Para El Vaticano: La donación de órganos es un acto de amor que supera la muerte
CIUDAD DEL VATICANO (17 Febrero 2026).- El cardenal Secretario de Estado visita la nueva unidad de diálisis del hospital vaticano Bambino Gesù. A continuación, interviene en el encuentro sobre el tema «La cultura del don», afirmando que toda contribución, incluso económica, que apoya a los enfermos se convierte en «Providencia que pasa por las manos del hombre».
La naturaleza del don en una época en la que todo se
mide «en términos de beneficio, rendimiento y utilidad». ¿Qué se puede donar?
Mucho, todo: el dinero, que «cuando está animado por la caridad se convierte en
instrumento de justicia»; un órgano, para reafirmar un amor que «supera la
muerte»; el tiempo, que en el frenesí actual se convierte en «una de las formas
más elevadas de caridad». Con estas palabras, el cardenal Secretario de Estado,
Pietro Parolin, intervino esta mañana, martes 17 de febrero, en el hospital
pediátrico romano Bambino Gesù, en la sede del Gianicolo.
Primero el cardenal visitó y bendijo la nueva unidad
de diálisis del hospital y, a continuación, participó en la Sala Salviati en el
encuentro de profundización sobre el tema «La cultura del don», junto con el
presidente Tiziano Onesti; Francesco Emma e Isabella Guzzo, responsables
respectivamente de nefrología y diálisis pediátrica y de la clínica de
trasplantes renales; Paolo Bonassi, de Intesa Sanpaolo, que ha apoyado la
remodelación de las instalaciones; y el joven Samuele Galimberti, que ha
aportado su testimonio como paciente. Las intervenciones han sido moderadas por
el vaticanista de Tg1, Ignazio Ingrao.
El
don económico que puede convertirse en una forma concreta de amor
«El don es un lenguaje silencioso pero muy poderoso
con el que los hombres y las mujeres expresan lo mejor de sí mismos», explicó
Parolin, reafirmando que la generosidad permite salir de uno mismo para abrirse
al prójimo. Las formas del don son múltiples, pero todas dan gloria a Dios
cuando se realizan con «corazones e intenciones puros». La más visible, la
económica, se considera a menudo «la más simple, la menos espiritual»; sin
embargo, puede convertirse en una forma concreta de amor, como enseñó el mismo
Jesús al recordar el gesto de la viuda que ofrece al e l templo unas monedas,
aparentemente insignificantes, pero muy valiosas para ella. «Debemos confiar en
Dios, pero Él obra a través de los hombres», sintetizó el cardenal, subrayando
que la generosidad económica «devuelve la dignidad» y hace posible la atención
también en el futuro. A este respecto, Parolin agradeció a quienes apoyan al
Hospital Bambino Gesù, realizando no solo un gesto de generosidad, sino
participando en la «misión de curación y esperanza, custodiando la vida y la
dignidad».
La
donación de órganos, para ir más allá del sufrimiento
El Secretario de Estado se refirió luego a una segunda
forma de donación, la de órganos, particularmente significativa en las unidades
de diálisis. Un acto que refleja las palabras de Jesús: «Nadie tiene mayor amor
que este: dar la vida por sus amigos». Un gesto que adquiere un valor aún más
profundo cuando lo realiza un padre que, en el «inmenso sufrimiento» de la
pérdida, consigue generar «vida, esperanza y futuro» para los demás, superando
la desesperación y ofreciendo a otro niño «la posibilidad de convertirse en
adulto».
«La vida humana es relación y comunión, en el cuerpo
donado late un amor que no se rinde ante la muerte», añadió Parolin.
El
don del tiempo en un mundo frenético
Por último, un don más accesible para todos, que se
puede ofrecer cada día: el tiempo. «Saber escuchar, acompañar, estar cerca.
Decirle a alguien: tú eres importante para mí». En este sentido, observó el
cardenal, son numerosos los ejemplos de voluntarios que asisten a los enfermos
y a las familias «sin hacer ruido ni alboroto», encarnando la parábola del Buen
Samaritano: detenerse, acercarse y cuidar.
Parolin recordó y agradeció la labor de los médicos,
enfermeros y trabajadores sanitarios, profesiones que son verdaderas
vocaciones, en las que se requiere unir «técnica y humanidad». Cada gesto de
cuidado, en resumen, es «una respuesta concreta al mandato de Jesús:
"Estaba enfermo y me visitasteis"», para una fraternidad que no se
reduce a la teoría, sino que se convierte en «apoyo y amistad». La calidad de
una civilización, concluyó el cardenal secretario de Estado, «se mide por la
capacidad de cuidar a los más débiles», recordando que en el don reside una
raíz profunda: «reconocer que también nosotros lo hemos recibido todo como un
don».
La
«amarga» lógica del beneficio
En su intervención, el doctor Francesco Emma recordó
cómo el Bambino Gesù realizó las primeras diálisis pediátricas en 1985. Un
«servicio estratégico» para todo el hospital, que también permite a los demás
departamentos funcionar mejor, reforzándose mutuamente y ofreciendo «un
tratamiento de excelencia».
Retomando la intervención de Parolin sobre la sociedad
actual dominada por la «lógica del beneficio», Emma calificó de «amarga» la
posibilidad de perder las líneas de diálisis pediátrica, ya que las dos
empresas fabricantes «han decidido interrumpir su producción porque ya no es
rentable».
La doctora Isabella Guzzo, por su parte, se centró en
otro tema mencionado por el cardenal, el del «tiempo» que los pequeños
pacientes pasan en diálisis: de tres a cuatro horas. Periodos que permiten
profundizar en el conocimiento mutuo y que, en el Bambino Gesù, se enriquecen
con la presencia de asesores y profesores, que permiten continuar con la
actividad escolar.
Paolo Bonassi afirmó que cada gesto, cada regalo,
cuando se trata de niños, «tiene más peso». En este sentido, el apoyo de Intesa
Sanpaolo se inscribe en la idea de una inversión no solo en salud, sino también
en «capital humano».
El
testimonio de Samuele, un joven paciente
El encuentro se vio enriquecido aún más por el
conmovedor testimonio de Samuele Galimberti, un joven de diecisiete años que,
antes del trasplante de riñón, tuvo que someterse a diálisis peritoneal y
hemodiálisis. Un tratamiento complejo de soportar, que le obligó a pasar su
adolescencia —la edad de la despreocupación y la «socialización»—
principalmente en el hospital, incluido el primer día de instituto.
Un impacto psicológico que le llevó a abandonar la
esperanza, hasta que llegó la tan esperada «llamada para el riñón». A partir de
ahí comenzó una «nueva vida»: el pasado agosto, en Alemania, se proclamó
campeón en los 5000 metros en los Juegos Mundiales para Trasplantados. Pero no
ha olvidado a quienes le ayudaron a llegar hasta allí: «Cada noche rezo dos
veces: primero doy gracias a Dios y luego a mi donante, que es mi ángel de la
guarda y me salvó la vida».
Por último, el presidente Onesti recordó que «invertir
en los niños» representa «el verdadero bienestar de una comunidad» y expresó su
deseo de que se produzca un «salto de calidad» en la lucha contra la «cultura
del beneficio».
Por EDOARDO
GIRIBALDI/Vatican News


No hay comentarios.: