Hemos iniciado la novena en honor de Nuestra Señora de la Altagracia, madre y protectora insigne del pueblo dominicano.
Es un tiempo para acercarnos a ella con confianza
filial y poner en sus manos no solo nuestras dificultades personales, sino también
los problemas que afectan a todo nuestro pueblo.
Ante su mirada maternal llevemos la inseguridad, la
pobreza, la violencia, la falta de oportunidades y el cansancio de tantos
corazones heridos. María conoce el dolor de sus hijos y no es indiferente a su
clamor.
Con fe, presentemos a través de ella nuestras súplicas
a su Hijo Jesucristo, Señor nuestro, de quien esperamos la intervención que
renueve la vida, restaure la esperanza y nos impulse a construir una mejor
nación.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.
Por RAMÓN
BENITO DE LA ROSA Y CARPIO
Arzobispo emérito de arquidiócesis de Santiago


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