Dios es alegría, no chercha

Vivimos una época donde la integridad se desmorona con la persistencia implacable del salitre. 

Así como este mineral pulveriza las paredes más sólidas, el deterioro ético penetra nuestra sociedad, debilitando los cimientos de la convivencia humana.

​Lo más alarmante es nuestra anestesia colectiva. 

La corrupción, la violencia y la delincuencia provocan una indignación efímera que desaparece al cambiar de noticia. A veces, de forma inducida.

Ya no buscamos rectificar; simplemente convivimos con el deterioro, aceptando el comportamiento errático como parte del paisaje.

​En este escenario, la transformación real brilla por su ausencia. 

En este vacío, han surgido pseudo profetas que convierten el mensaje espiritual en un espectáculo de superficialidad. 

Olvidan que, aunque Dios es alegría, su esencia es amor y entrega, nunca "chercha" ni desorden ético.

​El "salitre social" no se detiene solo. Es imperativo que el asombro ante el mal no sea pasajero, sino el motor de un cuestionamiento serio sobre  la coherencia de nuestra fe ante la sociedad.

​Dios es amor, entrega y alegría; no chercha.

​Con Dios siempre, a sus pies.


Por LEONARDO CABRERA DIAZ 

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