Los Estados Unidos cierran el espacio aéreo de Venezuela a María Corina Machado... y a los bomberos de París
BOGOTÁ, Colombia (30 Junio 2026).- En Venezuela todo se interpreta con prejuicios y agendas. Y el doble terremoto del pasado miércoles, con un saldo ya de más de 1.500 muertos y muchos más cadáveres enterrados debajo de los escombros, no es una excepción.
Esto quedó claro el domingo en el vuelo 942 de Avianca
de Bogotá a la ciudad venezolana de Valencia, cuyo aeropuerto ha adquirido una
gran importancia estratégica desde el cierre de Maiquetía en Caracas tras el
doble seísmo.
El vuelo iba lleno de venezolanos afincados en
Colombia con familiares y amigos entre los damnificados, de voluntarios de
rescate, algún periodista, y un equipo de bomberos del Grupo Francés de Socorro
en Catástrofes (GSCF), un servicio especializado en ayuda humanitaria y tareas
de rescate. Sus integrantes acababan de volar diez horas desde París. “¿Ya no
es tarde?”, preguntamos a un joven bombero. “Mais non. Mi capitán dice que ha
rescatado a personas después de diez días atrapadas”, respondió.
Pero, con todos los pasajeros embarcados, llegó el
anuncio menos esperado del comandante: “Debido a restricciones en el espacio
aéreo venezolano, no podemos volar y todos tienen que desembarcar”.
Los bomberos suplicaron a la tripulación. Pero con una
restricción sobre el espacio aéreo no hay nada que hacer: “El espacio aéreo
está cerrado para vuelos comerciales; solo los humanitarios oficiales pueden
entrar”, les informaron.
Luego, iniciado el desembarco, empezaron los mítines
políticos: “Es obvio que el Gobierno chavista ha cerrado el espacio aéreo para
que no puedan entrar los rescatistas”, anunció un treintañero convertido en
líder de una mini rebelión. “¡Tenemos que usar nuestra fuerza para presionar!”,
exclamó.
Al no iniciado en las redes de la oposición
venezolana, le costaba entender por qué el Ejecutivo de Delcy Rodríguez
impediría la llegada de equipos de rescate y desescombro tras invitar a todos a
ayudar. Pero, para los venezolanos residentes en Bogotá, eso no importaba. Hugo
Chávez, en su día, se negó a aceptar ayuda de Estados Unidos tras el
deslizamiento de Vargas en 1999. Ahora Rodríguez hacía lo mismo.
Ante las miradas asombradas de los bomberos franceses,
una expatriada de unos 50 años explicó, en francés perfecto, que el Gobierno
quería bloquear todos los equipos de rescate internacionales. “¿Pero por qué?”,
intervino un periodista en español. “Porque son unos hijos de puta”, fue la
respuesta.
Un vídeo del interior del avión con los pasajeros
protestando circularía pronto por Instagram, donde se juntaría con otros: un
grupo de rescate español atrapado en el aeropuerto de Barajas, una rebelión de
furiosos voluntarios en el desescombro de La Guaira, otro de vecinos de Chacao
abucheando a Rodríguez.
Luego llegó el vídeo más demoledor. La líder de la oposición venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, hablaba desde Panamá. “Quiero volver a Venezuela para acompañarlos en estas horas desgarradoras. Quiero que mis manos se sumen a las suyas”, decía la dirigente derechista hablando ante una pared blanca, su crucifijo brillante bajo el foco de la cámara.
Pero, añadía: “El régimen quiere bloquear mi regreso a
Venezuela (...) como ha intentado bloquear la generosa tarea de miles y miles
de ciudadanos que reparten comida y medicina alrededor del país. Como ha
bloqueado el viaje de equipos de rescatistas internacionales varados en
aeropuertos. Como pretende bloquear el trabajo de los periodistas que buscan la
verdad”.
Todo parecía tan claro como el agua bendita. Hasta que
un joven voluntario compartió otro mensaje en su teléfono móvil. Era un aviso
de la autoridad estadounidense de control aéreo, la Administración Federal de
Aviación: “TKOF/LDG AG INTL OPS ARE RESTRICTED? ONLY FLW WILL BE PERMITTED OPS
PPR AVIATION AUTHORITY”, se leía. Los pasajeros descifraron el código: quedaban
restringidos hasta el 2 de julio los despegues y aterrizajes internacionales en
Venezuela por orden de Estados Unidos.
La noticia de que no eran los villanos del Gobierno
chavista los que habían cerrado el espacio aéreo, sino la administración de
Donald Trump –al que Machado entregó su Nobel de la Paz–, no era lo que los
pasajeros venezolanos querían oír. Pero, según informó el lunes el Wall Street
Journal, Machado sabía muy bien al grabar su vídeo que la decisión de impedir su
entrada venía de Washington.
La aliada de Vox en España y de Abelardo de la
Espriella, el nuevo presidente electo colombiano, había salido el pasado
viernes en su jet privado desde Virginia hacia la isla de Curazao,
supuestamente con autorización estadounidense. Pero, en pleno vuelo, hubo un
cambio de idea en Washington y el avión tuvo que dar media vuelta. El domingo,
Corina Machado voló en un vuelo comercial a Panamá, donde se le impidió
embarcar en un avión con destino a Caracas.
Es decir que, en el rompecabezas político que emerge
de los escombros, todo indica que Washington aún considera desaconsejable la
vuelta de Machado. Esto puede cambiar, según analistas consultados en
Washington y Los Ángeles. Todo indica que hay diferencias entre el Departamento
de Estado bajo Marco Rubio y la Casa Blanca. “Yo diría que Rubio está a favor
de la vuelta, aunque le diga a Machado que se porte bien”, dice uno. Los más
pragmáticos en la administración –encabezados por el mismo Trump y Howard
Lutnick, secretario de Comercio, así como otros vinculados a las grandes
petroleras de Texas– siguen apoyando a Rodríguez, al menos por el momento.
Pero, para los pasajeros del vuelo 942, solo hay un
culpable de la tragedia y no es ni la madre naturaleza ni Donald Trump. “Son
malos, malos...”, dijo una pasajera que intentaba reprogramar su viaje.
“Quieren que muera la gente bajo los escombros”.
Por ANDY ROBINSON/La Vanguardia


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