Ojalá que la esperanza que nos ofrece la fe en Jesucristo sea la brújula que oriente la vida de todas las familias, especialmente en medio de las tormentas que hoy las amenazan.
Vivimos tiempos donde la violencia, la división y la
incertidumbre intentan instalarse en los hogares como si fueran dueños del
destino. Pero la esperanza cristiana no es ingenua ni mucho menos débil. Es una
certeza que nace de la cruz y la resurrección.
Cuando una familia se aferra a Cristo, aprende a
levantarse, a perdonar, a empezar de nuevo. Que ninguna sucumba ante el mal que
siembra desesperanza, sino que siga apostando por la vida, el respeto y la
unidad.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
Por RAMÓN
BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
El autor es arzobispo emérito de la Arquidiócesis de
Santiago


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