SAN JUAN, Puerto Rico (17 Octubre 2014).- La vida de
los cubanos Yudniel Pérez, Leonel Batista, Ismael Romero, Enrique Ramos y Juan
Pablo Piñeiro cambió radicalmente el 19 de junio de 2012 cuando decidieron
desertar de la selección de Cuba durante el torneo Centrobasket que se celebró
en Puerto Rico.
A más de dos años de su difícil decisión de quedarse
en la Isla, los cinco cubanos confesaron su intención de desertar mucho antes
de pisar suelo boricua.
“Esto no es una decisión que tú tomas de la noche a
la mañana. Es algo que tienes que pensar y meditar. Estás dejando atrás a tu
familia. No sabes cuándo los vas a volver a ver y esto es difícil. Es
incómodo”, indicó Ramos, de 25 años.
De igual forma, Romero expresó que “el proceso de
desertar fue bien difícil. Fue una experiencia única, de miedo, de grandes
sueños, de barreras. Teníamos que intentarlo por nosotros, por la familia, por
tener un sustento. Llegué a Puerto Rico y vi tantas oportunidades. Me sentí
como en casa”.
Tras abandonar el hotel Verdanza en Isla Verde, los
canasteros se alojaron en una casa en Carolina donde pasaron un mes de “muchas
complicaciones”.
“Al principio fue mucha gente a vendernos sueños y
hacernos falsas promesas. Sí, falsas promesas porque no las cumplieron”,
aseguró el delantero fuerte Batista, quien jugó durante ocho años con la
selección de Cuba.
Igualmente, Romero añadió que “al principio muchas
personas se acercaron, pero al ver que éramos cubanos y sin papeles al día
siguiente se distanciaban y no sabíamos más de ellos”.
Según el representante de los jugadores, Leonardo
“Chamo” Infante, lo más que le sorprendió cuando llegó a la vivienda donde se
hospedaba el grupo, dos semanas después de su deserción, fue “ver a cinco tipos
flacos con la misma ropa de hace una semana durmiendo en el piso. En el lugar
sólo había una silla donde sentarse”.
Infante mencionó que el grupo apenas tenía comida y
no se atrevían a salir a la calle por miedo a que la Policía los arrestara.
Asimismo sostuvo que dejó de verlos por una semana y
cuando regresó los encontró en las mismas condiciones. Fue entonces que decidió
llevárselos al supermercado para hacerles su primera compra. Luego fueron a un
centro comercial donde les compró ropa.
“Yo me eché a cinco hijos encima. Hubo gente que en
el camino le fue regalando cosas como tenis y cajas con artículos de primera
necesidad”, confesó.
Infante explicó que llevó a los cinco canasteros a
entrenar a la YMCA, en Santurce. “Hacían dos prácticas diarias en la mañana y
pesas en la tarde. Al mes, los tres menores (Romero, Ramos y Piñeiro) estaban
becados en la Universidad del Turabo, Universidad del Este y en la Universidad
Metropolitana”, afirmó.
En el caso de Pérez y Batista, ya habían finalizado
estudios universitarios en Cuba, por lo que tuvieron que esperar por los
permisos de trabajo.
Durante este tiempo, el grupo fue tramitando su visa
y hoy día continúan con el proceso para lograr la residencia. Pérez y Batista
viajaron recientemente a Miami donde permanecerán unas semanas en lo que
completan el proceso para la residencia. Romero no descartó viajar también
próximamente para terminar el proceso.
Por su parte, Infante explicó que se han tardado en
adquirir la residencia porque no se orientaron bien al principio.
Pese a los tropiezos, los atletas cubanos nunca
dejaron de jugar.
El grupo participó como refuerzo en un partido de
exhibición del AND1 dirigidos por el base de los Timberwolves de Minnesota y la
selección de Puerto Rico, José Juan Barea.
Molestos con la liga
Los cubanos no han podido jugar profesional como
ellos anhelaban cuando se radicaron en Puerto Rico. Los cinco jugadores
manifestaron su descontento con la Federación de Baloncesto de Puerto Rico.
La Liga de Baloncesto Superior Nacional (BSN) tiene
una regla que establece que los extranjeros tienen que establecer residencia en
la Isla por tres años para poder jugar como nativo en el torneo.
“No vimos ese apoyo del baloncesto acá. Lo que
veíamos era una crítica constante. Nunca vimos esa ayuda a nivel de baloncesto.
Creí que era el país perfecto para quedarse porque tiene una liga perfecta,
pero no puedo jugar. Ahora mismo no puedo ir a una cancha, estoy frustrado por
no poder jugar. Es injusto esperar para jugar. El reglamento se pudo haber
ajustado a nosotros”, aseguró Romero, alero de 6’7” y 23 años.
De igual modo se manifestó Pérez, un escolta de 6’3”
y 30 años, “hice todo lo posible por jugar. Me molestó que la federación no me
dejara jugar; que tenía que esperar tres años para poder hacerlo”.
“Es injusto que no podemos jugar. Por tres meses no
podremos jugar en la liga”, señaló Piñeiro de 24 años.
Los cubanos no podrán participar como nativos hasta
el 2016. Se espera que la liga local comience en marzo del 2015, tres meses
antes de que se cumplan los tres años de su deserción.
Por estos inconvenientes, algunos de los canasteros
no descartan jugar en el extranjero.
“Yo lo que quiero es jugar. No me importa si es en
Puerto Rico o en el extranjero. Me siento en condición”, argumentó Batista, de
28 años y 6’11”.
Algunos de los extranjeros llegaron a entrenar con
los Vaqueros de Bayamón y los Mets de Guaynabo.
Actualmente, Ramos y Piñeiro pertenecen a los
equipos de sus respectivas universidades en la Liga Atlética Interuniversitaria
(LAI). Romero tomó una pausa en sus estudios mientras finaliza el proceso de
residencia.
Durante estos dos años, los canasteros han trabajado
para mantener a sus familiares. Los cinco mantienen contacto con sus seres
queridos en Cuba.
Pérez, Batista y Romero dejaron hijos en Cuba,
mientras que Piñeiro se convirtió en padre hace solo un año.
A pesar de que los cinco jugadores han tomado rumbos
distintos, todos trabajan por el mismo fin de volver a pisar una cancha y
demostrar lo que -según ellos- saben hacer muy bien, jugar baloncesto.


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