Una jueza de la Suprema Corte, Esther Agelán, acaba
de ordenar el archivo definitivo de una acusación viciosa contra el senador
Félix Bautista, hombre de confianza de Leonel Fernández. Exactamente lo que
había hecho en buena ley el anterior director del Departamento Contra la
Corrupción.
Pero no vaya nadie a pensar que con esta decisión
cesa la persecución contra Leonel y sus allegados.
Vendrán otras acusaciones maliciosas producto de la
mediocridad y el chiquitismo político de grupos frustrados de la llamada
sociedad civil apandillados con sectores de la comunicación social y
agrupamientos partidarios sin apoyo en la base social dominicana.
Después de Félix Bautista se pretenderá llevar al
paredón moral a otras figuras relevantes del leonelismo. Y se harán otras
acusaciones contra el propio expresidente Fernández, similar a la que le
formuló el doctor Guillermo Moreno, cabeza de una agrupación política sin
ninguna significación en el electorado.
Se busca la descalificación de Leonel porque esos
grupos saben que en la coyuntura actual sólo él, Leonel, representa la
continuidad del PLD en el poder y que no existe la menor posibilidad de
articular un proyecto alternativo capaz de alterar la actual correlación de
fuerzas.
Son los mismos grupos que se aliaron al candidato
derrotado en el pasado proceso y que después del 16 de agosto se afanan
incesantemente en provocar una fisura insalvable en el peledeísmo distanciando
al presidente Danilo Medina de su predecesor.
En eso están desde que en los inicios mismos de este
gobierno lograron penetrar la intimidad política de Danilo para culpar a
Fernández de la extenuación de las arcas públicas que obligaba una reforma
tributaria con consecuencias onerosas para los más pobres. Una mentira del
tamaño de la Catedral de San Patricio.
Lograron envolver en esa maraña de calumnias hasta
al bueno de Agripino, que desde la Presidencia del Consejo Económico y Social
--un órgano puramente consultivo y no deliberativo-- cayó en la trampa de
hacerle coro proponiendo una contrarreforma burda y tendenciosa.
El agua se aclara sola
La campaña contra Leonel y sus principales
colaboradores cumple mañana justamente seis meses. Se inició con los albores
del nuevo gobierno cuando comenzó a plantearse la necesidad de la reforma
tributaria.
Esos grupos crearon primero un barullo en Internet
mediante una cadena de interactivos que contaminó como plaga de langostas las
redes sociales.
El resto llegó como tsunami embravecido mientras el
leonelismo se desperezaba del cansancio de ocho años de gobierno, sin capacidad
de reacción política, y sorprendido por el levantamiento popular instigado
desde la sombra por esos grupos beligerantes que en un principio recibieron
financiamiento de empresarios con el caco huero opuestos a la reforma fiscal.
Parecía que el saliente Presidente caminaba
presuroso al patíbulo, sin dolientes, arrastrado por la ira popular que lo
conducía a la guillotina después de un juicio sumario.
Hasta el sector perredeísta derrotado en las
elecciones de mayo se sumó sin ningún pudor a la vocinglería callejera. Ese fue
su mayor error, porque ahí comenzaron a mostrar tus partes pudendas. La gente
no es tonta, aunque a veces lo aparente. El juego político quedó en evidencia
con unas declaraciones imprudentes de Hipólito Mejía mandando a los
perredeístas a la calle.
Con el paso de los días y de las semanas el
movimiento sedicioso se fue extinguiendo, y cuando entró el mes de diciembre ya
nadie hizo caso a sus rechiflas y acusaciones viciosas. Fue entonces cuando “la
lucha” entró en otra fase...
...Con los expedientes
La calle le dio la espalda a los grupos sediciosos.
Sus últimas convocatorias dieron pena más que vergüenza ajena. Entonces tenía
que venir la segunda parte: Los expedientes contra Leonel y su gente.
Nadie mejor en ese escenario que el doctor Guillermo
Moreno, que también venía de la calle con su minúsculo grupo Alianza País
después de su fracaso en las elecciones del 20 de mayo donde perdió hasta el
reconocimiento.
Moreno fue fiscal del Distrito Nacional en el primer
gobierno de Leonel, y su esposa, Aura Celeste Fernández, también fue
funcionaria de relieve. Antes había sido ayudante del fiscal en la gestión del
hijo de Balaguer, Alexis Joaquín Castillo, de quien llegó a ser hombre de
confianza.
Pero una vez que llegó a la Fiscalía, quiso procesar
a Balaguer por la muerte de Orlando Martínez. Y cuando se produjo el escándalo,
Leonel lo destituyó como fiscal. Dicen que nunca le cogió el teléfono a Alexis
Joaquín cuando lo llamó para intervenir por su padre. Ahora acusa a Leonel por
corrupción y lavado de activos a través de la Fundación Global, que dice es “el
cuerpo del delito”. Pero su hijo mayor es un exbecario de esa Fundación para cursar
maestría en Washington, donde Leonel lo nombró, además, funcionario de la
Embajada y actualmente está bajo las órdenes del embajador Aníbal de Castro.
Aunque es importante decir, en honor a la
objetividad, que el embajador De Castro lo considera un “excelente
funcionario”.
Nada de eso le resta méritos al doctor Moreno.
¡Pero... caramba...! ¿Verdad?.
Por CESAR MEDINA
El autor es periodista y productor televisión
El autor es periodista y productor televisión

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