Jesús, al igual que ayer, sigue siendo hoy víctima de quienes intentan apagar la verdad que Él nos trajo al mundo.
Su mensaje incomoda, confronta y desinstala, porque
invita a vivir en la luz y a rechazar todo lo que oscurece el corazón humano.
Por eso, aún en nuestros días, su voz es rechazada,
distorsionada o ignorada en muchos ambientes.
Sin embargo, la verdad de Cristo no puede ser
destruida. Permanece firme, viva y actuante en quienes la acogen.
También nosotros estamos llamados a defenderla, no con
violencia, sino con coherencia de vida. En medio de este mundo confundido, ser
testigos de la verdad es, hoy más que nunca, una misión urgente. Hasta mañana,
si Dios, usted y yo lo queremos.
Por RAMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
Arzobispo emérito arquidiócesis de Santiago


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