Vientre de alquiler: La Santa Sede insta a la ONU a proteger a las mujeres y a los niños
NUEVA YORK (16 Marzo 2026).- Una nota de la Misión Permanente recuerda los riesgos asociados a una explotación en la que "la tecnología y la práctica han superado con creces la ley y la ética": una vida nunca puede ser un "producto", ante todo viene el "respeto a la dignidad y los derechos".
Combatir la violencia y la explotación relacionadas
con la gestación subrogada y fortalecer la protección de la dignidad de las
mujeres y los niños. Este es el mensaje central de una declaración de la Misión
Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, publicada durante un
evento paralelo de la 70.ª Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la
Mujer, dedicada al tema «Proteger a las mujeres y los niños: Combatir la
violencia y la explotación en la gestación subrogada».
Un
debate sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer
El documento comienza expresando su agradecimiento a
los socios de la iniciativa —el gobierno italiano, Turquía y Paraguay— y llama
la atención sobre un tema considerado "urgente", en el que "la
tecnología y la práctica han superado con creces la ley y la ética". Si
bien reconoce que muchos consideran la gestación subrogada "una solución
compasiva para quienes desean ser padres", la declaración subraya que
"debe tenerse en cuenta todo el contexto" para evaluar si esta práctica
es compatible con "el respeto a la dignidad y los derechos de las mujeres
y los niños".
Presiones
económicas y riesgo de explotación
Entre los elementos resaltados se encuentra la
dimensión económica del fenómeno. Muchas mujeres que aceptan ser madres
subrogadas citan la "necesidad económica como la razón principal" de
su elección. No es casualidad, se señala, que sean frecuentes las historias de
"personas ricas y famosas que recurren a la gestación subrogada",
mientras que las de "mujeres adineradas que se ofrecen como madres
subrogadas" son raras.
La demanda de niños nacidos mediante esta práctica,
continúa el documento, "ya supera la oferta", mientras que medidas
como la "protección social, la educación y las oportunidades
económicas" —que podrían reducir el riesgo de explotación— probablemente
disuadirían a muchas mujeres de participar en tales acuerdos. De ahí la
pregunta planteada en el documento: "¿podría sobrevivir la industria de la
gestación subrogada si se erradicara la pobreza?".
La nota también señala que, donde se permiten los
acuerdos comerciales, las posibles madres subrogadas pueden verse atrapadas en
una "competencia perversa por los padres que las contratan". Incluso
en países donde la gestación subrogada comercial está prohibida, se observa que
la compensación económica o los supuestos "regalos" a veces pueden
ocultar pagos. En algunos casos, añade el texto, las mujeres que no desean
participar en estos acuerdos pueden ser "presionadas o incluso
coaccionadas" por miembros de la familia, mientras que las que viven en la
pobreza difícilmente pueden permitirse "asesoramiento legal o médico
independiente".
Derechos
de los niños
La nota también cita varios casos específicos en los
que se encontraron "más de una docena de niños" al cuidado de niñeras
en casas alquiladas, mientras que los padres que los habían contratado seguían
recurriendo a nuevas madres subrogadas. Además, señala que la mercantilización
de los niños puede estar ligada a los prejuicios, por ejemplo, en el caso de
los diagnósticos prenatales de discapacidades, cuando el niño corre el riesgo
de ser considerado "un 'producto' defectuoso o un problema que hay que
resolver", en lugar de "un regalo que debe ser recibido y
apreciado".
Esta actitud, continúa el texto, entra en conflicto
con una sociedad justa en la que los niños puedan crecer y desarrollarse. De
hecho, los niños tienen derechos e intereses que deben ser respetados,
empezando por el "derecho moral a ser concebidos en un acto de amor".
Según la Convención sobre los Derechos del Niño —"el instrumento de
derechos humanos más ratificado"—, los niños también tienen "derecho
a conocer a sus padres y a ser cuidados por ellos". El hecho de que este
derecho no siempre pueda hacerse efectivo, señala, "no debe utilizarse para
justificar una práctica que lo vulnere deliberadamente".
La
posición de la Santa Sede
Si bien reconoce «el deseo real y comprensible de
tener hijos», la declaración considera que estos problemas no pueden resolverse
simplemente mediante la regulación. En este sentido, celebra la decisión de la
Conferencia de La Haya de Derecho Internacional Privado de no continuar, al
menos por el momento, con la elaboración de un convenio sobre la filiación
jurídica en casos de gestación subrogada.
Finalmente, el documento hace referencia al pasaje en
el que el Papa León XIV reitera que «al transformar la gestación en un servicio
negociable, [la gestación subrogada] viola la dignidad tanto del niño, reducido
a un “producto”, como de la madre, explotando su cuerpo y el proceso
procreativo, y distorsionando la vocación relacional original de la familia».
El Papa Francisco, también citado en el documento, ya había afirmado que «un
niño es siempre un don y nunca objeto de un contrato comercial».
En vista de estas consideraciones, la Misión
Permanente de la Santa Sede espera que el debate iniciado en el seno de la
Comisión pueda fomentar la adopción de nuevas medidas "para poner fin a
esta práctica en todas sus formas y a todos los niveles", con el objetivo
de proteger a las mujeres y a los niños "de la explotación y la
violencia".


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