MADRID.- A Cristiano Ronaldo la trascendencia de los partidos
le importa un pimiento. El portugués vive ajeno a la resonancia, mayor o menor,
de las citas, y le pone el mismo empeño a una mañana fría, con la Liga lejos,
que a una noche como la del miércoles próximo ante el Barcelona. Tres goles
suyos finiquitaron al Getafe en una sesión que le costó abrir al Madrid. Lo
hizo con un polémico gol de Ramos a balón parado en el que los azulones
pidieron falta de Carvalho a Moyà. No la pitó el árbitro y el Madrid cogió
carrerilla para la gran cita de Copa del Rey, siempre a lomos de Cristiano, que
se retiró antes de tiempo y hubo de ponerse hielo en el tobillo tras un golpe.
Removió Mourinho el puzle pensando en el partido del
miércoles ante el Barça, de modo que se quedaron fuera Arbeloa (con molestias
al parecer), Alonso, Khedira y Benzema. Al Madrid, durante la primera parte, le
pasó factura especialmente el cambio radical en el doble pivote, donde Modric y
Essien no son lo mismo que Xabi Alonso y Khedira. Ni Essien le da la salida a
la pelota que le ofrece Xabi ni Modric trabaja y se descuelga como lo hace
Khedira, de modo que por ahí el Madrid no encontró los caminos por los que
transita habitualmente.
Perdió la referencia en la salida también por el
desplazamiento de Ramos al lateral, y así la cuestión quedó en manos de Özil.
El alemán, que anda bien estas semanas, condujo los mejores arrebatos de un
Madrid que sigue siendo mucho más feliz cuando tiene metros por delante.
Ocurrió en la primera parte que el Getafe trabajó con acierto las vigilancias
cuando tenía la pelota, y apenas en un par de ocasiones se vio sorprendido a la
contra. De hecho, la mejor opción del Madrid en el primer parcial fue un centro
de Coentrao que remató Modric arriba en un ataque estático de los de casa.
Khedira
y la nueva defensa
Antes de eso, una falta de Cristiano y un disparo
lejano de Di María, que se fue por muy poco después de rebotar en la pierna de
un defensa fueron lo único con lo que el Bernabéu pudo suplir el frío matinal.
El Getafe, remendado por las bajas, mostró su traje habitual: un trato correcto
de la pelota pero con poca mala leche a la hora de encarar los dominios de
Adán, seguro en los dos o tres balones que tuvo. El equipo de Luis García,
escrito está, cortó las vías de salida al contragolpe al Madrid y por ahí tuvo
el partido en la igualdad inicial, primer objetivo de todos los que visitan el
Bernabéu.
Movió el equipo Mourinho a la vuelta del refrigerio.
Entró Khedira por Albiol y recolocó a Essien en el lateral derecho y a Ramos
junto a Carvalho por el centro. Sin embargo, el partido lo cambió el primer
gol, de Ramos al rematar en el segundo palo un córner. Pidió desesperadamente
el Getafe falta de Carvalho a Moyá, hasta entonces dueño de un partido
modélico. Pidió también el Getafe una plantilla en el remate del sevillano,
pero no hizo caso a nada González González, y por ahí se abrió el cielo para el
Madrid. Su rival se fue del partido y entonces aparecieron las autopistas
cerradas hasta entonces.
En un abrir y cerrar de ojos, así es este Madrid,
llegaron dos centellazos de Cristiano asistido por Özil primero y por Di María
después, siempre a la carrera, vertiginoso, la mejor receta que maneja el
equipo de Mourinho pensando ya en el Barcelona, cita verdaderamente
trascendental de la semana. Antes de retirarse a descansar, Cristiano tuvo
tiempo de anudar su buena mañana al transformar un penalti de Lopo sobre
Modric, un pequeño empujón dudoso de merecer tal castigo.

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