Un Momento – El madero que sostiene nuestra esperanza

Nuestra vida pende hoy del madero de la cruz. Allí, en ese signo que parecía derrota, se manifestó el amor más grande.

El dolor del Hijo de Dios no fue inútil, pues se convirtió en fuente de salvación para la humanidad.

En la cruz, Cristo cargó con nuestras heridas, nuestras culpas y nuestros pecados, para abrirnos un camino nuevo de vida y de esperanza.

Desde ese madero santo brota la gracia que sana el corazón humano y lo reconcilia con Dios.

Por eso, cuando miramos la cruz, no vemos solo sufrimiento, sino también redención.

Allí fuimos curados de nuestros males más profundos y recibimos la promesa de una vida renovada que solo el amor de Dios puede ofrecer.

 Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

 

Por RAMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO

El autor es arzobispo emérito de la arquidiócesis de Santiago


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