Ante cuatro mil 300 espectadores en cumpleaños 80 de Donald Trump, Ilia Topuria se va de la Casa Blanca apalizado por Justin Gaethje, desfigurado y sin título de la UFC

WASHINGTON (14 Junio 2026).- Al presidente que anhela el premio Nobel de la Paz le gusta la sangre. Donald Trump celebró la noche de este domingo sus 80 años con una velada de combates de UFC, en el ring octogonal que se montó en el jardín sur de la Casa Blanca. Siguió a pie de lona, junto a la primera dama Melania Trump, esa exhibición de brutalidad. Incluso ensañamiento. Cuando un contendiente queda tendido en el suelo, el otro tiene derecho a machacarlo.

Esos tipos semidesnudos hacen algo así en un bar y los detienen. Aquí le llaman artes marciales mixtas. Para cualquiera que desconozca esta práctica, el denostado boxeo es un deporte de caballeros ante este espectáculo brutal, en una jornada, vinculada también al 250 aniversario de Estados Unidos (el próximo 4 de julio), que tuvo el vestuario en la residencia presidencial y contó con un cartel de siete combates. La pelea estrella era la que enfrentó al hispano georgiano, Ilia Tupuria, el imbatido, contra el estadounidense Justin Gaethje.



Topuria, de 29 años y gran favorito, puso en juego su mundial de peso ligero ante Gaethje, de 37 años y sus mejores días en el pasado. El aspirante le pegó una paliza monumental. El rincón de Topuria tiró la toalla al acabar el cuarto asalto (de cinco), después de que el luchador se negara a hacer caso al médico cuando concluyó el tercer asalto. Aguantó en pie, pero maltrecho, otro correctivo demoledor para regocijo de los espectadores.



La retirada se produjo cuando tenía el rostro totalmente desfigurado, los ojos prácticamente cerrados por los golpes; daba la impresión de estar grogui y se dirigió a su rincón tambaleándose. Un triste final para el único campeón invicto de la UFC. Perdió su título de los ligeros y algo más.

 


La escenografía antes del arranque resultó entre impactante y ridícula. Los dos rivales salieron, por separado, del Despacho Oval, el centro mundial del poder, y recorrieron el pasillo hasta salir al exterior y dirigirse a la jaula. A Topuria le pusieron su himno, La canción del Mariachi.


La victoria del estadounidense electrizó a los 4.300 espectadores, entre estos el presidente, parte de su familia y las figuras más relevantes de su gabinete, que no pararon de gritar U-S-A cuando vieron que Topuria estaba destrozado, tras recibir una retahíla de puñetazos en la cara, codazos en la cabeza, patadas o rodillazos en su cuerpo, que aquí vale todo. La lona estaba llena de manchas de sangre, señal de la violencia de esta práctica incalificable. Resulta difícil ver esto.  El ruido de los mamporros se escuchaba perfectamente en la retransmisión.

 

 

Por FRANCESC PEIRÓN/La Vamguardia

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