Papa León XIV pasa 48 horas en Catalunya imbuido del espíritu de Gaudí y el misticismo de Montserrat

BARCELONA/ROMA (11 Junio 2026).- El Papa puso ayer desde la Sagrada Família, tras un espectáculo visual gaudiniano impresionante y propio de nuestro tiempo, con drones, el broche a la breve e intensa etapa catalana de su viaje, en la que en apenas 48 horas ha podido imbuirse de las raíces cristianas de Catalunya; en la catedral, en la abadía de Montserrat y en la basílica de Antoni Gaudí, que suma ya la tercera visita papal. Ahí es nada.

Si Madrid puso las grandes multitudes aprovechando el fin de semana y los espacios abiertos, Catalunya ha exhibido músculo en otro aspecto, en lo litúrgico y en lo espiritual, con una escenografía cuidada al detalle que ponía los pelos de punta. Pero había más, también historia y tradición. Se contabilizaba ayer por la mañana que el Pontífice ya había bendecido en suelo catalán en apenas unas horas a más de 100 bebés... Pero ahí va otro dato: de los seis actos que ha presidido, tres han concluido con el Virolai.



Una de las características de los agustinos, la orden a la que pertenece el Papa, es que tienen querencia por el cuidado litúrgico –son históricamente los encargados de ello en el Vaticano y de la sacristía de San Pedro–, de modo que Robert Prevost, visiblemente emocionado e impresionado en algunos momentos dotados de cierto misticismo, habrá podido disfrutar de ello. ¿Quién no lo ha hecho? Estas jornadas han sido mucho más estéticas que los días previos en Madrid, donde el cariz pastoral de la visita se combinó con el rostro más político e institucional de la cabeza visible de la Iglesia. Ya lo decían los organizadores del viaje: “Barcelona pondrá la belleza”. Y de qué manera lo ha hecho.

Pero además, en estos dos días, quizá, se ha llegado a cotas más profundas, puesto que los jóvenes en la vigilia de oración le plantearon cuestiones espinosas como el maltrato o las tentativas de suicidio. Prevost cogió el toro por los cuernos: pidió más recursos sanitarios y condenó los feminicidios y la violencia contra la mujer, un asunto del que pidió –a los creyentes– no responsabilizar a Dios.

Hoy, el Pontífice encara la recta final de su viaje y pone rumbo a Canarias, donde la dimensión social, presente también ayer tanto en la prisión de Brians como en la parroquia de Sant Agustí, en el Raval barcelonés, pasa a ser el leitmotiv de las dos jornadas que quedan, en las que habrá contacto con los migrantes que llegan a las costas canarias en cayuco.

 

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