Gernot Döllner, el jefe de Audi incendia Alemania al hacer campaña con Trump con la promesa de una fábrica
BERLÍN (26 Octubre 2026).- El consejero delegado de Audi, Gernot Döllner, ha desatado una tormenta en Alemania después de subir a la tribuna de un mitin de Donald Trump para presentar una inversión de unos 4.000 millones de dólares en una nueva fábrica en Estados Unidos. Su aparición junto al presidente, al que agradeció su apoyo, ha provocado una cascada de críticas sindicales y políticas por ayudar a la campaña republicana mientras los trabajadores alemanes afrontan recortes de empleo.
El acto se celebró el sábado en Perry, Georgia, 10 días antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Trump anunció el proyecto y después llamó al escenario al directivo de la marca alemana. La inversión, que contempla unos 4.500 puestos de trabajo y una capacidad de producción de 200.000 vehículos al año, le permitió exhibir un triunfo industrial en plena campaña: la primera fábrica de Audi en Estados Unidos, presentada como una prueba de que su presión arancelaria atrae inversiones y empleo al país.
"Una vergüenza", denunció la portavoz de
Transportes del grupo parlamentario socialdemócrata, Isabel Cademartori, que
acusó a Döllner de prestar "ayuda electoral a un autócrata". La
diputada contrapuso los miles de millones comprometidos en Estados Unidos con
la incertidumbre de las plantillas alemanas y consideró especialmente grave el
gesto por la historia de Volkswagen, matriz de Audi, fundada durante el
nazismo. A su juicio, el grupo contribuye a la estrategia de Trump de trasladar
inversiones y empleo europeos al otro lado del Atlántico.
Las críticas también llegaron desde la CDU. Dennis
Radtke, presidente de su organización de trabajadores, calificó la
escenificación de "perturbadora y lamentable". Invertir en el
extranjero es una decisión empresarial normal, sostuvo, pero convertirla en un
acto de campaña a favor de Trump resulta inaceptable cuando la política del
presidente perjudica a la industria alemana. El dirigente exigió a Volkswagen
que extraiga consecuencias y aclare qué valor tienen sus normas éticas si sus
máximos responsables participan en una exhibición semejante.
La presidenta del comité de empresa del grupo, Daniela
Cavallo, lanzó uno de los reproches más duros. Después de un discurso que
describió como cargado de racismo, sexismo, xenofobia, transfobia y desprecio
por la democracia, uno de los principales representantes del consorcio subió al
escenario para participar activamente en la campaña, denunció. Quien hubiese
presenciado la escena debía "hundirse en el suelo de vergüenza",
afirmó en una entrevista interna dirigida a la plantilla y recogida por la agencia
alemana DPA.
Christiane Benner, presidenta del sindicato IG Metall
y vicepresidenta del consejo de supervisión de Volkswagen, calificó la
actuación de "políticamente inaceptable" e indigna de Audi y de sus
trabajadores. Su objeción alcanza también a las reglas de la compañía:
considera que Döllner vulneró el compromiso de neutralidad política que la
empresa exige antes de unas elecciones
Las directrices internas restringen los actos públicos con partidos o políticos que concurran a unas elecciones durante los tres meses anteriores a la votación. Döllner había firmado ese código de conducta, publicado en abril. Reuters cita, sin embargo, a una fuente conocedora del asunto según la cual la dirección de Audi autorizó previamente una excepción. El supuesto incumplimiento de las normas es, por tanto, otro de los frentes abiertos por su aparición en el mitin.
El malestar tiene un trasfondo laboral concreto. Audi
acordó en marzo de 2025 suprimir hasta 7.500 puestos en áreas no directamente
productivas en Alemania hasta 2029. La promesa de miles de nuevos empleos
estadounidenses llega mientras sus trabajadores asumen un ajuste para reducir
costes y recuperar competitividad. Aquel acuerdo también contemplaba
inversiones de 8.000 millones de euros en los centros alemanes y la ampliación
de las garantías frente a despidos forzosos hasta finales de 2033.
El ministro presidente de Baja Sajonia y miembro del
consejo de supervisión de Volkswagen, el socialdemócrata Olaf Lies, también
censuró el escenario elegido. "Un acto electoral no puede ser el lugar
adecuado para anunciar una inversión de esta magnitud", declaró. Döllner
se convirtió en parte de una escenificación política, señaló Lies, que reclamó
conocer todas las condiciones del proyecto y exigió la misma determinación para
asegurar el futuro de las fábricas alemanas.
Desde Baden-Württemberg, el ministro presidente, Cem
Özdemir, reclamó perspectivas para Neckarsulm, con más de 15.000 trabajadores y
sometida a la presión de los planes de ahorro. Quien invierte en Georgia debe
explicar también el futuro de ese centro, sostuvo. El dirigente verde pidió
además autocrítica: Alemania tiene que preguntarse por qué resulta más
atractivo invertir miles de millones en Estados Unidos que en su propio
territorio.
Döllner defendió su actuación en un mensaje a la
plantilla. Explicó que él y el responsable de Producción, Gerd Walker, habían
sido invitados a presentar los planes junto al presidente y que aceptaron
exclusivamente en interés de la compañía. Reconoció que el marco del anuncio
había sido interpretado como una señal política. Audi sostuvo, por su parte,
que la participación respondía a una oportunidad concreta para avanzar en una
inversión a largo plazo y no expresaba una posición partidista.
El presidente de Volkswagen, Oliver Blume, respaldó la
estrategia de crecimiento en Norteamérica. Una fábrica estadounidense
permitiría ofrecer vehículos producidos allí para ese mercado y beneficiaría al
conjunto del grupo, argumentó. Evitó, sin embargo, pronunciarse sobre la aparición
de Döllner en el mitin.
La polémica tampoco supone un rechazo sindical a
fabricar en Estados Unidos. Cavallo admite que la producción local puede tener
sentido empresarial, dado el tamaño del mercado y el coste de los aranceles.
Pero condiciona el respaldo de los trabajadores a conocer las consecuencias
para el resto de las plantas, especialmente las alemanas. La inversión necesita
todavía la aprobación del consejo de supervisión de Volkswagen. Trump ya ha
cobrado el rédito electoral de una fábrica que el grupo aún no ha autorizado.
Por CARMEN
VALERO/El Mundo


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