MADRID (1 Noviembre 2014).- La peor ira es la que
produce un error, no un titular, y es la que llevó a Joaquín Caparrós del
estallido a la resignación en un solo minuto. No es fácil que le suceda a este
optimista vocacional, un entrenador enorme, pero la impresión es que el cabreo
escenificado en la víspera le arrebató demasiada energía. A su Granada le
sucedió lo mismo. Nunca se pareció de verdad a Caparrós frente a un Madrid que
se asemeja cada vez más un gran vino, rotundo y rico en matices.
Esta transformación que es, en realidad, una
maduración, dimensiona la figura de Benzema sin ser tan dependiente del gol,
porque el Madrid propone mucho más. Rehabilita, asimismo, a Isco, un futbolista
concebido para jugar en el recibidor, no en la pradera. Butragueño lo hacía en
el pasillo de su casa del barrio de Salamanca, y fue alguien en un club cuya
historia tiene mucho que ver con la raza, entendida como carácter. Es
simplemente un ejemplo de que ninguna institución alcanza la cota histórica del
Madrid desde la exclusión de estilo o tendencia alguna, sino todo lo contrario.
Lo mismo sucede con una afición a la que jamás distinguió la fragmentación, la
alienación o los mosaicos, sino la transversalidad y la pluralidad, con o sin
pipas.
Llevada esa forma de entender la existencia al
campo, y con buena cartera, todo son ventajas. Siempre la tuvo Ancelotti, menos
italiano de lo que parece. El Madrid lo hace ahora con la mayor naturalidad,
porque simplemente está definido por las características de sus futbolistas.
Son verticales y son goleadores, por supuesto, pero cuando se utilizan primeras
calidades, puede hacerse lo que se quiera. En la cocina y en la decoración como
en el fútbol. James baila y pega como un peso medio, con un directo siempre
inesperado. Lo fue el segundo tanto del Madrid, después de recibir un balón con
el que muy pocos jugadores sabrían qué hacer. El colombiano lo reconvirtió en
un disparo soberbio merced a una izquierda de hierro y seda.
Ese tanto era ya una losa para el Granada, que no
había podido recuperarse mentalmente del gol poco después del primer minuto.
Carvajal apretó a Murillo hasta provocar su error. Benzema recogió su pase y,
de primeras, pasó a Cristiano, que mató al portero cruzado y raso. Los
jugadores locales pidieron falta sobre el defensa colombiano. Si hubo contacto,
fue leve, no suficiente. La acción fue una combinación excelente, muy similar a
la que minutos después volvieron a protagonizar James, Cristiano y el propio
Carvajal. No menos excelsa fue la del tercer tanto, coronada por Benzema y con
un taconazo de Cristiano incluido, aunque ello no signifique en absoluto el
recurso a un preciosismo innecesario. Todo lo contrario, lo mismo que en la
contra finalizada por James que cerró la goleada, siempre con la intermediación
de Benzema.
Lesión
de Carvajal
El lateral tuvo que dejar el campo antes del
descanso por una lesión, un contratiempo para Ancelotti, que ya maneja un once
claro, a la espera del regreso de Bale. Dijo que cuando vuelva el galés, será
titular, como si su puesto no dependiera únicamente de la competencia. Habrá
debate, ya que ahora el equipo está como para no mover de sitio ni al utillero.
En el Nuevo Los Cármenes, Ancelotti los puso a todos, ya que pudo dar descanso
a varios fijos en Cornellà, pero el físico de algunos jugadores da avisos. No
sólo Carvajal, sino Kroos o Pepe, con signos de necesitar dosificarse.
El Granada intentó recobrar la compostura después de
un primer tiempo en el que dejó a Casillas como en un lunes al sol. Subió el
umbral de agresividad y alcanzó el área, aunque Sergio Ramos evitó que el
portero se viera expuesto al gol, especialmente en una llegada de Rochina. El
día plácido permitió, no obstante, una buena parada más al capitán ante Javi
Márquez, un tiempo para un Arbeloa seguro y minutitos de diván a Illarramendi.
A este Madrid la superioridad le da para todo, para el juego, la victoria y la
clemencia.
Por
ORFEO SUÁREZ/El Mundo


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