En los pasillos de la política y el liderazgo, existe un personaje tan antiguo como el poder mismo: el cortesano profesional.Ese entorno que, en lugar de aconsejar, funciona como una barrera de aplausos que aísla al líder de la realidad.
El mayor peligro para un líder no es la oposición, sino el "Círculo de Adulación", que actúa como un falso espejo donde se castiga la verdad y quien señala un error es visto como "desleal".
A este peligro se suma una práctica letal: el intento de comprar los aplausos para opacar el ruido de las críticas.
Cuando el poder político utiliza recursos para fabricar una aprobación artificial, no está solucionando los problemas, solo está comprando una anestesia temporal.
Intentar tapar la realidad con propaganda solo logra que el líder camine a ciegas; mientras el descontento real sigue creciendo bajo la superficie, el líder cree que su popularidad es total y sus decisiones infalibles.
Nadie del equipo le lleva la contraria. Las reuniones son para validar lo que el líder ya piensa.
Las quejas del pueblo o de las bases son ocultadas, suavizadas o tildadas de "ataques enemigos".
Si el líder cambia de opinión, todo su entorno cambia de postura al instante, sin debate alguno.
Cada acción es presentada como "histórica" o "genial", elevando las cualidades hasta el ridículo.
Las voces disidentes son marginadas, señaladas o expulsadas del círculo cercano.
“Un verdadero líder no necesita quien le sostenga el ego, necesita quien le sostenga la verdad”.
Históricamente, los gobiernos y proyectos caen no por falta de recursos, sino por falta de autocrítica.
"El que te adula hoy para subir, será el primero en empujarte mañana para no caer contigo."
Con Dios siempre, a sus pies.
Por LEONARDO CABRERA DIAZ


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