en quien creemos no se deja encerrar en la lógica humana ni en nuestros cálculos limitados. Él mismo lo aclara cuando afirma: “Mis caminos no son sus caminos”.
Esta verdad nos invita a la humildad y a la confianza, especialmente cuando la realidad nos desconcierta y no encontramos respuestas inmediatas.
Muchas veces pretendemos comprender a Dios desde nuestros criterios, pero Él actúa con una sabiduría que supera toda previsión.
En medio de las pruebas personales y de las dificultades que vive nuestro pueblo, esta certeza nos sostiene: Dios sigue obrando, aun cuando no lo percibamos.
Creer en Él es aceptar que su amor va más allá de lo que entendemos y que sus designios, aunque misteriosos, buscan siempre nuestro bien y nuestra salvación.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
Por RAMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
Arzobispo emérito de la arquidiócesis de Santiago


No hay comentarios.: