Mohamed Alí vs. George Foreman: 40 años de la 'pelea del siglo'

BOGOTÁ, Colombia.- Todo comenzó cuando un ambicioso, pero hasta el momento desconocido, promotor llamado Don King buscaba la manera de hacerse un nombre en el mundo del boxeo. King, un gigante de casi dos metros, con el cabello levantado como si se hubiese electrocutado y una memoria fotográfica que utiliza para recitar a Shakespeare, organizó hace 40 años una de las peleas más importantes de la historia del boxeo: George Foreman, campeón del mundo, contra Mohamed Alí, la cual sería conocida como ‘The Rumble in the Jungle’.
Esta fue la primera velada importante de King como promotor. Con su verbosidad, consiguió que Alí y Foreman firmaran contratos separados en virtud de loa cuales les pagaría 5 millones de dólares a cada uno y 1 millón garantizado si la pelea no se realizaba. Obviamente, King no tenía esa cantidad de dinero, así que comenzó a buscar inversionistas y encontró a uno en la figura de un sangriento dictador, el presidente de Zaire Mobutu Sésé Seko.

Ali en una rueda de prensa. Foto: AFP
Mobutu había asumido el poder en 1965, en lo que entonces se llamaba el Congo Belga, por medio de un golpe de Estado. En 1970 fue oficialmente elegido presidente y comenzó su campaña proafricana y antieuropea. En 1971, el país pasó a llamarse Zaire. Mobutu exigió que la pelea debería realizarse en la capital, Kinshasa, buscando promocionar a su nación con un evento como este.
Así que King armó un consorcio cuyos integrantes actuarían como copromotores oficiales del evento para organizar la pelea por el título mundial de los pesos pesados entre dos boxeadores afroamericanos en la cuna de la civilización, el continente negro, África.
Foreman era el favorito por unanimidad, el campeón había literalmente destruido a los dos únicos hombres que habían vencido a Alí: Joe Frazier y Ken Norton. A Frazier lo tumbó en seis ocasiones, en 2 rounds, antes de que la pelea fuese suspendida, en Kingston (Jamaica), y después, en el Poliedro de Caracas, a Norton, en el segundo.

Mohamed Ali fue siempre un campeón mediático. Soltaba frases polémicas y le gustaba mostrarse como un tipo vanidoso. Foto: AFP
Tanto Alí como Foreman llegaron meses antes para entrenar y aclimatarse a la humedad de África. La pelea, que originalmente estuvo programada para el 25 de septiembre, tuvo que aplazarse para el 30 de octubre porque uno de los sparrings de Foreman lo cortó cerca del ojo derecho durante un entrenamiento.
Esto se aprovechó para realizar un festival de música que King y sus socios habían organizado, que incluyó presentaciones de grupos musicales y cantantes de la talla de James Brown, Celia Cruz y la Fania All-Stars, B. B. King, Miriam Makeba, The Spinners, Bill Withers, The Crusaders y Manu Dibango, junto con grupos y bailes folclóricos de Zaire.
La pelea fue programada para las 4 de la mañana, tiempo local, con el fin de que se pudiera ver en los Estados Unidos a las 10 de la noche, y realizada en el estadio 20 de Mayo, de Kinshasa, en donde 100.000 aficionados llenaron cada rincón.
Esa madrugada, el primero en salir como manda el protocolo en una pelea de título mundial fue el retador, Mohamed Alí, y al instante la multitud comenzó acompañarlo con gritos: “Alí buma ye, Alí buma ye... buma ye”, que significaba “Alí, mátalo”, en dialecto local.

Foreman en el pesaje. Foto: AFP
La verdad es que Alí tenía un increíble carisma, se lo consideraba uno de los líderes en el movimiento por los derechos civiles en su país y su postura antigubernamental en contra de la guerra de Vietnam, que, por cierto, le había costado su corona de los pesos pesados por rehusarse a prestar el servicio militar, le traía la admiración del público.
En cambio, Foreman no era carismático, más bien tímido y de pocas palabras, y cometió un error imperdonable al bajarse del avión con su perro Dago, un hermoso y espléndido pastor alemán que de inmediato ofendió a los locales. Es que durante los años de colonialismo la policía belga utilizaba los pastores alemanes como perros de ataque en las manifestaciones.
Para esta pelea, Alí (44-2 y 31 nocauts) había anunciado a los cuatro vientos que realizaría el milagro más grande de la civilización desde la Resurrección de Jesucristo: que igualaría a Floyd Patterson como el único peso pesado en la historia en reconquistar su título mundial. La verdad es que nadie, ni los periodistas especializados, ni en su séquito personal, pensaba que tenía algún chance contra el campeón; es más, tenían miedo de que Foreman (40-0 y 37 nocauts) pudiese hacerle daño.
Pero ninguno de los presentes, ni los millones en todo el mundo que vieron el combate por televisión, se imaginaba lo que estaba por ocurrir en ese primer asalto. La imagen mental que todos teníamos era la de ver a Mohamed Alí bailando en el ring; después de todo, eso era lo que había anunciado a los cuatro vientos, que saldría a bailar (estilo de boxeo moviéndose en la punta de los pies). Nadie, excepto el mismo Alí, tenía la más mínima sospecha de que cuando sonara la campana para iniciar la pelea Alí daría un par de pasos hacia el centro del cuadrilátero y después retrocedería contra las cuerdas a esperar a Foreman.
De inmediato, desde su esquina, Ángelo Dunde le grito que dejara de hacer lo que estaba haciendo y comenzara a bailar. Lejos de obedecer, Alí se tiró más atrás, con los pies plantados y los brazos cubriéndole los costados y la cabeza, reclinado hacia atrás como un hombre asomado por la ventana tratando de ver qué estaba pasando en el techo de su casa.
Mientras, Foreman soltaba la furia de sus golpes, que sonaban como cañonazos. Eran golpes que sacaba desde su cadera hacia arriba, a la cabeza de Alí, era un estilo callejero y de golpes telegrafiados, pero brutales. Alí los bloqueaba con codos y brazos, pero parecía inevitable que alguno entraría en la humanidad del retador y acabaría con él.
Poco antes de que sonara la campana para terminar el primer asalto, Alí súbitamente salió de las cuerdas y aprovechó que los brazos de Foreman estaban abajo para castigarlo rápidamente con una serie de golpes en el rostro, en especial varios jabs de derecha, que confundieron al campeón.
Cuando terminó el round, Alí regresó a su esquina y su gente preguntaba ¿qué haces? y le decía “sal de las cuerdas. Tienes que bailar”. Pero Mohamed Alí ya tenía un plan, que solo él había fraguado y sería conocido como rope a dope.
El segundo, tercero y cuarto asaltos fueron copias exactas del primero: recibir un castigo brutal de un hombre que en cualquier momento lo alcanzaba con un golpe que podría matarlo, para luego contratacarlo.
En el quinto, Alí comenzó a hablarle a Foreman; no es fácil hablar con un protector bucal dentro de la boca, pero Alí comenzó a hablarle, y le decía: “George, ¿eso es todo lo que tienes?”; “me habían dicho que pegabas duro, pero me has desilusionado” o “George, pegas como una niña”, mientras un enfurecido Foreman lanzaba más y más golpes.
En una pelea de boxeo cansa mucho tirar golpes, y a Foreman se le notaba cada vez más el cansancio. En un momento, Alí le rugió al oído algo que tuvo que molestarlo mucho: “Devuélveme mi corona, George, siempre ha sido mía”.
Para el octavo ya no quedaba nada en el tanque del campeón y Alí aprovechó para conectarlo con una serie de combinaciones que alcanzaron a Foreman en la cabeza. Alí, todavía armado con la mano derecha, lo dejó pasar para no dañar el momento con ese último golpe, que era innecesario, y Foreman se fue de espalda contra la lona, ya no se pudo parar. Alí había realizado lo imposible, vencer al invencible y recuperar su corona de los pesos pesados.
Después de esa pelea, Foreman y Alí se convirtieron en amigos, y en 1996, cuando salieron a recibir el Óscar por mejor documental (When We Were Kings), sobre la pelea en Zaire, Foreman le ayudó a subir las escaleras debido a la enfermedad de Parkinson que Alí padece.


Por CARLOS RUMIE DEL CASTILLO/El Tiempo

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