Uno de los principales problemas que enfrenta el
país y la actual administración del Presidente Danilo Medina, es la resistencia
cultural a la planificación, que aún persiste en las instituciones dominicanas.
Los cabildos o ayuntamientos municipales son, a
nuestro juicio, las entidades estatales que mayor atraso acusan en el tema de
la planificación, la ejecución de los programas y actividades y la supervisión
de las mismas.
A esto se adiciona la débil transparencia en el
suministro de informaciones a entidades como el Ministerio de Hacienda, la
Contraloría General y la Cámara de Cuentas de la República, así como a sus
municipalidades.
Un factor que incide en todas estas deficiencias es
la llegada a la dirección de los cabildos y a sus concejos de regidores de un
gran número de ciudadanos sin la debida preparación gerencial, falta de
voluntad política, débil integridad personal, falta de conocimiento de la
realidad socioeconómica y cultural de sus comunidades y desconocimiento de las
posibles soluciones a sus problemas, para ocupar estos importantes cargos.
Todo esto ocurre pese a los grandes esfuerzos
oficiales que se han realizado para lograr que el país aprenda a programarse,
lo que ha culminado con la formulación y
aprobación de la Ley Estrategia Nacional de Desarrollo.
No han sido del todo fructíferos los esfuerzos del
Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Doctor Temístocles Montás,
para que la sociedad dominicana comprenda que no debemos dejar que las cosas
ocurran al azar, que debemos planificarnos para poder lograr conseguir lo que
deseamos.
Pero ni siquiera los partidos políticos han tomado
para sí, como parte de sus propuestas de campaña electoral, la Estrategia
Nacional de Desarrollo, la mejor herramienta con que cuenta la nación para
impulsar su progreso y equidad de manera integral y sostenida.
La gran mayoría de los cabildos del país no tienen
bien definidas la visión y misión de sus comunidades, pero mucho menos las
políticas públicas que deben impulsar a favor del mejoramiento progresivo de la
calidad de vida de sus ciudadanos. Tampoco saben que son y que poseen, cuáles son sus potencialidades y
cuáles son sus deficiencias, dónde desean llegar, cuales son las metas y deseos
de sus ciudadanos, en que tiempo podrían lograr sus metas, como avanzar
hacia los objetivos propuestos y así
cumplir a plenitud con sus funciones y las aspiraciones de sus comunidades.
Resulta que ante tal situación que detiene el avance
hacia el desarrollo de gran parte de nuestras municipalidades, urge que la Liga
Municipal Dominicana aúne esfuerzos con el Ministerio de Economía,
Planificación y Desarrollo, para impulsar un gran programa que promueva la
planificación de los gobiernos municipales, y acelere los pasos hacia el desarrollo, poniendo gran énfasis en
la eliminación de la pobreza extrema y la marginalidad, situación en que aún
vive un alto porcentaje de la población dominicana.
Tenemos mucha gente viviendo en pleno Siglo XXI en
lo que se llama una forma moderna de esclavitud, la pobreza, sector de la
población a los que tenemos que asegurar un mejor estado socioeconómico que le
garantice vivir con plena dignidad y bienestar. Pero esta meta sólo se logra
segura y en el menor tiempo posible, si hacemos que la planificación forme
parte del accionar cultural de nuestras municipalidades. Si esto ocurre pronto
lograremos tener la sociedad de oportunidades que todos deseamos, con Planificación,
eficiencia, eficacia y transparencia.
Crear la cultura de la planificación en nuestros
cabildos, es una tarea que debe ser prioritaria y para ahora mismo, por parte
de la Liga Municipal Dominicana, que la debe asumir como compromiso manera
fundamental.
Planificar el accionar de nuestros ayuntamientos es
la manera por excelencia de alcanzar el desarrollo humano en nuestras
comunidades.
Por
JOSÉ NAPOLEÓN DOMÍNGUEZ
El autor fue Secretario General del Ayuntamiento SC


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