Un Momento – El pecado como impulso hacia la gracia

El pecado, aunque revela nuestra fragilidad humana, no debe convertirse en una barrera que nos aleje de Jesús.

Al contrario, puede transformarse en una ocasión para volver a Él con mayor humildad y confianza.

Cuando reconocemos nuestras faltas, descubrimos también la grandeza de la misericordia de Dios, que nunca se cansa de perdonar ni de abrirnos nuevamente el camino.

La experiencia del pecado puede ser el punto de partida de una conversión sincera, porque nos recuerda que solos no podemos y que necesitamos la gracia del Señor.

Por eso, en lugar de paralizarnos o desanimarnos, que nuestras caídas nos impulsen a buscar más a Jesús, a acercarnos a su perdón y a renovar cada día nuestro deseo sincero de caminar con Él.

Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

 

Por RAMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO

Arzobispo emérito de la arquidiócesis de Santiago


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