LA HABANA, Cuba (12 Agosto 2026).- Fidel pasó su 33 cumpleaños encabezando la desarticulación de la conjura trujillista.
Es de suponer que, ocho meses después del resonante
triunfo del primero de enero de 1959, la situación del país fuese demasiado
delicada en el orden político como para que Fidel dedicara su precioso tiempo a
pensar en fiesta de cumpleaños o asuntos parecidos.
Conociéndolo muy bien, lo más probable es que algunos
de sus más allegados compañeros de lucha o familiares hubieran tratado de idear
alguna sencilla alternativa para no dejar pasar por alto los 33 años que ese 13
de agosto cumpliría el líder de la naciente Revolución Cubana.
Lo que nadie –tal vez ni él mismo– imaginó fue que
esperaría su día de nacimiento en el vértice de una de las más exitosas e
impresionantes operaciones realizadas por aquellos tiempos: la desarticulación
de una conspiración macabra contra Cuba, organizada desde República Dominicana,
con toda la anuencia y apoyo de su entonces mandatario Leónidas Trujillo.
El plan, en síntesis, consistía en una secuencia de
acciones, con ayuda logística externa y participación de elementos opuestos al
Gobierno revolucionario, en apoyo a una invasión procedente de ese cercano país.
El lugar escogido: Trinidad.
Al tanto, oportunamente, de la componenda, Fidel
encabezó el plan desarticulador. Acerca de ello nuestro órgano de prensa ha
escrito prácticamente año tras año.
Baste decir que la concepción de las operaciones, la
comunicación con artífices de la conjura y la preparación del escenario
(aeropuerto trinitario) fueron tan precisas que, hasta un tal Velazco Ordoñez,
enviado especial de Trujillo, viajó expresamente desde territorio dominicano
para chequear, in situ, el terreno.
Sus impresiones no pueden haber sido más alentadoras:
En los alrededores, se escuchaban gritos a favor de Trujillo y en contra de
Fidel, en voz de un supuesto grupo de ciudadanos descontentos (en realidad
miembros de una compañía rebelde, disfrazados de campesinos) mientras, para
hacer más creíble el panorama, las comunicaciones dejaban escuchar disparos y
explosiones de un supuesto combate.
Desde una estratégica posición Fidel observaba el
descargue de armas hacia dos camiones, los motores de la nave todo el tiempo en
funcionamiento, el despegue de retorno…
Tan concentrado estuvo, junto a distintos jefes, tanto
en el conteo e inventario de los pertrechos, como en los detalles tácticos del
día siguiente, que las 12:00 de la noche pasarían inadvertidas para él, aun
cuando abrían cortina a su 33 cumpleaños.
Luego de trasladarse a Cienfuegos, descansar y retornar temprano en la mañana a Trinidad, le aguardaría una interesante jornada. En Santo Domingo se engulleron mensajes enviados desde acá haciendo creer que Trinidad estaba en manos de la contrarrevolución y que se necesitaban refuerzos y expertos.
Esa noche aterrizaría otra nave trujillista con más
armamento y efectivos. Al final, durante la ocupación de la nave, ocurrió un
cruce de fuego entre ambas partes. El enemigo tuvo dos bajas. De inicio, dos
también nuestras fuerzas y un tercer fallecido, semanas después, además de
varios heridos.
El resto de la noche transcurriría para Fidel entre
interrogatorios con los prisioneros y la visita a los heridos en el hospital,
hasta que, a las 12:00, se comunicó con La Habana para ofrecer información de
lo sucedido.
Otro dirigente, en cualquier país del mundo,
posiblemente hubiese estado durante esas horas alzando copas por cumplir años;
Fidel, único, genialmente impredecible, prefirió celebrarlo del modo que tal
vez nunca imaginó: con la satisfacción que jamás podrían suplantarle los
mejores festejos del universo.
Apenas 24 horas después, ofrecería valiosa información
al pueblo, mediante la televisión, acerca de la fallida operación contra Cuba.
El 17 de agosto, el canciller Raúl Roa presentaría en
la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, contundentes
evidencias relacionadas con la conspiración trujillista.
A la luz del tiempo, disfruto verlo como una especie
de «obsequio» de Fidel al mundo, en ocasión de su entonces reciente 33
cumpleaños. A Washington, desde luego, como a Trujillo, no debe haberles
agradado en lo absoluto. Obviamente, deben haberse quedado con unas ganas
tremendas, pero imposibles, de brindar.
Por PASTOR
BATISTA/Granma


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