«Como pastor no puedo estar a favor de la guerra, han muerto demasiados inocentes»: Papa León XIV
CIUDAD DEL VATICANO (23 Abril 2026).- En el vuelo a Roma, León XIV reitera que su primera misión es anunciar el Evangelio a los pueblos. También, recuerda a los niños víctimas de la guerra en Irán y en el Líbano, condena la pena de muerte e insiste en el derecho internacional. Sobre los migrantes, pregunta: «¿Qué hace el Norte por el Sur del mundo?». Sobre las parejas homosexuales, confirma que la Santa Sede no está de acuerdo con la bendición formalizada en Alemania.
«Buenos días a todos, espero que estén bien y que
estén listos para otro viaje. ¡Ya con las baterías cargadas!». El Papa León XIV
ha concluido su largo viaje apostólico por África y, en el vuelo desde Malabo
—última etapa en Guinea Ecuatorial— hacia Roma, responde a las preguntas de
cinco de los aproximadamente 70 periodistas que le han acompañado en este viaje
internacional. La guerra, las negociaciones entre EE. UU. e Irán, la cuestión
migratoria, la pena de muerte y la bendición de las parejas homosexuales, entre
los temas abordados por el Pontífice durante la entrevista, precedida por una
reflexión del Papa León sobre la experiencia que acaba de vivir en África.
«Cuando hago un viaje, hablo en mi propio nombre; sin
embargo, hoy, como Papa, Obispo de Roma, se trata sobre todo de un viaje
apostólico y pastoral para encontrar, acompañar y conocer al pueblo de Dios.
Muchas veces el interés es más bien político: “¿Qué dice el Papa sobre este o
aquel tema? ¿Por qué no juzga al gobierno de un país u otro?”. Y hay muchas
cosas que decir, sin duda. He hablado de justicia y hay temas ahí. Pero esa no
es la primera palabra: el viaje debe interpretarse sobre todo como la expresión
de querer anunciar el Evangelio, de proclamar el mensaje de Jesucristo, lo cual
es entonces una forma de acercarse al pueblo en su alegría, en la profundidad
de su fe, pero también en su sufrimiento. Allí, claro, muchas veces es
necesario hacer comentarios o buscar cómo animar al propio pueblo a asumir
responsabilidades en su vida. Es importante hablar también con los jefes de
Estado, para fomentar un cambio de mentalidad o una mayor apertura a pensar en
el bien del pueblo, una posibilidad de abordar cuestiones como la distribución
de los bienes de un país. En las conversaciones que hemos mantenido hemos hecho
un poco de todo, pero sobre todo ver, encontrarme con el pueblo con este
entusiasmo. Estoy muy contento con todo el viaje, pero vivir, acompañar,
caminar con el pueblo de Guinea Ecuatorial ha sido verdaderamente una bendición
con el agua… Estaban contentos con las lluvias del otro día, pero sobre todo
esta señal de compartir con una Iglesia universal lo que celebramos en nuestra
fe.
Ignazio Ingrao (Tg1): Santidad, gracias por este viaje
lleno de encuentros, historias y rostros. En el encuentro por la paz celebrado
en Bamenda, Camerún, usted describió un mundo al revés, en el que un puñado de
tiranos amenaza con destruir el planeta. La paz, dijo, no hay que inventarla,
sino acogerla. Las negociaciones sobre el conflicto en Irán están sumidas en el
caos, con graves repercusiones en la economía mundial. ¿Aboga usted por un
cambio de régimen en Irán, dado que también la sociedad civil y los estudiantes
han salido a la calle en los últimos meses y existe preocupación en el mundo
por la carrera nuclear? ¿Qué llamamiento dirige a Estados Unidos, Irán e Israel
para salir del punto muerto y detener la escalada? ¿Deberían involucrarse más
la OTAN y Europa?
Me gustaría empezar diciendo que hay que promover una
nueva actitud y una cultura de paz. Muchas veces, cuando evaluamos ciertas
situaciones, la respuesta inmediata es que hay que intervenir con violencia,
con la guerra, atacando. Lo que hemos visto es que han muerto muchos inocentes.
Acabo de ver la carta de algunas familias de los niños que murieron el primer
día del ataque. Y hablan de que ya han perdido a sus hijos, a sus hijas, a los
niños que murieron en ese (ataque). La cuestión no es si cambia el régimen o no
cambia el régimen, la cuestión es cómo promover los valores en los que creemos
sin la muerte de tantos inocentes. La cuestión de Irán es evidentemente muy
compleja. En las mismas negociaciones que se están llevando a cabo, un día Irán
dice que sí y Estados Unidos dice que no, y viceversa, y no sabemos hacia dónde
se va. Se ha creado esta situación caótica, crítica para la economía mundial,
pero además hay toda una población en Irán de personas inocentes que están
sufriendo por esta guerra. Así que, sobre el cambio de régimen, sí o no: no
está claro qué régimen hay en este momento, tras los primeros días de los
ataques de Israel y Estados Unidos a Irán. Más bien me gustaría alentar la
continuación del diálogo por la paz, que las partes intenten poner todos los
esfuerzos para promover la paz, alejar la amenaza de la guerra y que se respete
el derecho internacional. Es muy importante que se proteja a los inocentes,
como no ha ocurrido en varios lugares. Llevo conmigo una foto de un niño
musulmán que, durante la visita al Líbano, estaba allí esperando con un cartel
que decía «Bienvenido, Papa León»; luego, en esta última parte de la guerra,
fue asesinado. Son muchas las situaciones humanas y creo que debemos ser
capaces de pensar de esta manera. Como Iglesia —lo repito— y como pastor, no
puedo estar a favor de la guerra. Y me gustaría animar a todos a esforzarse por
buscar respuestas que provengan de una cultura de paz y no de odio y división.
Eva Fernández (Radio Cope): Acabamos de pisar un
continente en el que muchas de las personas desean, sueñan, viajar a Europa. Su
próximo viaje va a ser a España, donde la cuestión migratoria va a ocupar un
lugar importante sobre todo en Canarias. Santidad sabe que el tema de la
migración en España produce gran debate y polarización. Incluso entre los
propios católicos no hay un cierto claro en su posición. ¿Qué podría decirnos a
los españoles, en concreto a los católicos respecto a la inmigración? Y me va a
permitir, el próximo viaje va a ser a España. Sabemos que tiene ilusión,
intención de viajar a Perú, quizás Argentina y Uruguay, pero también nuestra pregunta
es si ¿tiene ganas de saludar a la Virgen de Guadalupe?
El tema de la inmigración es muy complejo y afecta a
muchos países, no solo a España, no solo a Europa, a Estados Unidos, ¡es un
fenómeno mundial! Por eso, mi respuesta empieza con una pregunta: ¿qué hace el
Norte del mundo para ayudar al Sur del mundo o a esos países donde los jóvenes
hoy no encuentran un futuro y, por eso, viven este sueño de querer ir hacia el
Norte? Todos quieren ir hacia el Norte, pero muchas veces el Norte no tiene
respuestas sobre cómo ofrecerles posibilidades. Muchos sufren… El tema del
tráfico de personas, el «trafficking», también forma parte de la migración.
Personalmente, creo que un Estado tiene derecho a establecer normas en sus
fronteras. No digo que todos deban entrar sin un orden, creando a veces en los
lugares a los que van situaciones más injustas que las que han dejado atrás.
Pero, dicho esto, me pregunto: ¿qué hacemos en los países más ricos para
cambiar la situación en los países más pobres? ¿Por qué no podemos intentar,
tanto con ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas ricas,
de las multinacionales, cambiar la situación en países como los que hemos
visitado en este viaje? África es considerada por mucha gente como un lugar al
que se puede ir a extraer minerales, a tomar sus riquezas para la riqueza de
otros, en otros países. Quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para
promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países
africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros países, a España,
etc. Y el otro punto que me gustaría abordar es que, en cualquier caso, son
seres humanos y debemos tratar a los seres humanos de forma humana, no
tratarlos muchas veces peor que a los animales. Hay un gran desafío: un país
puede decir que no puede acoger a más personas, pero cuando llegan, son seres
humanos y merecen el respeto que le corresponde a todo ser humano por su
dignidad.
¿Y
los próximos viajes?
Tengo muchas ganas de visitar varios países de América
Latina. De momento no está confirmado, ya veremos. Esperamos.
Arthur Herlin (Paris Match): Santo Padre, le
agradecemos enormemente este extraordinario viaje. Ha sido maravilloso. Durante
este viaje se ha reunido con algunos de los líderes más autoritarios del mundo.
¿Cómo evita que su presencia otorgue autoridad moral a estos regímenes? ¿No se
trata, por así decirlo, de un «lavado de imagen» gracias al Papa?
Ciertamente, la presencia de un Papa junto a cualquier
jefe de Estado puede interpretarse de diversas maneras. Puede interpretarse —y
algunos lo han interpretado así— como si el Papa o la Iglesia estuvieran
diciendo que está bien vivir de esa manera. Otros pueden decir cosas
diferentes. Me gustaría volver a lo que dije en mis observaciones iniciales
sobre la importancia de comprender el objetivo principal de los viajes que
realizo, que el Papa realiza: visitar a las personas. Y sobre el gran valor que
la Santa Sede sigue otorgando, a veces con grandes sacrificios, al
mantenimiento de relaciones diplomáticas con países de todo el mundo. Y a veces
tenemos relaciones diplomáticas con países que tienen líderes autoritarios.
Tenemos la oportunidad de hablar con ellos a nivel diplomático, a nivel formal.
No siempre hacemos grandes declaraciones de crítica, de juicio o de condena.
Pero hay muchísimo trabajo que se lleva a cabo entre bastidores para promover
la justicia, para promover causas humanitarias, para buscar, a veces,
situaciones en las que hay presos políticos y encontrar una manera de
liberarlos. Situaciones de hambre, de enfermedad, etc. Así pues, la Santa Sede,
manteniendo la neutralidad y buscando formas de continuar una relación
diplomática positiva con tantos países diferentes, en realidad está tratando de
aplicar el Evangelio a las situaciones concretas para que la vida de las
personas pueda mejorar. La gente interpretará el resto como quiera, pero creo
que es importante para nosotros buscar la mejor manera posible de ayudar al
pueblo de cualquier país.
Verena Stefanie Shälter (ARD Rundfunk): Santo Padre, enhorabuena por su primer viaje papal al Sur del mundo. Hemos visto mucho entusiasmo y también, diría yo, euforia. Imagino que también ha sido muy emotivo para usted. Me gustaría saber cómo valora la decisión del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Freising, de conceder permiso para bendecir a las parejas del mismo sexo en su diócesis. Y a la luz de las diferentes perspectivas culturales y teológicas, sobre todo en África, ¿cómo piensa preservar la unidad de la Iglesia universal en esta cuestión?
En primer lugar, creo que es muy importante comprender
que la unidad o la división de la Iglesia no debería girar en torno a
cuestiones sexuales. Tendemos a pensar que cuando la Iglesia habla de moral, el
único tema moral es el sexual. En realidad, creo que hay cuestiones mucho más
amplias e importantes, como la justicia, la igualdad, la libertad de hombres y
mujeres, la libertad religiosa, que deberían tener prioridad sobre esa cuestión
concreta. La Santa Sede ya ha hablado con los obispos alemanes. La Santa Sede
ha dejado claro que no estamos de acuerdo con la bendición formalizada de las
parejas —en este caso, parejas homosexuales, como usted ha preguntado— o de
parejas en situaciones irregulares, más allá de lo que el Papa Francisco ha
permitido específicamente al decir que todas las personas reciban la bendición.
Cuando un sacerdote imparte la bendición al final de la misa, cuando el Papa
imparte la bendición al final de una gran celebración como la que hemos tenido
hoy, hay bendiciones para todas las personas. La famosa expresión de Francisco
«todos, todos, todos» expresa la convicción de la Iglesia de que todos son
acogidos, todos están invitados, todos están invitados a seguir a Jesús y todos
están invitados a buscar la conversión en su propia vida. Ir más allá de esto
hoy, creo que puede causar más desunión que unidad, y que deberíamos tratar de
construir nuestra unidad sobre Jesucristo y sobre lo que Jesucristo enseña.
Esta es mi respuesta a la pregunta.
Anneliese Taggart (Newsmax TV): Santo Padre, en este
viaje ha hablado de cómo las personas tienen hambre y sed de justicia.
Precisamente esta mañana se ha informado de que Irán ha ejecutado a otro
miembro de la oposición, y esto ocurre mientras el régimen ha ahorcado
públicamente a muchas otras personas y ha asesinado a miles de sus propios
ciudadanos. ¿Condena estas acciones? ¿Tiene algún mensaje para el régimen
iraní?
Condeno todas las acciones injustas. Condeno el
asesinato de personas. Condeno la pena de muerte. Creo que la vida humana debe
ser respetada y que la vida de todas las personas —desde la concepción hasta la
muerte natural— debe ser respetada y protegida. Por lo tanto, cuando un
régimen, cuando un país toma decisiones que quitan injustamente la vida a otras
personas, es evidentemente algo que debe ser condenado.


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