Recuerdan atentado etarra en Plaza República Dominicana en Madrid que dejó 12 muertos 57 heridos hace 40 años
MADRID (14 Julio 2026).- Hace exactamente 40 años, Antonio Fidel Holgado, un chaval de 20 años, guardia civil, se disponía a convertirse en héroe involuntario y muy a su pesar. Se montó, junto a otros 69 compañeros, en el convoy que salía de la Escuela de Tráfico de Príncipe de Vergara de Madrid con destino a unas prácticas de moto en la Venta de la Rubia y a la altura de la plaza de República Dominicana, apenas unos 500 metros después de que arrancaran, el infierno se hizo carne. Su cuerpo rezumaba sangre, tenía la masa encefálica de uno de sus compañeros por todo el pecho y sus dos amigos más queridos habían quedado despedazados por el coche bomba que el etarra Domingo Troitiño había hecho estallar al paso de la comitiva y que contenía, en cinco ollas, 35 kilos de goma-2 reforzada con tornillería, metralla y restos de cadenas cuyo objetivo era destrozar con saña y con crueldad consciente lo que el explosivo no había podido destruir.
La vida de los doce jóvenes asesinados por el comando Madrid de ETA, en el atentado más brutal sufrido por la Guardia Civil con el que la organización terrorista inauguró una sórdida estrategia, el testimonio de todos los que quedaron heridos, el dolor de sus familias, vienen recogidos en este 40 aniversario en una emocionante exposición organizada por el Centro Memorial de Víctimas del terrorismo y por la Fundación de Víctimas del Terrorismo titulado 1986.
Uno de los supervivientes de aquel atentado que dejó
el centro de Madrid como si fuese un escenario de guerra, resume con precisión,
en el documental elaborado por ambas instituciones, quienes fueron y quienes
son aquellos jóvenes que, vivos o muertos, vieron truncada su vida para
siempre: "Héroes y baluartes de una sociedad a la que han ayudado a
apuntalar su sistema de convivencia y de valores". Sin embargo, lo cierto
es que, hasta celebrarse este reconocimiento, nadie les había tratado así ni de
lejos. Al contrario. En aquellos años, nadie les llamó, ni les atendió, ni por
supuesto les reconoció nada. Se les enterró y ya está. "Hemos sido los
grandes olvidados", afirma Antonio Fidel a Crónica. "Fue peor la
incomprensión, que el mismo atentado", resumirá Juan José Anta.
Respecto a estos años, entre los supervivientes queda
una sensación de incredulidad y de amargura, que también viene recogida en el
documental de la exposición. Por dos principales motivos. El primero, por el
comportamiento de los gobiernos con los presos de la organización terrorista.
El hecho de que, a pesar de las condenas de casi 3000 años que les cayeron a
los autores, De Juana Chaos "cumpliese menos de un año de prisión por
asesinado y después lograra escaparse a Venezuela". Que el propio
Troitiño, "se escapase a Reino Unido por una contabilización errónea de
condena y pudiese seguir militando desde allí antes de ser detenido de
nuevo". Que el arrepentido Soares Gamboa "sólo estuviese siete años
en prisión". Que Inés del Río pudiese "salir antes por la anulación
de la Doctrina Parot y ahora se dedique a hacer footing para curar su
depresión". Que Idoia López Riaño, se haya podido acoger a beneficios
"escribiendo una carta ridícula de no arrepentimiento que ni ella se
cree".
Hay un testimonio especialmente duro sobre este
aspecto, y es el de Manuela Lanchano, la hermana de Antonio, uno los jóvenes
asesinados. Manuela, que entonces tenía 17 años, cuenta cómo la tarde anterior
a ese 14 de julio maldito tuvo una premonición. Tras pasar el fin de semana con
su familia, Antonio tuvo que regresar a Madrid para incorporarse, pero volvió
cuando apenas había cubierto la distancia hasta el pueblo más próximo porque no
estaba seguro de haberse despedido de todos. Ella quedó llorando durante horas.
Cuando años después, el Gobierno de Rodríguez Zapatero, en la negociación con
ETA, excarceló a De Juana Chaos, ella recuerda cómo el ministro del Interior
les aseguró que a De Juana le quedaba poco de vida y cómo su padre se sintió
manipulado y sorprendentemente culpable. "Falleció en 2009. No soportó
haber votado al que dejó escapar al asesino de su hijo. Se sintió muy mal. Y
luego le vimos pavonearse de que había acabado con ETA y nos pareció
intrínsecamente perverso".
El otro motivo de amargura es el pacto del Gobierno con EH-Bildu, que consideran una humillación y una revictimización. "Nunca pensé que esto fuera a pasar. Que hayan sido capaces de pactar con el demonio para conveniencia de los de siempre. Es decepcionante. ETA fue derrotada por la Guardia Civil y el Gobierno les ha dado un arma política", señala Juan José Anta.
En el documental de la exposición, algunos de los supervivientes cuentan cómo todos ellos eran buenos amigos porque, aun siendo tan jóvenes, llevaban compartiendo trayectoria en la Academia de Acceso de la Guardia Civil, en la de Acceso a la Profesional y a la de Tráfico. Cuentan cómo habían regresado ese lunes de estar con sus familias (uno venía de disfrutar de hija de ocho meses) desde todas las partes de España. Relatan cuáles eran sus sueños y sus aspiraciones, sus motivos para estar en la Guardia Civil. Unos por vocación de servicio, otros buscando una salida profesional y otros porque tenían pensado prosperar en la vida militar.
Explican lo inexplicable. El gesto que les libró de la
muerte segura cuando llegó "el Apocalipsis". El amigo al que habían
prestado un dinero para que pudiera ir a Alicante a ver a sus padres porque no
tenía y que luego le salvó la vida al empeñarse en que se cambiase de asiento
para estar a su lado. El compañero que paró con su cuerpo la tornillería que
podía haberle atravesado. El silencio inexplicable y sobrecogedor tras la
explosión. El olor a combustible y a carne quemada que han vuelto a sentir después,
aunque no hubiese hombres quemándose a su alrededor. Son historias de hombres
decentes que se lamentan de no haber podido dar las gracias a quienes les
salvaron. Uno de ellos recuerda al propietario del Citroën azul que le trasladó
al Hospital La Paz, al que nunca conoció. Todavía hoy siente no haber podido pedirle
perdón por dejarle los asientos perdidos de sangre.
Los supervivientes cuentan con más discreción las
miserias posteriores. "Chaval, no eres ningún héroe", le dijo un alto
mando a Antonio Fidel Holgado en contra de toda evidencia y le puso, como al
resto, a patrullar. A muchos de los heridos por el atentado les mandaron a
trabajar al País Vasco apenas se recuperaron. Holgado consiguió impedirlo para
sí y para los compañeros que aún no habían sido desplazados mandando una
instancia y sometiéndose, por exigencia, a un tribunal médico para demostrar su
incompatibilidad con el servicio en el lugar donde ETA más partidarios tenía.
Cobraba 2.100 euros cuando tuvo que pedir la baja por estrés en 2017 y le
dejaron el sueldo en 1.700. Tuvo que pleitear la diferencia. Así pues, cuentan
con más discreción las pastillas, la ansiedad, la impotencia que les generó
todo aquello de lo que no hablaron hasta pasados muchos años y para lo que se
tuvieron que pagar su propio soporte médico. Y, a pesar de todo, destaca su
convicción de que la venganza sólo hubiese generado una espiral de violencia y
hubiese ido en contra de los principios democráticos que ellos defienden.
Entre sus mensajes hay varias peticiones planteadas
con mucha serenidad, pero con el desasosiego de quienes ven que la acción
política va por el camino contrario: "Que se deslegitime el
terrorismo", "que no se blanquee la historia de lo ocurrido durante
40 años con el terrorismo de ETA", "que se cuente la historia tal
como fue. Con unos verdugos y unas víctimas"; que se haga todo lo posible
por resolver los más de 300 asesinatos cuyos autores se desconocen; "que
se deje claro que no existía ningún conflicto armado entre el Estado y el pueblo
vasco", y, sobre todo, que se recuerde "el honor con el que murieron
los compañeros y que no caigan en el olvido".
Para sorpresa de nadie, la exposición no tendrá como
sede el Congreso de los Diputados ni el Senado, que están en otras cosas. El
Memorial y la Fundación han ubicado muy propiamente su inicio en el Colegio de
Huérfanos de la Guardia Civil, en septiembre estará en el Centro Cívico Nicolás
Salmerón y luego pasará por Elche, Vitoria, Logroño y Mérida.
Por ÁNGELES
ESCRIVÁ/El Mundo.es






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