EL TIEMPO NO .- El director de Migración debe aprovechar no solo este respiro, sino el ligero cambio de situación, o de percepción, para adelantar su agenda. Si es que realmente la tiene. La Iglesia no será problema, pues reconoce la competencia de las autoridades, y el padre Regino asumirá un perfil bajo a partir de ahora, pero más cuando entregue en marzo. Y se supone que su sustituto vendrá con otro chucho: Ejercerá su pastoral, pero sin ligarse tanto emocionalmente con los inmigrantes haitianos. José Ricardo Taveras tiene que hacer su trabajo, y ya no puede seguir justificando su pasividad con la tontería de que “es nuevo en el cargo”. Y debe saber, por demás, que el presidente es Danilo Medina, y no Leonel Fernández, y que hay zalamerías de antes que no tienen cabida ahora. La opinión pública pensó que por ser dirigente de la Fuerza Nacional Progresista iba a realizar una labor trascendente. La verdad que no. Todo ha sido buche y pluma nada más, y cuando no se excusa por el poco tiempo, se queja de falta de fondos…
LOS NEGOCITOS.- Hacer el trabajo no solo consiste en impedir que los haitianos entren sin papeles o devolver a los indocumentados, sino perseguir y desbaratar los pequeños negocios que se dan alrededor de este tráfico. A veces el haitiano es violento en sus reacciones porque se sabe burlado, o por las mafias o por los empleados medios, y si ellos pagan, y pagan de màs, justo que reciban el servicio. El can de las visas, por ejemplo. Los responsables son tan capitalistas que pudieron haberse adelantado a Adam Smith y la descripción de las leyes del sistema. Juegan con la oferta y la demanda como verdaderos genios, y constriñendo el mercado logran subir los precios del permiso. Sin importar que sea por la izquierda o por la derecha. Igual el tiempo de otorgamiento, o la anulación caprichosa, pues cuando el negocio se basa en la necesidad del ser humano, los resultados se dan redondos. Y se gana de cualquiera manera, ya que en estos casos la codicia no rompe el saco. Si se quiere que el haitiano venga de frente, que no se creen condiciones en los lados…
EL DESORDEN.- Se llevan años lamentando la falta de una ley de migración que llene su cometido, y después de un reglamento que haga fluida su aplicación. Ambas faltas, se creía, eran el verdadero problema. Lo cierto que no, pues en caso de que lo fuera, el panorama hubiera cambiado del cielo a la tierra. Ahí no es que está el detalle, sino en el desorden, y el desorden no lo crea la ley ni el reglamento. Es obra de los negocios, y de los negociantes. La misma razón por la que tampoco hay un tratado de libre comercio, a pesar de que Haití es el principal mercado de los productos dominicanos. ¿Para qué una ley, un reglamento o un acuerdo deben meter la mano, si todo funciona a la perfección de los interesados? Con dejar la hipocresía de lado se resuelve la mitad del problema, y la otra con disposiciones firmes, pero sobre todo claras. Tampoco el mito de la mano de obra. El dominicano cortaba arroz, y recogía café y cacao, y pegaba blocks, cuando cada uno de estos renglones eran claves de la Economía , sin necesidad del haitiano. El cuco de que sin ese trabajo esclavo, la producción nacional se va a pique, es un invento sin patente…
Por ORLANDO GIL
El autor es periodista
El autor es periodista

No hay comentarios.: