En su discurso, en un acto de apoyo a su
precandidatura presidencial por el PLD, Temístocles Montás, Temo, dijo que “que
cuando los partidos apuestan a una sola figura (como candidato) terminan
desapareciendo con la figura... porque la lealtad no es al partido sino a la
figura” y que la alternancia es buena para la democracia. Dijo que eso lo
“demostraba la historia”, pero no dijo que ésta también ha registrado formas de
dictaduras basadas en la alternancia de candidatos y de presidentes.
Temo no registró ese dato, importante de por sí, en
su discurso y porque la “figura” que él alude: Leonel Fernández, anunció
recientemente la fábrica de presidentes peledeístas, que durará décadas en el
poder, sin descartarse como futuro producto de esa fábrica. Es claro que a eso
Temo le teme y un hombre de su talento no puede dejar de advertir que esa
pretensión es contraria uno de los principios básicos de la democracia
representativa: la existencia de un sistema de partidos competitivos que se
alternan en el poder.
Si Temo no lo advirtió, muchos sí ya hemos advertido
el peligro que representa para este país, la pretensión de poder de un solo
partido, ininterrumpido, incuestionado y por décadas. El ejemplo que tomamos es
el de México, allí se instauró la
“dictadura perfecta” esencialmente de partido único. La regla de oro del
sistema era que el partido de gobierno llevaba siempre un candidato nuevo en
las elecciones presidenciales, pero a pesar de esa alternancia de figuras, allí
se entronizó un régimen corrupto cuya consecuencia ha sido el casi colapso del
Estado.
La alternancia de figuras como candidatos y como
dirigentes de los partidos hace que estos sean más democráticos, pero no
necesariamente hace más democrático el sistema, que es lo más importante. La
historia no registra ningún sistema de partido único, de hecho o de ley, que no
se haya basado en el despotismo, en la no separación de los poderes y en la más
rampante corrupción de sus dirigentes y hasta de la sociedad misma. No ha
importado épocas o signos de los sistemas (socialistas o capitalistas), porque
en última instancia la alternancia de partidos en el poder determina el
carácter democrático de un sistema.
Con razón, Temo dice que “la alternabilidad renueva
esperanza y garantiza la movilidad interior de los partidos”, pero un largo
período de no alternancia de partidos en el poder produce la desesperanza,
inmovilismo, laxitud, la generalización de la corrupción en vastos sectores
sociales, la degeneración de jóvenes promesas del Derecho
que evacuan sentencias políticas, como los caso del TSE y la Fiscalía del
Distrito Nacional, entre otros.
Un sistema con esas lacras no se supera sólo con
cambios de figuras, no importa del partido que estas sean, sino con un proyecto
de sociedad que contemple la independencia de la Justicia, sin altas Cortes que
obedezcan a los dictados de una figura, sin contrapeso en todos los poderes del
Estado, sin compra de gente y de franquicias partidarias, que son los elementos
que caracterizan nuestro sistema político.
La posición que sobre ellas se tenga determinará la
seriedad o no de cualquier discurso o figura.
Por
CÉSAR PÉREZ
Tomado del HOY


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