BERLÍN.- Ya contábamos con que iba a difícil
mantenerla postrada en una cama, siguiendo la recomendación médica. Pero Angela
Merkel ha superado todos los pronósticos y ha estado a punto de ponerse a
bailar, a pesar de las muletas, durante la recepción de unos 100 'Sternsinger',
esta mañana en Berlín.
A pesar de la fractura parcial de su pelvis, como
consecuencia de un accidente deportivo, la canciller alemana no estaba
dispuesta a perderse esta cita solidaria, en la que niños procedentes de
diversas diócesis cumplen con la tradición de llamar a las puertas y cantar
villancicos para pedir un aguinaldo solidario.
En esta, su primera aparición pública después de la
caída, Merkel bromeó con los niños sobre sus disfraces de Reyes Magos y les
contó que ella nunca pudo ser partícipe de tan bella tradición porque creció en
la RDA, la Alemania comunista.
"Es muy simpática y ha cantado con nosotros
porque se sabía varias de las canciones", ha desvelado Lea, de 12 años,
después del encuentro con la canciller. "Llevaba muletas pero no le dolía
nada", añade Marco, otro de los Sternsinger a los que Merkel, en su
discurso, ha explicado que prefería estar en movimiento.
"Yo no puedo estar mucho tiempo parada, como
ustedes seguramente ya habrán leído", ha dicho, aludiendo a la gran
repercusión mediática que ha tenido su accidente a nivel global.
Merkel, de 59 años, se accidentó en el valle suizo
de Engadina antes de Nochebuena mientras practicaba esquí de fondo. Ha sufrido
una contusión severa asociada a una fractura incompleta del anillo pélvico
interior izquierdo y debería guardar máximo reposo durante al menos tres
semanas, pero "no se siente cómoda si pasa demasiado tiempo en la misma
posición", reconoce, así que hoy martes ha salido de casa para acudir a la
cita con los niños cantores y mañana asistirá al gabinete de ministros de los
miércoles.
"Perdone que no le de la mano", se
excusaba la canciller ante el sacerdote que acompañaba a los niños, indicando
con un gesto de cabeza que sus manos estaban ocupadas con las muletas.
"Acercaos, acercaos", daba instrucciones a los pequeños, abrumados por
la extraordinaria cobertura mediática del evento.
La canciller escuchó los primeros compases apoyando
el peso de su cuerpo sobre el pie derecho y dejando el izquierdo descansar en
un peldaño superior de la escalera en la que, junto a los niños y a modo de
gran coro, formaba parte de la escena.
Cuando una de las niñas le ha sostenido las
partituras, la canciller ha cantado con ganas y exhibiendo una amplia sonrisa,
aunque en su mirada se advertía un dolor al menos latente. Los chiquillos le
han deseado una pronta mejoría y Merkel, encantada, les ha invitado a volver el
año que viene.
Por
ROSALÍA SÁNCHEZ/Enviada especial El Mundo


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