El Señor hace escuchar su voz en medio de la cotidianidad de nuestras vidas. No siempre lo hace de manera extraordinaria, sino en medio de lo que vivimos cada día.
Pensemos, por ejemplo, en una conversación, en una
dificultad, en una alegría o incluso en una preocupación que nos hace pensar.
Sin embargo, muchas veces vamos tan deprisa que no
prestamos atención a esas pequeñas llamadas de Dios.
La Cuaresma nos invita precisamente a hacer una pausa,
a detener el paso por un momento y a mirar con más tranquilidad lo que está
pasando en nuestra vida.
Cuando lo hacemos,
descubrimos que el Señor nos habla a través de muchas situaciones. Solo
necesitamos un corazón más atento y dispuesto para reconocer su voz.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
Por RAMÓN
BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
El autor es Arzobispo emérito de la arquidiócesis de
Santiago


No hay comentarios.: